¡10 días en ISLANDIA! (Parte 1)

Esta es la primera parte las entradas del viaje a Islandia. Reikiavik – Snæfellsnes

Por fin tengo tiempo para contaros mi último viaje, pero después de volver de Roma estuve preparando el viaje, luego estuve en el viaje y esta semana trabajando muchísimo, y ya he podido sentarme durante más de una hora con un buen y gran café.

Tenía muchísimas ganas de ir a Islandia, me llamaba tanto la atención que no podía ignorar a mi mente. Un día decidí hacerlo y me compré los billetes después de investigar precios. Además, llevaba tiempo queriendo hacer algo así. Comprar unos billetes sola y ver que pasa luego. Podía haber salido muy mal, pero no podía haber pedido un viaje mejor.

***

Islandia es muy caro, pero hay maneras de hacerlo asequible. Solamente hay que sacrificar algunos lujos o cosas a las que estamos acostumbrados en el día a día (¿de verdad necesitamos ducharnos cada día?). De todas formas, si queréis puedo hacer otra entrada haciendo un desglose general de los gastos para que veáis que no es tan difícil viajar a Islandia sin hipotecar hasta los calcetines (de 10 noches, he pagado 4).

Yo me iba sola desde España, pero una vez llegué no estuve sola ni un momento. Antes de irme, me metía mucho en couchsurfing para ver si encontraba alguien que me acogiese las primeras y la última noche, y de pasó ver si había alguna quedada. Una de las veces vi un foro de un tal Theo, de Wisconsin, que iba a ir las mismas fechas  y se ofrecía a repartir gastos de coche de alquiler. Le contesté y empezamos a planear el viaje. Poco después contestó Teresa, una chica portuguesa, y la incluimos en el plan ¡Y de repente éramos 4 en el coche! Tiffany y Theo, Teresa y yo. Así que les conocí cuando llegué, pero me fui sin tener idea de como serían. Conocí a Theo al llegar, a Teresa al día siguiente y a Tiffany unos días más tarde…

Mi vuelo directo salía de Barcelona (79€), ya que de Madrid no había nada y eran todos por encima de 350€. Así que ya que tenía que hacer escala de todas formas, decidí hacerla yo. Cogí un ALSA a Barcelona (10€) y volé desde allí. Eso sí, un día larguísimo, ya que a Barcelona llegué a las 3 de la tarde, y mi vuelo era a las 11 de la noche, pero bueno (¡gracias Albert por hacerme compañía todo el día!), una apechuga con lo que le toca.

Llegué al aeropuerto de Keflavik a la 1:30 de la mañana. Compré el billete del autobús que va a Reikiavik al comprar los vuelos porque no sabía como sería el ir hasta la capital. De todas formas, es mejor comprarlo con los vuelos porque es más barato (14€ en lugar de 20 si lo haces desde la página oficial de Flybus, como aprendí más adelante). Al final, no llegué a la estación de autobuses hasta casi las 3 de la mañana, pero vino Theo a buscarme en nuestro cochecito (mucho más pequeño de lo que imaginábamos, un Hyundai i10), y fuimos al airbnb que alquilamos para la primera noche. Apenas pudimos intercambiar 10 palabras, entre ellas la presentación, porque yo estaba muerta y solo pensaba en dormir…

Día 1: Parque Nacional de Þingvellir 

Empecé el día genial olvidándome el móvil en el apartamento ¿Qué mejor manera de empezar un viaje de dejándote el móvil en algún lugar? No pasaba nada porque íbamos a volver a Reikiavik en unos días, pero vaya tela… En fin. Antes de ponernos en marcha, pasamos a recoger la esterilla que alquilé porque no me cabía en la maleta. Yo lo hice con Iceland Camping Equipment.

De ahí recogimos a Teresa, y pusimos rumbo al Parque Nacional de Þingvellir (pronunciado como Thingvellir). Está a unos 40 minutos de Reikiavik así que en seguida llegamos allí. Lo primero que hicimos fue ir a la fisura Silfra. Es una fisura que pertenece al borde divergente entre las placas tectónicas de Norteamérica y Eurasia. Pero no nos quedamos fuera, sino que hicimos snorkel entre las dos placas tectónicas. Fue una absoluta pasada. Sin duda, está en el top 3 del viaje. Lo contratamos con Dive.is, y sí es caro (145€), pero fue mi caprichazo al estar renunciando a ir al Blue Lagoon o comer en condiciones por ejemplo (ja, ja…), y cada euro mereció la pena.

Nos pusimos unos trajes secos como los que tenía que llevar en Reino Unido cuando buceaba allí. El agua estaba a unos 2º, y cuando salimos teníamos los labios mega hinchados jajaja. Era como convertirse en Scarlett Johansson durante unos minutos, así que supongo que los sueños sí que se hacen realidad.

Después de  salir del agua y quitarnos el traje ese incomodísimo, nos dieron galletas y chocolate caliente que nos sentó tan bien que no queríamos movernos. Estuvimos hablando con los guías un buen rato, hasta que conseguimos levantarnos ya que todavía quedaba un día entero por delante.

Fuimos al camping a montar las tiendas y dejar eso ya organizado. El camping de Þingvellir fue el más caro y además no tiene unos servicios muy buenos. La conclusión que sacamos es que es de los más turísticos y se aprovechan de la situación. Porque los otros campings tenían muchas más cosas y eran mucho más agradables y eran más baratos…

El resto del día estuvimos explorando el parque, vimos la cascada Öxarárfoss (Fun fact: Foss en islandés significa cascada), y simplemente andando por todas partes y visitando Laugarvatn, un pequeño pueblo de la zona.  Volvimos al camping a cenar y no tenían cocina ni nosotros camping gas (alquilad, o llevad un camping gas, lo agradeceréis. Fue uno de nuestros fallos),  y Theo se propuso hacer un fuego en el grill. De hecho, se convirtió en una especie de reto personal. Cuando lo consiguió, pudimos calentar unas latas de baked beanz y no os imagináis lo contentos que estábamos por tener una comida caliente, aunque fuesen judías en latas.

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Öxarárfoss

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Felices con nuestras judías

Y así se acabó mi primer día en Islandia con completos desconocidos que para cuando nos acostamos, y después de una botella de Jack Daniels ya sentía que les conocía de toda una vida.

Por la noche en la tienda hizo muchísimo frío, los deditos de los pies los tenía helados y dormí fatal y súper incómoda, y en cuanto vi que había luz fuera salí de la tienda que compartía con Teresa porque me estaba agobiando. Cual fue mi sorpresa al salir y ver que ¡había helado! Todo el césped estaba blanco… Me preocupé porque pretendíamos acampar todos los días y empecé a pensar que no lo iba a aguantar, pero las cosas mejoraron.

Día 2: El Círculo Dorado

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Dejamos las tiendas montadas, porque íbamos a dormir ahí otra noche, pero no pagamos porque nos pareció tan caro para lo que ofrecía que nos negamos. Decidimos que solo pagaríamos si viniese alguien del camping. Así que después de desayunar, nos montamos en el coche y realizamos la ruta del Círculo Dorado.

Son unos 300kms, y se puede hacer en el tiempo que uno quiera. Depende de cuántas paradas queráis hacer se puede hacer en 4 o en 10 horas. Nosotros estuvimos todo el día porque no teníamos prisa y queríamos pasar tiempo fuera del coche. Þingvellir está dentro de esta carretera, así que seguimos con Haukadalur y los géiseres. Hay dos; Strokkur y Geysir. De hecho la palabra géiser, viene del nombre del segundo. Aquí había bastantes turistas, pero la verdad que el ver las erupciones es alucinante. Subir la montaña que está justo detrás es genial para alejarse un poco de tanto turista y disfrutar de unas vistas que quitan el aliento.

Seguimos conduciendo,  nos encontramos a unos caballos islandeses que parecía que querían unos mimos, y claro, no pudimos resistirnos. Son bajitos y tienen mucho pelo y además son adorables. Yo tuve que acariciarlos a todos. No pudo ser de otra manera.

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La mujer que susurraba a los caballos

El siguiente punto fue la cascada Gullfoss, que es enorme y alucinante todo al mismo tiempo y yo no veía una cascada así de cerca desde hacia años. Se puede andar por encima y también hay un camino habilitado casi pegado a la cascada, así que un buen chubasquero y botas que protejan los pies del agua son ideales.

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Gullfoss

El último sitio que visitamos del Círculo Dorado, fue el cráter Kerið. Un antiguo cráter volcánico que ahora es un lago. Es muy chulo y el agua es muy azul, pero hay que pagar 400 ISK para entrar (casi 4€), y es solo dar una vuelta al cráter y bajar al agua. Lo pagamos igualmente, pero nos hubiésemos quedado igual sin haberlo visitado, la verdad.

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Esta noche para mantener los pies calientes, Teresa había leído que las bolsas de plástico ayudaban a mantener el calor. Así que metimos los pies en bolsitas como de frutería, y encima unos calcetines normales y encima los gordos de la lana. Theo recurrió a un método menos ortodoxo… Con el fuego de la cena, calentó las piedras del grill y metió una enrollada en una toalla en el fondo del saco. Los dos métodos funcionaron, y aunque la piedra fuese muy gustosita, las bolsas fueron muy prácticas.

Día 3: De vuelta en Reykiavik 

Nos despertamos de buenísimo humor porque esa noche dormiríamos en una cama en una casa. De camino a Reikiavik, pasamos por Hveragerði, un pequeño pueblo que está al lado de una zona geotérmica y volcánica. Empezamos a andar por la montaña, y alrededor hay fumarolas con agua a unos 100ºC. Al cabo de unos 3kms, hay un río de agua termal, en el que te puedes bañar, y no podíamos dejar pasar la oportunidad de sumergirnos en agua caliente en mitad de la montaña.

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Me podría haber quedado a vivir en ese agua tan fantástica. Pero el deber nos llamaba y pusimos rumbo a Reikiavik. Teníamos un airbnb reservado bastante cerca del centro, y teníamos muchísimas ganas de comer algo que no fuesen judías en lata. En el piso había un chico de Minnesota, Justin, que estaba ahí para estudiar las rocas volcánicas , hizo la comida con nosotros y luego salimos todos juntos por Reikiavik.

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Hallgrímskirkja, la iglesia luterana en Reykiavik

Al parecer la vida nocturna de la ciudad es bastante famosa por ser “salvaje”, lo que pasa es que a 13€ la copa, pues no pudimos dejarnos llevar mucho. Entramos en un bar muy chulo que estaba hasta arriba, conseguimos una mesa y pedimos una copa. Pagamos una y no más. Bueno que en realidad lo que pusieron de ginebra fue un dedo, así que 13€ por un vaso de tónica. Luego fuimos a otro, que por fuera parecía una casa, pero dentro todo el mundo estaba bailando, música muy electrónica y la gente bailaba como hipnotizada y dejando que la música fluyese por todas partes.

Día 4: La península Snæfellsnes

Remoloneamos un poquito más por la mañana, aprovechando nuestra cama, en la que habíamos dormido los tres, el enorme edredón blanco y las mullidas almohadas. Ya que no sabíamos donde dormiríamos esa noche, pero seguramente no estaríamos tan calentitos y mullidos.

Nos despedimos de Justin y nos dirigimos hacia la península de Snæfellsnes. Un día largo en el coche pero alucinando con las vistas. Por el camino paramos en varios sitios, uno de ellos una playa en la que había focas. Las vimos desde la arena pero estaban en el agua jugando y siendo adorables. img_0441

Pasamos por los campos de lava del volcán Grábrók, y  Snæfellsjökull, que es el volcán que describe Julio Verne en Viaje al centro de la Tierra (Fun fact: jökull in islandés significa glaciar).

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En el campo de lava

Finalmente llegamos a Kirkjufell, en Grundarfjörður, al final casi de la península, ya que el camping estaba ahí.

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Kirkjufell

Sin embargo, esa noche no dormimos en el camping. Conduciendo nos dimos cuenta que de vez en cuando en los lados había casetas como abandonadas, y nos preguntábamos para que serían. En una de ellas decidimos parar y entrar a husmear. Era toda de madera, había una mesa, dos bancos y una escalerita que daba a una zona como para dormir, o eso asumimos. El viento huracanado de fuera, y la gran posibilidad de lluvia nos hizo tenerlo claro.

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Cogimos las cosas del coche y lo metimos todo. Ya era bastante tarde, así que cenamos pan, y mas judías calentadas en un fuego que hizo Theo, y después de un rato nos fuimos a dormir. Los pros fueron que estuvimos protegidos del viento (las paredes temblaban), un poco del frío, pero seguía haciendo mucho frío, y que fue gratis. Los contras, que el suelo era duro y no había agua ni electricidad, claro. Pasamos una noche regulera, con el viento y la lluvia que sonaban atronadoras, yo agradecía tanto estar bajo paredes de verdad y no en una tienda de campaña, pero aun así no pude evitar sentir el frío y la incomodidad del suelo a pesar de la esterilla.

Al día siguiente, Teresa nos dijo que durante toda la noche pensaba que por el viento, el coche iba a salir volando y que no se quedó tranquila hasta que salió el sol y vio el coche por la mañana.

Lo más emocionante fue el haber dormido en una cabaña en mitad de Islandia que estaba abandonada, pero hecha para excursionistas y viajeros. Dentro había un mapa de Islandia donde la gente había dejado mensajes del estilo “Rick y Roxy de Francia estuvieron aquí en el 2015”.

Aquí el vídeo de la primera parte:

Continuará…

***LEE LA PARTE 2 DEL VIAJE***

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