Adiós al Donkey Den; haciendo balance

La cantidad de cosas que pueden pasar en tan solo tres semanas… Todo lo que ha ocurrido en el Donkey Den ha sido completamente inesperado. Ya lo hemos dejado muy a nuestro pesar… con una mezcla de sentimientos; la sensación de dejar atrás algo que no va a volver, pero la emoción de seguir con nuestra aventura. Hemos hecho amigos para toda la vida de los cuales nos ha costado mucho despedirnos, prometiéndonos volvernos a ver, intercambiando números de teléfono y deseándonos con todos nuestros corazones que todo vaya bien. Como nos dijo Marly, una voluntaria colombiana cuando se fue, “buen viento y buena mar”.

Recuerdo cuando llegamos a Manta por primera vez; llovía a mares, estaba todo embarrado y no teníamos ni idea de como llegar a Santa Marianita. Tuvimos que coger un taxi, que nos dejó en la playa, pero una vez allí seguíamos sin saber como llegar al Donkey Den. Nos tomamos una cerveza en una de las cabañas para protegernos de la lluvia e intentar ver si en alguno de los emails especificaba como llegar. Llegamos empapadas, nos abrieron la puerta Alejandra y Marly, las hermanas colombianas. Conocimos a Juan, el gerente, que era mucho más joven de lo que nos esperábamos, y quien nos llevó a nuestra habitación temporal no sin antes decirnos que esta noche, cenábamos con ellos.

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Parece tan lejano… La primera semana teníamos la sensación de que todo iba muy despacio, pero poco a poco fuimos conociendo a los otros voluntarios y a los huéspedes, conocimos sus historias, jugamos a las cartas, nos reímos a carcajadas y de repente, sin apenas darnos cuenta era 12 de febrero y les decíamos adiós. Las despedidas son muy amargas, y te dejan con un sabor extraño en la boca. En parte sabes que seguramente no os volváis a ver, pero albergas cierta esperanza…

Nos lo hemos pasado genial, y se que vamos a echar de menos a los gatos (Fido y Shorty siempre serán mis amores), las perras, los increíbles desayunos de Mayra y lo bonito que se pone todo al atardecer, sobretodo con la lluvia. Por supuesto, ya que la perfección es muy difícil de conseguir, todo tiene un lado malo, y hemos tenido que tratar con clientes nada agradables que nos han puesto en situaciones incómodas para las que solo hemos podido sonreír y asentir… Además, la dueña del sitio tampoco era santo de nuestra devoción, pero por suerte, las cosas buenas han sido muy buenas y han eclipsado a las malas. Nos vamos contentas gracias a Juan y a los demás voluntarios.16463411_10212331863596318_2089582210830503344_o

Sinceramente, es un buen sitio en el que pasar unas semanas como voluntario; es relajado, el trabajo es fácil y hay tiempo libre de sobra. También por la zona se puede disfrutar de la deliciosa comida del Don Willy II, de las pizzas y copas de Ecuablue (regentado por dos canadienses; Greg y Johnny), en incluso hay un descuento para los voluntarios en la escuela de kitesurf, tengo entendido que el profesor es muy bueno. Manta está a unos 20 minutos y solo cuesta 1$. Además es fácil y accesible llegar a otras atracciones (como el bosque de Pacoche).

Ahora nosotras seguimos con nuestro viaje y dentro de poco tendréis la entrada sobre la siguiente parada. De momento, buen viento y buena mar.

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