Ayampe y Montañita ¿surf y meditación?

Las despedidas son duras, nos fue difícil decir adiós al Donkey Den, pero teníamos que ponernos en marcha si no queríamos llegar de noche al siguiente destino y sin tener ni idea de qué hacer. Íbamos en dirección Montañita, pero nos habían hablado muy bien de Ayampe, que estaba un poco antes, por lo que decidimos pasar allí una noche. Y adivinad qué; se nos hizo tarde y llegamos de noche sin tener ni idea de nada.

Ayampe; el retiro del yoga y la meditación

Nos bajamos del autobús en mitad de la carretera. Eran cerca de las 8 de la tarde pero ya era noche cerrada. Lo único que había era una tiendita y un cartel de madera que decía “Bienvenidos a Ayample, retiro de descanso”, y un camino de tierra sin una sola farola. Nos miramos como diciendo “¿y ahora qué?”, pues nada, cogimos las mochilas y echamos a andar. Al poco nos dimos cuenta que teníamos tres chicos detrás que parecían extranjeros y de nuestra edad. Aliviadas, les preguntamos sobre algún albergue y nos dieron alguna indicación.

Recorrimos Ayampe en cuestión de media hora, preguntando en distintos sitios por habitaciones, algunos no tenían, otros se salían del presupuesto y otros no nos gustaron nada. Por fin, ya un poco desesperadas, nos fijamos que colgaba un cartel de una de las casas que había justo en la playa, parecía un hogar particular, pero el cartel no podía mentir: “HABITACIONES BRISA DEL MAR”. Entramos en lo que parecía ser un salón, y una señora salió a atendernos. No les quedaban habitaciones, pero le debimos de dar mucha pena porque nos dijo que tenía una que no estaba del todo lista, pero que tenía un WC, un colchón y una ducha. Entramos en el cuarto, Ana y yo compartimos una mirada cómplice en la que tuvimos toda una conversación.

-¿Qué te parece?

-Bueno… desde luego no es el Palace, pero no nos queda otra…

Mientras tanto, la señora trajo una bombilla y puso sábanas limpias en el colchón que aun tenía el plástico.

-Está bien, nos quedamos.

Le dejamos hacer y fuimos a buscar algo de cenar. Sorpresa, todo cerrado. Al final encontramos un sitio chiquitín y pedimos dos arenas de queso y aguacate. Al cabo de un rato dos chicos se acercaron preguntándonos si podían sentarse con nosotras. Claro, por qué no. Julian, californiano de familia española con un acento que nos dice que es de Burgos y nos lo creemos, y Rufi, un alemán que también hablaba muy bien español. Nos echamos unas risas y seguíamos alucinadas con el acento de Julian, nos invitaron a pasarnos por su albergue en una hora o así, pero nos quedamos dormidas… Somos unas fiesteras…

Por la mañana, buscamos el restaurante Finca Punta que tanto nos habían recomendado. Un camino entre la jungla, escaleras de madera y unas vistas espectaculares, todo acompañado por los 7$ que costaba el desayuno… Adiós y gracias.

Nos acordamos que habíamos comprado un pan de plátano el día anterior y fuimos a la playa a comérnoslo ahí. Luego preguntamos por las clases de yoga y surf, pero resultó que ya habían terminado y no había más hasta la mañana siguiente… No queríamos quedarnos otra noche ahí porque no había mucho más que hacer y ninguna nos queríamos pasar el día tumbadas en la playa. Decidimos dar un paseo por esta y seguir nuestro camino.

Montañita; cuna de la fiesta y del surf

Nos bajamos del autobús media hora más tarde y nos adentramos en las calles de Montañita. Sí, ese es su nombre real. Palabrita. En seguida la gente te acoge, hay muchísimo movimiento de gente, restaurantes, tiendas y bares. Todos quieren que entres a su local, que te tomes una copa o te compres un collar. Nada que ver con su vecino Ayampe. Encontramos un sitio con opciones ve ganas y nos sentamos a comer y a decidir nuestro plan. Lo primordial: encontrar alojamiento. Entramos en distintos sitios preguntando por las habitaciones hasta que al final nos quedamos en uno que nos cobraba 7$ y tenía un pequeño balcón que daba a la calle.

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El resto del día lo pasamos explorando este sitio tan particular y paseando por la playa. Montañita es famosa en todo Ecuador por dos cosas: la fiesta y el surf. En ese orden. A nosotras nos recordó al típico sitio de fiesta para jóvenes tipo Benidorm o Magalluf pero en tropical. Todo está pensado para el turista, y las calles las ocupan una variedad de personas que van desde musculados bronceados pasando por hippies, a chavales que acaban de terminar de estudiar.

Por la noche exploramos la calle de los cocteles; una calle pequeña abarrotada de puestos de cocteles (quién lo diría), con la música a todo volumen y las copas a 2,50. Nada mal. Nos sentamos en uno de los puestos mientras escuchábamos Despacito y El Amante en bucle saboreando nuestro mojito y daiquiri.

Explorando la comunidad de Dos Mangas

Al día siguiente mientras desayunábamos, se nos ocurrió ver qué más había en Montañita aparte de la playa. San Google y San TripAdvisor nos ayudaron a encontrar una ruta a una comunidad; Dos Mangas, una excursión por una selva hasta unas cascadas o unas piscinas naturales. Preguntamos en un par de agencias que no bajaban de los 35$ por persona… Nos parecía demasiado… Nuestro consejo: Id por libre, coged un taxi o una camioneta por 4-5$ y una vez allí, podéis elegir si vais con guía o no (20$), la entrada al parque son 2$. Pensaréis que mejor sin guía y eso que os ahorráis, pero no. Decidimos contratar guía por si acaso y fue una buena decisión. Nunca hubiésemos llegado a las cascadas sin él. Hubiésemos hecho otro recorrido y a saber si no nos hubiésemos perdido…

Ya os digo yo que sí.

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Con la entrada al parque, incluyen unas botas de agua porque parte de la excursión es por el río. Por dentro. Por el agua. El caso es que no les quedaban de nuestra talla y no pensamos que fuese a ser tan necesario, nuestras botas de acero pueden con todo y además; Goretex. Pues resulta que no son impermeables si metes el pie hasta la rodilla… ja, ja.

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Después de mucho caminar, llegamos a la cascada. Nos fijamos en que había una cuerda con nudos para escalarla, pero no somos Lara Croft ni Katniss Everdeen, nos contentamos con posar en la cascada. Nos remojamos hasta quedar como pasas, y comimos la piña que había cogido Bolivar. Estaba tan fresquita y dulce… Hicimos el camino de vuelta ensimismados en nuestros pensamientos, le dimos las gracias a Bolívar y volvimos a Montañita en una furgoneta (otros 4$).

Si estáis en Montañita y no sois de pasar todo el día al sol en la playa, es totalmente recomendable. Bueno y si lo sois también que es muy divertido.Y merece la pena el guía, de verdad. Sale mejor si el grupo es más grande porque van a seguir siendo 20$, pero aunque solo fuésemos dos, estoy contenta de haber ido con un guía nativo.

No han sido nuestros destinos favoritos, pero creo que en parte ha sido nuestra actitud al respecto. Son sitios chulos si tienes en mente hacer eso. Ayampe es un sitio de descanso y yo creo que si hubiese ido con la intención de aprender yoga y técnicas de meditación, lo hubiese disfrutado. Montañita igual, pero si hubiese ido con otra actitud. También el hecho que no me sentía del todo segura saliendo Ana y yo solas de fiesta después de lo que ocurrió con las chicas argentinas. Aun así, no tiene nada que ver con Ayampe excepto en que para los dos sitios tienes que tener pensado lo que vas a hacer.

El vídeo lo podéis ver justo aquí:

Seguiremos contando nuestras aventuras, que todavía nos quedan muchas…

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