¡10 días en ISLANDIA! (Parte 2)

¡Parte dos del viaje de 10 días a Islandia! Westfjords – Reikiavik

Día 5: Westfjords

Después de haber pasado una noche en la cabaña de madera, estábamos listos para un día muy largo de carretera. Entre ese día y el siguiente nos propusimos cruzar todos los Werstfjords. Theo se moría de ganas de ir, decía que todas las fotos chulas que había visto estaban ahí. Nos subimos en el coche y pusimos rumbo al Noroeste de la isla.

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Queríamos llegar a Thingeyri a una hora razonable para que nos diese tiempo a hacer algo más que cenar y dormir, pero no llegamos hasta las 6 de la tarde. El problema fueron las carreteras, que Google Maps pensó que eran normales, pero eran de grava, en la montaña, y no se podía ir a más de 40 km/h. Además que íbamos conduciendo por los fiordos porque las otras carreteras interiores solo se pueden usar con un 4×4, y nuestro cochecito desde luego no lo era.

Llegamos al camping, que tenía una piscina cubierta por 300 ISK (casi 3€), y no nos lo pensamos dos veces. Montamos la tienda, y corriendo nos cambiamos para meternos en la piscina y poder pasar en agua calentita la hora y media que nos quedaba hasta que cerrase. Dentro, también había un jacuzzi, donde conocimos a gente del pueblo que nos estuvo hablando sobre la política en Islandia (aunque los precios sean caros, los salarios no están a la altura como en otros países nórdicos), nos dieron trucos para las carreteras y como llegar más rápido sin desesperar.

La dueña del camping, había colocado una mesa con un calentador de agua y un microondas cerca de  una mesa y bancos  de camping en el gimnasio para que pudiésemos cenar y desayunar por la mañana.

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Cenando en el gimnasio

Esa noche, volvieron los vientos huracanados. Sobre las 4 de la mañana, Teresa y yo nos despertamos asustadísimas con la tienda prácticamente encima de nosotras. Teresa se puso en el peor de los casos y decía que como estábamos cerca del mar, seguramente se formaría un tsunami con el viento. Decidimos mudarnos a la sala de la lavadora. Nos pusimos las botas, recogimos la tienda y nos metimos con ella en la sala y ahí pasamos la noche súper calentita, entre una lavadora, un fregadero y un retrete.

A la mañana siguiente, cuando Theo se despertó y vio que en lugar de nuestra tienda solo había piquetas pensó “no puede haberse volado la tienda con ellas dentro”… De repente oímos unos pasos rápidos, se abrió la puerta de la lavadora de golpe y apareció Theo empapado. Al vernos, soltó un aliviado “okay, good”.

Day 6: Sauðárkrókur

Llovía a mares. Pero hasta el momento no la habíamos experimentado, así que bueno, una experiencia más… Porque al mal tiempo, buena cara ¿no? Además, era un buen día de todas formas porque íbamos a conocer a la última componente de nuestro extraño grupo de viajeros internacionales.

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Una hora de viaje más tarde, vimos a un autoestopista que apenas podía caminar por el viento. Teníamos el coche hecho un asco y todo tirado, pero no podíamos dejarle ahí con ese frío. Nos apañamos como pudimos. Era un chico de Bélgica que viajaba solo, acampando y llevaba cerca de un mes y se iba a quedar otros 20 días. Su móvil era de los antiguos que tenía un panel solar por detrás para cargarlo. Recorrimos todos los Westfjords y llegamos a Hvammstangi, donde dejamos al chico belga y recogimos a Marta, una chica de Madrid que conocía de poco antes que estaba haciendo wwoofing en una granja de la zona y quería llegar a Akureyri.

Llegamos por la tarde a Sauðárkrókur, un pueblo del norte. Allí, en una gasolinera nos esperaba Tiffany, que había tenido la suerte de su vida al llegar a su albergue en Reikiavik y justo otro de los clientes iba a ir allí en coche al día siguiente. Sin embargo, la verdad es que la única razón por la que fuimos allí es que nos había acogido una familia via couchsurfing y teníamos cama con techo. Dejamos ahí a Marta, quien siguió haciendo autoestop, y nosotros dimos una vuelta y fuimos a la casa de nuestros nuevos anfitriones.

Llamamos a la puerta sin saber que esperarnos. Nos abrió Annika, una mujer alemana de pelo corto que en seguida nos invitó a entrar y en menos de cinco minutos nos hizo sentir tan cómodos como en nuestra propia casa. Conocimos a su perrita, una pastora islandesa completamente loca, su marido y su hija de cinco años, Hannah Maja. Sin embargo, poco después llegó una amiga de Hannah Maja, y un amigo de Annika, y de repente éramos 9 en la mesa de la cena. La casa era totalmente adorable, con unas vistas preciosas del pueblo, estábamos todos totalmente hipnotizados por el calor de la casa y el sentimiento familiar que nos rodeaba. Como éramos tantos, les propusimos que nos encargaríamos nosotros de la cena, andamos al súper más cercano y llenamos la cesta de pizzas y helado. Todo el mundo sabe que la noche de pizza es la mejor.

Cuando Hannah Maja se acostó y solo quedábamos los cuatro con Annika y su marido Gunnar, sacaron el típico pescado seco islandesas y algunas bebidas alcohólicas típicas para que las probásemos. El pescado no quise probarlo, solo el olor tan fuerte que desprendía te daba una idea del sabor. El alcohol lo probamos todos… Me esperaba lo peor, pero a pesar de estar muy fuerte no estaba tan mal… Después salimos al jardín un rato, y el cielo nos brindó con una maravilla que nos dejó  boquiabiertos y con los pelos de punta: la aurora boreal. Jamás en mi vida he visto algo así. Pude vislumbrarlas desde el autobús cuando llegué, ese fue el mejor día, luego en Thingvellir se dejaron ver, pero esa noche en la casa y en ese contexto fue increíble.

Sin embargo, no fueron las mejores. El mismo día que llegué hubo unas impresionantes de muchos colores que bailaban por todo el cielo. Fueron tan llamativas que salieron en las noticias en España, y algunos me preguntasteis si las había visto. Tristemente, esas no las pude ver en todo su esplendor, pero Theo y Teresa sí.

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Día 7: Akureyri

No nos molestamos demasiado en madrugar para poder desayunar con Annika, Gunnar y Hannah Maja antes de irse a sus trabajos y colegio. Además, ese día tampoco teníamos mucho que conducir, así que desayunamos todos juntos y nos despedimos, agradeciéndoles su hospitalidad.

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Con Annika y Gunnar

Por el camino, paramos en distintos sitios, uno de ellos siendo otras aguas termales, pero que optamos el meternos porque el agua no estaba tan caliente y hacía demasiado frío y viento fuera como para ponernos los trajes de baño.

Llegamos a Akureyri al medio día. Es la segunda ciudad más grande de Islandia y se considera la capital del norte. Es muy bonita, entre el mar y las montañas, con ese aire a pueblo que tienen todas las ciudades y localidades en Islandia. Para homenajear a Tiffany, decidimos comer en un restaurante. Encontramos uno en el centro (Akureyri Backpackers) que estaba bien de precio (cuando digo bien, digo 14€ el plato y no 25), que además tenía varias opciones para Teresa y para mi. También era un albergue, y el precio más bajo eran 30€ la noche. Dimos una vuelta, y decidimos ir a la zona del lago Myvatn, un poco más alejado y dejar eso cubierto, porque el día siguiente teníamos otro día largo en el coche y no queríamos retrasarnos.

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Paseando por Akureyri

Cogimos el coche y seguimos en dirección norte hacia Myvatn. Queríamos ver como eran las termas de allí, ya que no íbamos a ir al Blue Lagoon. La entrada eran casi 30€, así que pasamos del tema, y seguimos explorando. Pasamos por Goðafoss, una de las cascadas más espectaculares de Islandia y seguramente de Europa, y del mundo mundial y parte del extranjero. Es una sensación increíble estar tan cerca, poder tocar el agua, poder saltar si quisieses (y morir, seguramente). La piel de gallina. Además no había casi gente ¡era como tener nuestra propia cascada para explorar!

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Godafoss

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No daba casi nada de miedo estar ahí sentada…

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Cuando terminamos de alucinar y de recorrer cada recoveco posible, seguimos con nuestra ruta. Llegamos a Myvatn para ver los precios y ver como era por dentro. Algo tal que así:

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Aguas termales de Myvatn

El agua es de un color azul cremoso por el azufre y huele al correspondiente huevo duro podrido. La verdad es que nos hubiésemos metido, pero era bastante dinero y una no tiene fondos ilimitados. Pero si estáis pensando en ir a este o al Blue Lagoon, por lo que nos dijo la gente de allí, este es mucho más “natural”. El otro está mucho más masificado a pesar de su alto precio. También el Blue Lagoon está al lado del aeropuerto, lo que lo hace muy conveniente, y es mucho más grande y creo que con la entrada te dan una cerveza. Aquí ya para gustos.

Nosotros seguimos con nuestro camino. Llegamos a Grjotagja, el nombre seguramente no os dirá nada, pero si sois fans de Juego de Tronos, recordaréis la escena en la que Ygritte y Jon Snow dan rienda suelta a su pasión en una cueva más allá del Muro…

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Cueva Grotagja

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¡¡LAS NUBES!!

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Encima de la cueva

Es algo difícil de encontrar, ni siquiera Google Maps sabe donde está, y nos dio mil vueltas antes de darnos cuenta, hay que estar un poco atentos a las señales y a la carretera. Hay un cartel fuera que dice que el baño está prohibido por las altas temperaturas del agua (unos 50ºC), metimos la mano para comprobar y efectivamente, estaba muy caliente. Pero creemos que el agua debe de variar según la actividad geotérmica, y que habrá días más fríos y días más calientes. Ese desde luego, uno no se podría haber metido y fingir que no sabéis nada como Jon Snow.

Cerca de allí están las fumarolas de Hverir, un paisaje que podría ser el escenario de cualquier película rodada en el espacio. Rodeadas de tonos ocres debido al azufre, las fumarolas destacan en la zona de Hverir. Nosotros fuimos cerca de las 7 de la tarde, y había una luz muy especial, como azulada y le daba un tono aun más de fuera de este planeta.

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Fumarolas de Hverir

De ahí volvimos a Akureyri a casa de nuestro nuevo anfitrión, también encontrado via couchsurfing, Jonas. Era taxista y conductor de autobús. Nos estuvo contando mil cosas de la política islandesa, y enseñando fotos de sus viajes por todo el país, también nos ayudó a elegir una ruta para el día siguiente, ya que decidimos no hacer el este del país por falta de tiempo…

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¡Con Jonas!

Día 8: Höfn

Madrugamos para poder ir relajados en el coche y llegar con tiempo. Nos despedimos de Jonas y le agradecimos el habernos acogido y nos pusimos en marcha. Por el camino pasamos por Dettifoss, otra de las impresionantes cascadas islandesas. Esta vez, con arcoiris incluido.

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Dettifoss

Seguimos con nuestro camino, parando de vez en cuando para estirar las piernas y flipar con los paisajes. Este viaje en coche también incluyo tramo de niebla TOTAL en el que no se veía nada y dio un poco de miedo… Por suerte, Theo se atrevía con todo y condujo con las peores condiciones climatológicas y de la carretera.

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Literalmente

Llegamos a Höfn por fin, dimos una vuelta por el pueblo, colocamos las tiendas en el camping y nos abastecimos de provisiones para celebrar nuestra última cena juntos los cuatro. Había una sala común que no cerraba, y la aprovechamos al máximo bebiendo el vodka que Tiff había traído. Decidimos cuál había sido nuestro top 3 del viaje, pero al día siguiente vimos un glaciar y eso moló infinito. Aun así como somos responsables nos acostamos relativamente pronto para aprovechar nuestro último día juntos.

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La última cena, en el camping de Höfn

Día 9: El glaciar Vatnajökull

Madrugamos con los pájaros y desayunamos. Teresa y yo tuvimos que organizar nuestras mochilas como si nos fuésemos ya, porque bueno, nos íbamos ya.

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Vatnajökull es el glaciar más grande (e impresionante) de toda Islandia y por lo que leímos el segundo más grande de Europa, y la verdad, me lo creo. Höfn está justo en la base, por lo que conducir en dirección sur  te ofrece unas vistas impresionantes de la lengua del glaciar. Fuimos al parque nacional del glaciar y fuimos a ver el glaciar Jökulsárlón, que es un lago glaciar y no hace falta que describa como fue. Las fotos hablan por sí solas aunque no le hacen justicia.

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Por supuesto me moría de ganas por meter la mano en el agua para comprobar su temperatura. Efectivamente, el agua del glaciar estaba fría, muy fría.

Un poco más adelante había una playa de arena negra que tenía trozos de hielo del glaciar, pero eran totalmente transparentes. Parecían esculturas de cristal que contrastaban con la arena de la playa.

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El glaciar Vatnajökull al fondo

Seguimos conduciendo hasta llegar a Vík, un pueblo en el sur, conocido por su playa de arena negra y una característica iglesia de tejado rojo en lo alto de una colina. Decidimos parar a comer ahí y pasar parte del día deambulando por la playa y el pueblo.

La siguiente parada fue la cascada Skogafoss, una de las más famosas, y que además ¡estaban rodando una escena de la serie Vikingos! Todo muy emocionante. Es súper chula, te puedes acercar un montón y prácticamente empaparte. También se puede subir y hacer una ruta por la parte de arriba. Luego visitamos Seljalandsfoss. TAAANTAS CASCADAS. Y cada cual a más emocionante a la anterior. Esta última tenía la particularidad de tener un camino habilitado para poder pasar por detrás.

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Skogafoss

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Seljalandsfoss desde atrás

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Nuestro camino se acercaba a su fin. Theo y Tiff iban a pasar la noche en Hella, mientras que Teresa y yo teníamos que volver a Reikiavik porque nuestros vuelos eran al día siguiente. Paramos antes del desvío para despedirnos. Nos fundimos en abrazos, palabras de cariño y promesas por cumplir, deseándonos lo mejor en la vida, un buen viaje y repitiendo lo bien que nos lo habíamos pasado.

Teresa y yo nos alejamos para situarnos mejor en la carretera. Volvíamos haciendo 14702305_10154581386164641_3612422840314653180_nautoestop. Estuvimos esperando unos 15 minutos y ya empezábamos a desesperar porque nadie nos recogía a pesar de la cantidad de coches que pasaban. Sobretodo gente sola en todoterreno. Con lo adorables que estábamos con el abrigo y la mochila, que parecíamos sherpas cutres… Al final, un coche nos hizo una seña, salimos corriendo emocionadísimas. Era un señor francés que también había estado viajando y que volvía a su casa al día siguiente. Nos dijo que el iba a Keflavik, le contestamos que genial, que ya nos buscaríamos allí la vida, sin embargo, se desvió y nos dejó en la puerta de Beni, nuestro anfitrión de couchsurfing. La gente puede ser TAN genial.

Esa noche fuimos a devolver mi esterilla, y luego dimos un paseo por el centro, despidiéndonos de esta ciudad tan particular. Cenamos en un pequeño restaurante y volvimos siguiendo el paseo marítimo.

Día 10: Vuelta a casa

Teresa se levantó sobre las 5 para coger su vuelo a las 10 de la mañana. Me desperté cuando iba a salir por la puerta y nos despedimos en un abrazo de oso. Seguí durmiendo hasta las 9, y luego Beni me acercó en coche al centro porque me quedé con ganas de subir a la torre de la Hallgrímskirkja. La entrada son 900 ISK, pero no te piden en ningún momento el ticket. Así que podéis ahorrároslo.

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Reykiavik desde la Hallgrímskirkja

De ahí fui directamente a la estación de autobuses (unos 10 minutos a pie), y cogí el autobús que salía  hacia el aeropuerto en ese momento. Tenía un día muy largo por delante para reflexionar en el viaje y hacer balance.

***

Mirando atrás, me siento orgullosa de mi de haber comprado un billete sin saber qué tipo de viaje iba a hacer ni de como me las apañaría. La verdad, es que creo que este viaje sola, no habría tenido el encanto que ha tenido, aunque soy consciente de la suerte que he tenido al llevarme bien con desconocidos y encajar en prácticamente todo, se que sin ellos me hubiese perdido muchas cosas y gracias a ellos he tenido uno de los mejores viajes de mi vida. Hemos pasado diez días estando cada minuto del día juntos y encerrados en un coche enano. Podría haber salido muy mal. Pero ha sido una experiencia increíble que ojalá me hubiese atrevido a hacer antes. Desde luego ha abierto una puerta que no se a donde da, pero me muero de ganas de averiguarlo.

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Thank you Teresa, Theo and Tiffany for being amazing travel companions and adventure mates, you have been the cherry on top, top notch and wildly incredible ❤

 

****LEE LA PARTE 1 DEL VIAJE****

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