Lincoln y Newark Christmas Market

Ayer tuve una mañana de lo más estresante. Normalmente, los viernes por la mañana tengo un seminario a las 10, pero esta semana tuve que reservar una tutoría con la profesora de una de las asignaturas, y la única hora que podía y que había para no perderme el seminario era a las 9:20. Así que corriendo me fui hasta Clifton (esta semana he ido cuatro veces *llora*), hablé con la profesora, y veinte minutos más tarde corría a coger el autobús. Llegué quince minutos tarde pero llegué.

Al salir de clase, mi plan era ir al Last Day of Term, una fiesta que dura todo el día y todas las bebidas son mucho más baratas y te puedes hacer fotos con Papá Noel, en la Students Union, pero no me dio tiempo. El tren a Newark salía a las 13:16, y apenas tenía hora y media para prepararme. Así que con el tiempo pegado me vestí y me despedí de Lucy, que se iba al día siguiente y no sabía si la iba a volver a ver. Me dio un pinchacito de pena el saber que no voy voy a ver a mis compañeras de piso en un mes. Un mes es mucho tiempo… Aunque comparado con como va a ser cuando me vaya… Bueno, no quiero hablar de cosas tristes ahora.

Llegué a Newark poco más de media hora más tarde, y Alix me estaba esperando en la estación. Dimos una vuelta por el pueblo y su mercado de Navidad. Era muy pequeño, y parecía más el mercadillo de Colunga que un mercado de Navidad, pero aun así me pareció que era muy mono y hacía que Newark tuviese más encanto.

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The Butter Market (y Alix de espaldas)

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Newark Christmas Market

Después de deambular un poco por los puestos decidimos ir a comer algo, y encontramos un par de sitios muy apetecibles. Uno de ellos era un restaurante que la parte de delante era una librería (entramos para echar un vistazo, pero no era como me esperaba y además bastante caro), así que nos decidimos por un pub de té muy pequeño, que estaba en un callejón un poco escondido, y nos pareció de lo más adorable. Además, no pude evitar entrar al ver que uno de los platos que tenían como entrante eran champiñones marinados con naranja y no se qué otras cosas más con QUESO DE LA PERAL. ¡¡Tenían queso de La Peral!! Obviamente tenía que probarlo. Y madre mía estaba TAN bueno, y sabía TANTO a Asturias, y a casa… Me emocioné un poco bastante.

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El pub en el que comimos

Después de comer, fuimos a casa de una amiga de Alix, Jenny, para recogerla y luego a casa de otra amiga, Sian, para ir juntas al mercado de Navidad de Lincoln. Pero había muchísimo tráfico porque al parecer en Newark justo ese fin de semana había una feria de antigüedades que es la mayor de toda Inglaterra, y todo el mundo quería ir. Y los que no querían ir, estaban intentando llegar a Lincoln como nosotras. Porque el mercado de Lincoln son solo cuatro días, no como el de Nottingham que lo tienen durante dos meses. Así que tardamos dos horas en llegar cuando normalmente no se tarda ni media hora.

Conseguimos aparcar no ni como, eso sí aparcamos en la zona baja, lo que significaba que teníamos que subir la cuesta hasta el Lincoln Castle, que ahí es donde se hace. Para que os hagáis una idea de lo empinada que era, a esa cuesta la llaman Steep Hill. Steep en inglés significa empinado. Colina Empinada se llama. Y sí, lo era. Y mucho. Y subir con tanta gente a la vez lo hacía mucho más complicado, porque la gente llevaba carritos y tal y se paraban y era como “¡MOVEEEOOOOS!” ¿No se dan cuenta de que si paran en mitad de una cuesta luego cuesta mucho más seguir subiendo? Y bueno, estábamos a -1º, lo que tampoco ayudaba mucho. Pero llegamos al castillo, y estaba precioso.

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Calle de Lincoln que lleva al castillo

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Dentro del castillo había muchísimos puestos, muchos más que en el de Nottingham. Había de todo. Pero lo primero que hicimos fue ir a tomar algo caliente para combatir las temperaturas siberianas. Jenny y Sian fueron a por un mulle wine, y Alix y yo nos decantamos por un chocolate caliente con Bailey’s. La mejor decisión que pude haber tomado. Sienta taaan bien. Fuimos andando por todos los puestos, probando todas las muestras de comida y poniéndonos todos los gorros, jerséis navideños y guantes de borreguito que tenían. Había incluso un puesto de comida mediterránea y un montón de tipos de aceitunas. Yo no soy muy de aceitunas, pero los colores eran increíbles.

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Adornos navideños

Me hubiese gustado comprar algo, pero todo era carísimo. Por ejemplo, esos adornos no bajaban de las 6 libras (!!), y como estoy viviendo en modo estudiante, no me puedo permitir eso. Bueno, compré uno, un pajarito muy mono que pondré en el árbol cuando llegue a Madrid (EN NUEVE DÍAS).

Es fascinante lo mucho que viven aquí la Navidad, y cómo de pronto llega el espíritu navideño. Todo el mundo se vuelca muchísimo. Les conté a Alix, Jenny y Sian que en España normalmente Papá Noel no viene, si no que somos más de los Reyes Magos, y se quedaron totalmente confusas “¿cómo? ¿que no dais regalos en Navidad? ¿y qué hacéis?”, y así. Cada uno la celebra como quiere, y en algunas casas vendrá Papá Noel, y en algunas no. En la mía siempre hemos sido de los Reyes Magos, y siempre me ha parecido bien. Así es como que las navidades no se acaban hasta el 6 de Enero <3.

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Tardamos unas dos horas en verlo todo. Íbamos entrando en todos los sitios cubiertos que había para calentarnos temporalmente. Y así probamos un whisky de mora, y yo probé el  postre inglés  típico de Navidad; el Christmas Pudding. Además de montones de queso, currys, galletas, empanadas, y mucho más. Solo con las muestras acabé bastante llena, pero aun faltaba lo mejor. Alix estuvo TODO el rato diciéndome que tenía que probar un hog roast, que me iba a encantar, que era lo mejor, etc, etc. Pero no lo encontrábamos por ninguna parte y Alix estaba empezando a perder la esperanza, hasta que TACHÁAAN. El último puesto de todos era el del famoso y esperado hog roast. Era un bocadillo enorme de cochinillo asado con salsa de manzana y relleno de cebolla. Morder el cielo no tiene que ser muy diferente. Calentito, y el cochinillo tan tierno y sabroso. Se me cae la baba solo de recordarlo.

En la foto no parece demasiado grande, pero era una barra entera de pan, y aunque parezca un poco amarillo es por las farolas de la calle. Nadie debería irse de Inglaterra sin haber probado un hog roast.

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Hog Roast

Con el estómago lleno, salimos del castillo y fuimos a un pub a tomarnos una jarra de mulled cider (lo mismo que el mulled wine, pero con sidra. Pero no con la sidra que conocemos en España, no, si no una más dulce y que no se escancia). Volvimos al coche y dejamos en sus respectivas casas a Sian y Jenny, y yo me quedé en casa de Alix porque ya había perdido el último tren a Nottingham desde Lincoln o Newark.

Por la mañana, nos levantamos y para hacer algo de tiempo hasta la hora de coger el tren, fuimos a dar un paseo a Stapleford Woods, que es un bosque cerca de Newark. Hacía muchísimo frío, y estaba todo helado. No había nadie más e impresionaba bastante. Me hubiese gustado tener algo más de tiempo para verlo en condiciones, pero bueno, tengo intención de volver.

A eso de las tres cogí el tren de vuelta a Nottingham. Y me preparé para la cena de Navidad de buceo que era esa tarde en un restaurante indio.

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Stapleford Woods

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Lo dejo aquí porque tengo que hacer la maleta y Miguel y Adri van a llegar en cualquier momento a casa. Porque mañana lunes a las 5 de la mañana sale el autobús a nuestro siguiente viaje, que si no sabéis a dónde es lo sabréis muy pronto.

¡Muchos besos desde la fría Inglaterra!

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