Reflexiones sobre la vida de estudiante

Puedo decir que por fin estoy viviendo como una verdadera estudiante. Porque vivir en casa con mamá como que le quita un poco de encanto al asunto ¿no? (mamá y papá si leéis esto que sepáis que os quiero, je). Antes de venirme, me moría de ganas de irme, de ser independiente (aunque económicamente aun no pueda), etc. Pero también tenía un poco de miedo… Nunca antes había vivido sola. No, lo de Estados Unidos no cuenta porque estaba en una familia ( ❤ ). Pero después de más de un mes viviendo aquí debo decir que esto es lo mejor que podía haber hecho. Además estoy muy contenta por haber elegido casa y no residencia. Esto es justo lo que necesitaba.

Realmente no cambian tanto las cosas. O sea hay un sentimiento de supervivencia que no tienes con tus padres. Por ejemplo, hay que comer. Porque si no comes, en algún momento morirías. Y no creía que fuese posible pero hay veces que se te olvida comer. O tienes otras prioridades, como dormir, por ejemplo. Si tengo clase a las 9 en el City Campus, me levanto a las 8:15, el tiempo justo para quejarme de tener que levantarme y del frío, vestirme y salir de casa con una manzana en la boca. Pero es cierto que como no todos los días salgo y entro a la misma hora, hay veces que a la 1 estoy en casa, y otras que no llego hasta las 5, y otras que estoy fuera todo el día hasta las 10 de la noche. Así que cada día como y ceno a una hora distinta.

Luego está el tema de la pereza que da cocinar. He descubierto que la pereza en sí no es a cocinar, si no a limpiar luego. Venga, podéis juzgarme. Pero no tener lavavajillas es una cosa que echo bastante de menos. Aparte de que se gasta mucha más agua. Y solo pensar que después hay que fregarlo todo se me quitan las ganas de cocinar nada. Por eso es muy fácil caer en la tentación de los take aways, de la comida precocidad, y demás guarrerías. Seguramente ahora mismo estéis pensando que voy a volver a España como un tonelete, y es un riesgo, pero lo estoy haciendo lo mejor que puedo. Y oye, que voy al gimnasio y tal. Y tal.

Tener que tratar con la casera también pensaba que iba a ser una pesadilla, pero en general nos pone todo bastante fácil. Hasta el momento no hemos tenido ningún problema, salvo el hecho de que cambiar las bombillas fundidas sea nuestra responsabilidad (del pasillo ya van dos) o que tampoco nos quiera dar una fregona (ya ves tú, nos da dos escobas y un recogedor, pero no una fregona). Y bueno que mi “armario” sea un burro como los de las tiendas tapado por una lona de plástico. Os juro que es buena gente. Y no parece una bruja ni nada.

Convivir con otras tres chicas está siendo muy divertido. La verdad es que he tenido mucha suerte con mis compañeras, porque algunos amigos de aquí apenas se llevan con los suyos o no se llevan bien. Las tres son adorables, y son muy fáciles de convivir. Ya habían vivido antes dos años juntas, así que se conocen bastante bien y saben como funciona cada una, lo que para mi ha sido un alivio, porque me ha facilitado todo muchísimo.

Limpiar la casa también da pereza. Pero antes de que os precipitéis; no, no vivimos en una pocilga. Es cierto que a veces se nos olvida sacar la basura (¡porque solo pasa una vez cada DOS semanas!), pero limpiamos todas las habitaciones (de vez en cuaaaaaando……….), incluidos el baño y la cocina. Eso incluye hacer la colada, pero es sobretodo porque la ropa tarta tanto en secarse… Hacer la compra es otra cosa que no importaría nada no tener que hacerla, sobretodo cuando todos los supermercados te pillan a 10-15 minutos andando cuesta abajo (lo que significa volver con las bolsas cuesta arriba). De repente llega un día y te das cuenta en que solo te queda sal, galletas y una lata de baked beans, y siendo realistas, con eso no sobreviviría durante mucho tiempo.

Por todo lo demás, me gusta muchísimo. Me encanta llegar a casa y encontrarme a Lucy, Paula o Crystal en la cocina o en el salón, me gusta cuando alguna está cocinando, subir a mi cuarto y tumbarme en mi maravillosa cama DOBLE, me gusta mi pequeña pero acogedora habitación, no me importa no tener armario. Así como última reflexión creo que la experiencia Erasmus es realmente la mejor manera para vivir como un estudiante, en todos los sentidos.

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