¡(MINI) viaje a Noruega!

¡Wohoo! Este fin de semana pasado estuve visitando a uno de mis amores del colegio y de toda la vida que está de Erasmus en Bergen, Noruega. Se fue en agosto y desde entonces sabía que quería ir a verla de una forma u otra. Por motivos económicos fui más tarde de lo planeado, pero pude ir. Así fueron los tres días y medio que pasé en Noruega:

Empezar diciendo que obviamente en tan poco tiempo no se puede ver casi nada pero este era un viaje para ver a Pilar. Además, justo en los sitios a los que fui ya habíamos estado las dos y Sara cuando hicimos el interraíl en 2012 (2012, ¡dios mío han pasado casi 5 años!).

Día 1: Oslo

El jueves a las 11 de la mañana llegaba al Oslo Lufthavn. Se tarda unas 3 horas y pico creo, pero yo dormí prácticamente todo el camino. Volar a Noruega no es barato, pero Norwegian lo hace bastante fácil. Me ha parecido la mejor empresa low cost que he probado hasta ahora y además, tienen WiFi en los aviones y asientos reclinables. El aeropuerto de Oslo está unos 50km de la ciudad. La mejor manera de llegar desde el aeropuerto al centro (Oslo S) es en el tren NSB, es como el cercanías. Se tarda unos 20 minutos y cuesta 90 NOK (11€). Luego está el Flytoget, un tren de alta velocidad que tarda un poco menos pero vale 180 NOK (20€), y por último el Flybussen, un autobús que creo que cuesta al rededor de 12€ y tarda algo más que el NSB.

Quedé con Pilar en la estación central de Oslo. Ella había llegado el día anterior con un par de amigos que también tenían visita a Oslo justo ese finde. Hubo un ligero problema de comunicación y tardamos un rato en encontrarnos, pero decir que en Noruega hay WiFi hasta en las farolas. Ayyy ¡llevábamos TAANTO tiempo sin vernos! Desde que me fui yo a Nottingham nos vimos en Navidades, el finde que me vino a ver en abril y dos días en verano que pudimos coincidir, así que estábamos MEGA emocionadas. Después del abrazo y achuchón inicial, frotaba su puño en mi cabeza mientras gritaba “AY PEQUEÑA!! QUE MONA ESTÁS!!!”

Nada más llegar, muy felices :D

Nada más llegar, muy felices 😀

Fuimos a desayunar y tomarnos un merecido café en una terraza que tenía mantas (!) y nos pusimos al día con toda nuestra vida. Luego fuimos al albergue a que yo dejase las cosas y así además conocer al resto (pondría el nombre del albergue para NO recomendarlo porque era un poco cutre y estaba en un barrio un poco raro… aunque al lado de la estación… pero no me acuerdo), y nos adentramos en Oslo a investigar un poco. En su momento ya habíamos visto lo más turístico, así que tiramos por otro camino.

Estábamos a unos 5º, y se notaba muchísimo, era como un día de invierno en Madrid muy frío. También había una luz extraña, todo el cielo estaba como gris y daba la sensación de ser más tarde de lo que era, pero le daba cierto encanto nórdico.

Puerto de Oslo

Puerto de Oslo

Intentamos ver a Dorothea (una amiga noruega que vino con nosotras al colegio hasta que volvieron a destinar a su padre a Oslo, no la veíamos desde el interraíl), pero al final no pudimos así que decidimos comer fuera, a pesar de los precios. ***Dios mío, los precios. Llevaba en mi maleta tabaco para unos cuantos y una botella de ginebra que compré en el duty free e incluso algo de comida porque NORUEGA ES MUY CARO*** Ya con la barriga llena, seguimos dando un paseo hasta el albergue para cambiarnos para salir esa noche.

En Noruega al parecer los puertas de las discotecas son unos tiquismiquis. Si ven que vas haciendo el canelo más de lo que deberías o hablas “demasiado” alto te dejan fuera ¡fuera!. Y eso nos pasó. Probamos en cinco sitios distintos y siempre hubo alguno que se quedó fuera, y no queríamos dejar a nadie atrás. Acabamos por volver. De todas formas al día siguiente tuvimos que madrugar para coger el tren a Bergen.

Día 2: Ocho horas en un tren

No se si es que se nos olvidó poner las alarmas o no las escuchamos o qué pasó realmente, pero nos habíamos propuesto estar todos listos a las 7:45 de la mañana y a esa hora fue a la que nos despertó Javi entrando dando palmas. Nos vestimos a toda prisa, corrimos a la estación y ya una vez dentro nos acomodamos para dormir un ratito.

En el trayecto me vinieron tantos recuerdos de cuando lo hicimos en verano… Fue por la noche, y Pilar estuvo durmiendo todo el trayecto, Sara a ratos y yo no pude ni una hora. Recordaba que el paisaje era precioso y me moría de ganas de verlo de nuevo.

El tren nos costó unas 350 NOK (40€), así que no estaba demasiado mal.

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Nos dormimos unas dos horas al principio, y la del final. Entre medias seguimos poniéndonos al día con todo y cotilleando, con alguna escapada furtiva entre paradas para tomar el aire fresco del interior de Noruega (o sea, para echar un par de caladitas furtivas).

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Pilar y Alex pendientes del revisor

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Por fin llegamos a Bergen, con los culos tiesos y todos medio groguis y apoltronadísimos. En seguida se notaba la diferencia de temperatura. Igual estábamos a unos 10º. Al parecer en Bergen hay como un micro clima, la ciudad está protegida por nada menos que siete montañas, así que supongo que eso hace que no haya tanto viento.

De camino a la residencia, se nos ocurrió La Gran Idea; ir a bañarnos al fiordo. Nos pareció brillante y se la propusimos a todos pero nadie nos quiso acompañar. Así que a eso de las 5 de la tarde y en plena noche cerrada nos adentramos en el parque para bajar hasta el mar. Os hablo de un agua que igual estaba a unos 7º (en realidad la temperatura me la estoy inventando, pero 7º suena bastante fría, ¿no?) y que no se veía absolutamente nada. Nos metimos poco a poco, partidas de la risa y agarradas de la mano con todas nuestras fuerzas como si eso fuese hacer que sintiésemos menos el frío. Yo ya no sentía mis piernas y fue entonces cuando Pilar perdió una maldita chancla. Nos pusimos a buscarla entre gritos, y respiraciones agitadas, con todo el cuerpo menos la cabeza dentro del agua tanteando el suelo, pero solo tocábamos rocas. Pilar convencida de que algo la estaba tocando el pie. Decidimos darla por perdida y reportar la baja. Era el destino de esa chancla perderse en el fiordo. Nos vestimos a toda prisa dejando la otra chancla porque bueh, no nos la íbamos a llevar de recuerdo.

Perdonad nuestros caretos jajaja

Perdonad nuestros caretos jajaja

Día 3: Bergen

Nos levantamos con calma y con resaca (eh?), desayunamos tranquilamente y fuimos a ver el centro de Bergen. Me hacía infinita ilusión acordarme de los sitios en los que ya habíamos estado, e incluso de qué habíamos hablado en esos sitios ¡o qué estaba pasando!

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Calle principal de Bergen

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Byparken

Byparken

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Bryggen

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Después de comer subimos al Monte Floyen, una de las siete montañas de Bergen. Es asfalto, o sea no es monte a través pero es una muy buena subida (igual unos 30 mins andando). Hay un tranvía que te lleva hasta arriba pero queríamos bajar la comida. Llegamos en el punto en el que estaba anocheciendo y ya estaban las luces encendidas pero todavía quedaba suficiente luz como para ver bien. Estaba precioso. Al bajar si que se nos hizo de noche y nos llovió pero sin problemas.

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Vista de Bergen desde el Monte Floyen

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Bergen desde el Floyen

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Volvimos a casa a descansar del largo día, cenar y salir de fiesta (woho!)

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Día 4: vuelta a casa 

Mi vuelo salía de Bergen a las 4:20, y llovía así que nos quedamos tranquilamente en casa, haciendo mi maleta y comiendo sin prisas. Me despedí de los amigos de Pilar, y ella y yo nos fundimos en otro abrazo de oso amoroso. Pero esta vez con la seguridad de que nos volvíamos a ver muy pronto (¡Navidades!). El resto del día fue agotadoramente largo. Pensaba que el aeropuerto de Bergen estaba más lejos y llegué hiper pronto. La manera más fácil desde donde estaba yo fue coger el tranvía sin pagar desde Fantoft hasta Lagunen y de ahí el Flybussen al aeropuerto, que me costó unas 120 NOK (13€) y no tardó ni 20 minutos. Allí estuve esperando un buen rato, el vuelo a Copenhague que debía tardar 1h30mins, tardó una hora, así que estuve esperando una hora más en el aeropuerto de Copenhague muerta del asco. Y luego ya el de Madrid que iba medio vacío se retraso 40 minutos, pero una vez ya volando. Llegué a casa agotada y con la cabeza como un bombo.

Se me ha hecho tan corto el viaje, pero me ha hecho muchísima ilusión ir, y ver de cerca como es su vida ahí. Además me ha dejado con las ganas de volver a Noruega para poder ver bien los fiordos, glaciares y montañas espectaculares.  Es que es todo tan bonito que ❤

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Muchos besos a todos, sobre todo a Pilar por acogerme estos días y darme todo tu amor ¡Nos vemos muy, muy pronto!

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