Agridulce (volviendo a casa)

Es demasiado tarde y no debería estar poniéndome ahora a escribir, pero quería dejar esto escrito antes de irme mañana. Pero por supuesto, todo lo hago en el último momento, y esto no va a ser menos.

Volví a Madrid el jueves pasado. Y una vez más me volvió a invadir el mismo sentimiento de tristicidad (tristeza+felicidad…). Después de haber pasado una de las semanas más estresantes de mi corta vida volvía a casa, y no sabía si eso me hacía feliz o no. Ha sido una de esas semanas en las que parece que alguna fuerza mayor del universo se ha propuesto hacerte la vida un poco más difícil. Seguramente mi horóscopo decía que Júpiter se había aliado con Neptuno y eso obviamente, era fatal. Fatal para mi, claro.

Total, que se me juntó un poco todo; el hecho de que me iba para siempre de Nottingham, que seguramente no iba a volver a ver mis compañeras de piso, que me diese tiempo a hacer las maletas, enviar las cajas (y el dinero que cuesta), los papeles del Erasmus, que la biblioteca (que está abierta 24/7) cerrase justo cuando la necesitase, la huelga de maleteros de Ryanair, y un largo etcétera. Además, echaba de menos mi casa, y a mis amigos y mi familia, sí. Siempre que me voy a algún lado me suele pasar en algún momento, más tarde o más temprano siento que me faltan mucho. Así que tenía un batiburrillo de sentimientos que ni yo entendía.

Justo el día de antes fue el Grad Ball, o el baile de graduación (y no se como me las apañé para poder ir sin que me diese ningún ataque de nervios), que en realidad puede ir toda la universidad aunque no te gradúes, y Elena, Adri y yo decidimos ir para despedirnos de mi (?). Fue en el Capital FM Arena, o sea, donde se hacen los conciertos y los partidos de hockey sobre hielo. Había un casino, una fuente de chocolate, un Photo Booth, y muchísimas cosas más, aparte de tres artistas que vinieron a tocar.

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Paula, Jasmine, Luke, Ellie, Crystal, Lucy y yo

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Adri, Elena y yo

El jueves me desperté temprano para que me diese tiempo a hacer las últimas cosas. Apurando al máximo. Estuve trajinando hasta la hora de irme. Para ser sincera, me costó mucho más despedirme de mis compañeras de piso de lo que pensaba. Las cuatro nos fundimos en abrazos, ellas con una resaca de narices y Lucy con una voz que nada podía envidiarle a ningún camionero.

Estar un año viviendo en Nottingham me ha enseñado muchas cosas; que no hace tan malo como dicen, que se puede vivir con menos horas de luz, y que se puede salir en enero sin abrigo y no morir en el intento. Pero bromas aparte, y me pongo melodramática, me he conocido un poco más, y he conocido a gente impresionante que no se que habría hecho sin ellos. Se acaba esta experiencia y estoy muy agradecida de haberla podido vivir, de haber descubierto una pequeña ciudad que ahora significa tanto para mi.

Me fui contenta y a la vez triste, se que lo echaré todo mucho de menos, pero como bien dijo Dorothy en El Mago de Oz; se está mejor en casa que en ningún sitio.

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