Donkey Den ¿pero dónde estás?

Hoy oficialmente llevamos diez días en Ecuador, y una semana entera en el Donkey Den en Santa Marianita. Os cuento un poco como va; Santa Marianita es un sitio de playa en el que no hay mucho más que otros chiringuitos, algún que otro hotelillo y el pueblo, que está algo más lejos. Eso sí, estamos a pie de playa y se ve y se escucha el mar las 24 horas del día, eso es algo que es difícil mejorar. A primera vista es muy chulo, visualmente es muy atractivo; hay muchas plantas, colores pastel, pinturas de tortugas en la pared, luces, conchas colgando y muchas cosas más. El detalle visual se cuida al máximo.

El sitio es una guesthouse/hotel con servicio de desayuno. Nosotros tenemos el desayuno incluido y podemos elegir entre tortitas de plátano y moras, crepes con mermelada, tortilla de verduras, revuelto de huevos con patatas fritas, tostadas francesas, frutas, etc. La verdad es que los desayunos son famosos en la zona y viene mucha gente que no se hospeda aquí a probarlos. Los huéspedes son en general, expatriados jubilados de Estados Unidos que quieren relajarse. La dueña misma, es una expatriada también. Parte de lo que tenemos que hacer es hablar con ellos y hacerles la vida más fácil.

La dueña colabora con una protectora, y cuando esta llena traen aquí a los animalitos. Ahora mismo hay unos 20 gatos y cinco perras y son todos muy mimosos. Las habitaciones en lugar de números, tienen nombres de los animales que viven aquí. Nosotras dormimos en Fido, que es mi gato preferido (es muy mayor, le faltan dientes y los de delante los tiene demasiado largos así que su lengua siempre está fuera). Las habitaciones grandes, que son como suites, se llaman Bailey y Barney que son las dos perras mayores.

Cuando llegamos éramos 11 voluntarios, ahora somos 8, y el trabajo se divide de la siguiente forma: hay tres turnos; el de por la mañana (7-12), el del mediodía (12-5) y el de la noche (5-10). Por la mañana nos encargamos de los desayunos principalmente. Viene Mayra, y ella lo cocina todo. De los dos voluntarios, uno se queda en la cocina ayudando a Mayra y fregando platos, y el otro atiende a los clientes y vigila que haya siempre café. Hay que pasear a las perras y dejarlo todo limpio. El siguiente turno se encarga de limpiar lo que no ha dado tiempo antes de las 12, dar de comer a los gatos, limpiar alguna habitación si lo han pedido los huéspedes o dejar alguna habitación preparada si vienen nuevos huéspedes. Por la noche, generalmente hay que hacer la cena, cada noche le toca a alguien distinto. Se vuelven a pasear las perras, se las desparasita, se deja todo limpio y se hace inventario. A mi me toco hacer la cena el lunes y opté por lo más español que se me ocurrió; un gazpacho bien frío y tortilla de patatas, por supuesto. Ana en cambio se aventuró con unos hojaldres.

El trabajo es fácil y a no ser que te toque sábado o domingo en el de la mañana, es libre de estrés. Los findes viene más gente y es un poco agobiante porque la cocina funciona todo lo rápido que puede, pero en seguida se acumulan las cosas. Por suerte, los clientes son conscientes de la situación y no suelen tener prisa para comer.

Ahora mismo, además de Ana y yo, estamos Marlyn, Alejandra y Óscar (Colombia), Leanne y Sophie, Allison y Stephen (Reino Unido) y Kara (EEUU). Hay muy buen ambiente entre todos, lo cual se agradece, sobretodo porque no hay mucho que hacer por aquí… Los juegos de cartas dan para mucho. Durante el día normalmente hace muchísimo calor y no se puede estar bajo el sol sin morir lentamente, y el mar es bravo y con fuertes corrientes, así que tenemos que resistir la tentación del precioso azul porque es peligroso. Al lado hay un hotel con piscina que si no hay demasiada gente se está bien.

Si queremos ir a Manta (la ciudad más grande de la zona) a hacer la compra, tenemos que subir a la carretera y ahí esperar a unas furgonetas blancas. Hay que subirse a la parte de atrás, y ahí se apiñan las personas que quepan. En 20 minutos y 1$ se llega al mercado central de Manta. La vuelta es igual, salen del mercado central y paran en el cruce con la playa, aunque si no hay mucha gente, puede que vayan hasta el Donkey Den.

Cada cinco días de trabajo, se tienen dos libres. Ana y yo los tuvimos el jueves y viernes y decidimos salir para ver otros sitios que nos habían recomendado, pero para eso tendréis que esperar un poco. Un pequeño adelanto: incluye peces de colores.

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Playa de Santa Marianita (Foto: Ana Delgado)

Aquí podéis haceros una idea de lo que hacemos:

¡Hasta la próxima!

 

 

 

 

 

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