(Mini) vacaciones en Roma

¡Woohoo! Vuelvo a estar en el camino, la carretera, el aire o lo que sea, vuelvo a poder viajar un poquito más y estoy muy, pero que muy emocionada. Porque eso significa que me vuelven las ganas de escribir, de contar cosas y la creatividad fluye por todos lados.

Esta vez el destino fue la romántica Roma. Normalmente prefiero viajar a sitios a los que aun no he estado, pero la verdad es que fui a Italia con el colegio en 1º de bachillerato, y estaba todo organizado al detalle, por lo que no me importo repetir y dedicarle a esta ciudad la atención que se merece. Escenario de cientos de películas, desde los fortachones de  Ben-Hur y Gladiator a  mujeres poderosas como Agora y Cleopatra, pasando por los clásicos románticos como Vacaciones en Roma con una adorable Audrey Hepburn, Habitación en Roma donde Elena Anaya nos conquistaba con su sensualidad, y pastelones adolescentes del estilo A tres metros sobre el cielo, Roma ha sido testigo de miles de historias y yo no podía dejar pasar esta oportunidad.

Mi amigo Panos, griego de nacimiento, estuvo de Erasmus en Madrid en nuestro segundo año de carrera, y en seguida se convirtió en uno más. Fiel compañero de juergas, amante del café expreso, extremadamente fotogénico y relajado por naturaleza. Hemos mantenido el contacto, sin embargo no nos veíamos desde que él volvió a Grecia. Este verano me preguntó “¿alguna vez has estado en Roma?”. Poco después, compramos los billetes. La verdad, es que cuando miramos alojamiento y entradas para las cosas turísticas me desmotivé un poco porque era todo carísimo. Hay un Roma Pass de 48h o 72h que incluye transporte público, dos museos y entradas sin colas al Coliseo, Foro Romano y el Castelo Sant’Angelo creo. El de tres días eran unos 40€. Al final encontramos un AirBnB por la zona de Testaccio/Piramide, y estaba cerca de todo, por lo que decidimos comprar las entradas a parte. Hay descuento de joven/estudiante hasta los 25 y al recoger las entradas piden DNI por si planeáis pagar menos y sois mayores de 25.

Día 1: el viaje

Tres meses después yo llegaba a Roma Ciampino a las 4 de la tarde. Para llegar a Roma desde este aeropuerto hay que coger un autobús Terravision (4€ la ida, 9€ la ida y vuelta), y tarda una media hora en llegar a la estación de Termini que es un intercambiador, por lo que desde ahí es fácil llegar a cualquier lado. Yo llegué a la estación de Pirámide, y mientras esperaba al dueño del apartamento encontré un deli vegano (100% Bio) que me salvó la vida. Silvano me recogió en coche y me contó un montón de cosas. Eran las 6 de la tarde y Panos no llegaría hasta las 9 o 10 de la noche. Decidí dar una vuelta y comprar algo de comida en el super.

Cerca de las 10 fui a recoger a Panos a la estación. Era todo demasiado emocionante y ninguno podía contener la ilusión que nos hacía volver a vernos y además en otra ciudad. Queríamos andar un poco así que intentamos llegar al Coliseo, pero nos perdimos y dimos más vueltas que un tonto, recorriendo el río Tiber y llegando al Capitolio, y finalmente al Coliseo.  Poco después y cansados de andar y de habernos perdido ocho veces volvimos al apartamento.

Día 2: Coliseo por todas partes

Por la mañana nos levantamos relativamente pronto, desayunamos pan con mantequilla de cacahuete y plátanos, un necesitado café y pusimos rumbo al Coliseo. Esta vez, no nos perdimos. POR CIERTO, os recomiendo la app MAPS.ME; te descargas el mapa que quieras con wifi y luego se puede usar sin datos perfectamente. También te deja poner marcadores en los puntos de interés.

Decidimos ver el Foro Romano primero simplemente porque nos pillaba algo más cerca, y además se tarda un buen rato en recorrerlo bien, así que id con calma y paciencia. La entrada a al Foro Romano está incluida en la del Coliseo y para estudiantes es 11,50€ en lugar de 15.

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Así que anduvimos y recorrimos todo, de vez en cuando llovía un poco y teníamos que buscar algo de cobijo porque ninguno nos trajimos paraguas y nos negábamos a comprar un poncho-condón. No teníamos ninguna prisa, al entrar nos dijeron que no podíamos acceder al Coliseo hasta las 14:30, y no eran ni las 12 cuando entramos. También nos negamos a alquilar una audioguía simplemente porque son caras y no nos apetecía tener una voz en la oreja. Todo se puede leer en internet (hay que aprovechar las ventajas de esta generación online).

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Vistas del Foro Romano

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El Coliseo visto desde el Foro.

Cuando terminamos de recorrer cada recoveco, fuimos al Coliseo, donde por suerte no tuvimos que esperar demasiado a pesar de la cola que había (en serio, comprad las entradas con antelación por internet, lo agradeceréis). Una vez más, pasamos de guía y de autoguía y fuimos por libre imaginándonos todo lo que debió ocurrir ahí dentro. Además, los carteles están muy bien explicados, así que tampoco es necesario tener un guía que sostenga un paraguas.

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Salimos de ahí con la intención de buscar un sitio un poco alejado de las zonas turísticas para poder sentarnos un rato y tomarnos un café. No se como, porque íbamos sin mapa, acabamos en la Fontana di Trevi. Así que ya que estábamos ahí nos sacamos la correspondiente foto, pero esta vez yo no eché  ninguna moneda como lo hice cuando vine con el colegio. La razón principal es que había demasiada gente y no me apetecía pelearme por llegar a primera línea de fuente (?).

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Fontana Di Trevi

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Turisteando en la Fontana Di Trevi

 

Callejeamos un poco y encontramos un pequeño café, nos sentamos y charlamos con la camarera, que era cubana, mientras nos tomábamos un expreso. De ahí fuimos a la Piazza di Spagna con el plan de sentarnos en las Escaleras, pero estaban vallados porque estaban montando como un escenario o algo así, así que seguimos con nuestro camino.

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Eran ya casi las 7 de la tarde y no habíamos comido. Empezamos a notar el clásico dolor de pies debido a no llevar los zapatos adecuados para andar y llevar desde las 11 de la mañana de pie. Así que optamos por volver al apartamento. No sin antes tomarnos un trozo de pizza por el camino. Panos se pidió una margarita y yo una de verduras que adivinad… no tenía queso. FELICIDAD. Esa misma noche, después de cenar en casa, salimos por Testaccio a tomarnos una copa pero estábamos tan cansados que volvimos rápido.

Día 3: Città del Vaticano

Reservamos para ir al Vaticano a las 12, pero teníamos que recoger los billetes así que salimos con tiempo. Esta vez cogimos el tren en Ostiense a San Pietro (3 paradas y 1€). Llegamos a la Plaza de San Pedro, donde montones de guías te intentan atrapar era que hagas el tour con ellos y te saltes la cola, les sorteamos y llegamos a la entrada de los Museos Vaticanos. Mientras deambulábamos por los museos hablamos sobre la cantidad de dinero que tiene que generar la Iglesia Católica con esto. La entrada general son 16€ y 8€ para menores de 25, pero acogen a miles de visitantes al día, y ahí estábamos, un cristiano ortodoxo y yo preguntándonos realmente qué hacíamos ahí. No voy a mentir, es espectacular, el arte de las galerías previas a la Capilla Sixtina es alucinante, y no hace falta entender sobre el tema para fascinarse, pero aun así nos sentíamos levemente fuera de lugar.

img_0107Previendo este momento, yo me traje un fular para entrar en iglesias o en el propio Vaticano por si tenía que cubrirme los hombros, pero fui tan torpe que me lo dejé en el apartamento y al entrar en la Capilla Sixtina me dieron una especie de babero que parecía que iba a darme un festín de langostas. Pero no entiendo porque en las otras capillas del Vaticano no me hicieron cubrirme los hombros y en esta sí. Ni siquiera en las otras iglesias a las que entramos…

En fin. No hay fotos de la Capilla porque no está permitido, y tampoco me apetecía hacerlo a escondidas.Después de ahí anduvimos hasta el Castelo Sant’Angelo, pero nos limitamos a dar una vuelta a su alrededor porque no compramos la entrada. Recordemos que somos pobres pero honrados.

img_0114El hambre se hacía notar para entonces, por lo que dimos una vuelta hasta Trastevere, el barrio “hipster”. Aunque antes decidimos subir al Faro Gianicolo, la octava colina de Roma, y entramos en la Academia de España donde se encuentra el Templete de Bramante, una de las grandes obras del Renacimiento. Se puede salir al balcón a observar las vistas, así que por supuesto eso hicimos.

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Vistas de Roma desde la Academia de España

Volvimos a Trastevere, y fuimos a comer al restaurante Carlo Menta (¡gracias Clara por recomendárnoslo!). Es un poco (muy) turista pero los precios están muy bien, aunque tened cuidado con los horarios, porque fuimos sobre las 16:30, y el menú de mediodía (10€) ya se consideraba menú de cena (13€). Yo me pedí de plato principal gnocchi con salsa de tomate y albahaca (6€).

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Con la barriga llena y feliz, necesitábamos un café, fuimos a Testaccio para alejarnos un poco de los turistas y nos sentamos en la primera terraza que vimos. Volvimos a casa para echarnos una siesta. Panos se había puesto en contacto con un amigo suyo que conoció en Madrid de Erasmus y vivía en Roma, y nos había invitado a salir con él y sus amigos, así que necesitábamos reponer energías.

Nos recogió a las 10 y fuimos a Trastevere. Éramos unos 15, todos hablando italiano rapidísimo y nosotros intentando integrarnos repitiendo en voz alta cuando pillábamos alguna palabra. Todo un show. Pero he de decir que todos se portaron genial e hicieron por incluirnos hablando en inglés los que podían y despacio en italiano los que no, cosa que se agradece infinito. Por cierto, Trastevere de noche parece otro barrio totalmente distinto, los turistas se van y todo son gente joven de allí. Dario nos llevó a un sitio cuyo nombre no quiero acordarme que era una librería/intercambio de libros/chupitería. Sí. Pero además, los chupitos venían en un vasito de chocolate que se comía y todos tenían nombres sexuales. No recuerdo que me pedí, algo con licor de avellana pero tuve que suplicar, y casi pelear que no me pusiese nata. Incluso cuando nos terminamos el chupito y el hombre vio mi cara siguió insistiendo “deberías haber tomado la nata”. Joder. Que no. Volvimos a casa sobre las 3, pero muy contentos porque habíamos decidido no poner alarma al día siguiente.

Día 4: Deambular

Nos despertamos con calma y resaca. Lo solucionamos con nuestro desayuno estrella  de café y pan con mantequilla de cacahuete y plátano y fuimos a dar una vuelta sin rumbo. Miento, en el apartamento estuve investigando y encontré una heladería que tenía opciones veganas y estaba cerca de Trastevere por lo que fuimos ahí primero. La heladería se llama Fonte Della Salute, y no solo tienen opciones veganas si no que también sin gluten y sin azúcar, además de ser ecológica.Yo sentía que me había tocado el euromillón. Me pedí uno de avellana con bayas de goji, y Panos uno de chocolate y mango.

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Está a medio comer, pero este es el de avellanas y bayas Goji

Después de este pequeño gran placer fuimos al Panteón, donde nos sacamos las fotos correspondientes. La entrada es gratis y aunque parezca que haya mucha cola, va bastante rápido.

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De ahí nos dirigimos a la Piazza del Popolo, una de las más conocidas de la ciudad. Subimos la Colina del Pincio y paseamos por los jardines y el Parque de la Villa Borghese. Es un sitio genial para relajarse un poco y alejarse del ruido de la ciudad. Además, al estar en un alto hay diferentes miradores con unas vistas espectaculares de la plaza y la ciudad.

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Vistas de la Pizza del Popolo desde la Colina del Picio

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Nos tomamos un café, y decidimos ir a un sitio que nos habían recomendado tanto Silvano como Dario. Estaba en Testaccio y nosotros estábamos en la otra punta de la ciudad, literalmente. Andando íbamos a tardar más de una hora y ya estábamos algo cansados. Nos colamos en el museo de la Villa Borghese y robamos un poco el wifi para ver de qué otra manera podíamos llegar. El autobús 83 pasaba bastante cerca y nos dejaba justamente en Testaccio. Según llegamos a la parada apareció el autobús y nos subimos, le pedimos al conductor “due bigletti per favore” a lo que él respondió “non c’è biglietti” o algo así. Un poco confusos nos sentamos nos fijamos en que nadie pagaba y nadie pasaba una tarjeta ni nada, por lo que asumimos que debe de haber algún abono que solo tienes que enseñar si entran revisores. Por suerte para nosotros, no entró ninguno por lo que llegamos gratis a Testaccio.

Encontramos el sitio pensando que era una pizzería, pero fue mucho mejor. Era como una bocatería, tenían un pan crujiente y tostado con forma triangular, y tu elegías el relleno. Por suerte tenían uno de calabaza y almendras que era vegano. Panos fiel amante de las albóndigas, se pidió ese. Pero repitió y el segundo fue de pulpo. El sitio se llama Il Trapizzino y está genial si queréis descansar de los sitios turísticos, y está muy bien de precio (tres “bocadillos” nos salieron por 10€) y delicioso.

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El de albóndigas y el de calabaza con almendras

Casualmente se encontraba al lado de la misma cafetería a la que fuimos el día anterior, y volvimos a tomarnos un café. Mientras estábamos dentro se puso a diluviar. Muchísimo. Esperamos a que escampase pero no paraba, por lo que decidimos aventurarnos de todas formas. Se tardan unos 20 minutos andando a nuestro apartamento pero para cuando llegamos parecía que habíamos saltado a una piscina con ropa. Jamás una lluvia me había mojado tanto. Para más inri, yo llevaba una blusa blanca y una minifalda que se me pegaba todo y parecía una participante infeliz de un concurso de camisetas mojadas.

Colgamos la ropa en sillas y con ayuda de un ventilador y el secador las secamos. Al menos para que no estuviesen empapadas, ya que nos íbamos al día siguiente y no queríamos meter en la maleta ropa húmeda. Con las zapatillas no tuvimos tanta suerte… Las mías seguían igual de húmedas 😦

Día 5: de vuelta a casa

Panos se fue temprano por la mañana. Su vuelo era a las 10 por lo que se tuvo que levantar a las 6:30. El mío en cambio no era hasta las 5 de la tarde, así que tenía todo el día libre para hacer lo que quisiese. Me levanté sobre las 9, organicé mis cosas y dejé todo preparado para volver a recogerlo en un rato. Decidí ir a pasear a Trastevere. Me senté en una cafetería y me tomé un café mientras escribía cosas del viaje y observaba a la gente pasar. La verdad es que es el mejor sitio, tiene un aire a pueblo pequeño totalmente diferente al resto de la ciudad, y las calles son estrellas y coloridas. Parece sacado de una película.

A la vuelta decidí pasar por la heladería otra vez y me pedí uno de almendras que estaba demasiado bueno para ser cierto…

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Una calle de Trastevere

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Disfrutando de mi gelato vegano de almendras

Seguí paseando hasta llegar al Coliseo, y volví al apartamento a recoger mis cosas. A las 5 de la tarde embarqué en el estrecho avión de Ryanair y me dormí todo el camino hasta llegar a Madrid.

Roma me ha encantado, ha superado mis expectativas y me ha enamorado completamente. No descarto la posibilidad de pasar una temporada por aquí. La gente es encantadora, siempre dispuesta a ayudarte, aunque no hables italiano, cuidan mucho al turista y es muy fácil sentirse como en casa. Espero que la  entrada os haya gustado, y contadme si habéis estado y qué habéis visto. A mi ahora me toca prepararme para mi siguiente aventura, la cual descubriréis muy pronto.

Os dejo con el vídeo del viaje:

 

Ciao ragazzi!

 

 

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