Cuenca, Ecuador.

Por fin, por fin, por fin, por fin dejábamos la playa. Sí, ya se lo que estáis pensando, pero después de un mes, no podíamos aguantar más el calor sofocante de la costa, y aun menos a los mosquitos. El siguiente destino; Cuenca. Al principio nos sonaba rarísimo hablar de Cuenca y que no fuese España, pero a estas alturas ya ningún nombre nos asombra.

Llegamos bien entrada la noche, pero no era muy importante porque nuestro anfitrión de Couchsurfing salía del trabajo a las 11. Tuvimos que hacer transbordo en Guayaquil, y nos pasamos a visitar a Kevin un ratito. Pero eso significó que se nos hizo de noche, y la carretera se las traía…  Al parecer íbamos cruzando las montañas del Parque Nacional de Cajas y era noche cerrada… Fantástico.

Cuenca ha sido hands down, nuestra parada favorita. Entonces no lo sabíamos pero todo lo que tiene esta ciudad que ofrecer es pura magia. El primer día salimos a explorar con Felipe, mientras nos hablaba del pasado colonial. Paseamos por la Catedral Nueva, y la de San Blas, que era la iglesia que señalaba el fin de la ciudad, bajamos al río y deambulamos portada rincón. Conocimos a los amigos de Felipe y por la noche subimos al Turi, un mirador desde el que se ve toda la ciudad.

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Jonnathan y Ana en la Catedral

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Desde el Turi

Por la noche, fuimos a tomar, como dicen aquí en lugar de beber. Había que aprovechar porque el fin de semana había ley seca por las elecciones. Al parecer, mucha gente votaba borracha por lo que ahora el fin de semana de elecciones está prohibido beber y comprar alcohol. SI ERES MI MADRE DEJA DE LEER A PARTIR DE AQUÍ. NO HAY NADA QUE VER. Probamos un brebaje terrible, Ferrari, lo llaman. El horror. El nombre viene a que en seguida te pillas una buena coroza. Te lo sirven en una copa como de daiquiri y lo llenan de no se qué alcoholes, también en otros dos vasos de chupito largo, ponen otros dos licores. Lo flamean, metes la pajita (o el sorbete) y te lo bebes de una tirada mientras la camarera lo va rellenando con los vasos de chupito. Os lo podéis imaginar.

Parque Nacional de Cajas

Nos levantamos con chuchaqui (resaca), pero como buenas turistas que somos, apechugamos y pusimos rumbo al Parque Nacional de Cajas, y dejadme que os diga que mereció la pena. Sin embargo, en ese momento, nos dábamos cuenta de que, efectivamente, la temperatura de la costa no se veía por ninguna parte, y con solo unos leggings, pero todas las capas posibles puestas nos arrepentimos de no haber planeado mejor para las temperaturas frías.

Debido al tiempo (niebla y lluvia), no nos dejaron hacer mucho más que rodear la Laguna Toreadora, pero aunque solo se pueda hacer eso, parece otro mundo. Allí, además, probamos el logro de papa; una especie de puré con papas, queso, aguacate y no se que más pero que nos calentó hasta el alma y estaba realmente delicioso.

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Locro de papa

Pero lo mejor de todo, fue al salir de la cafetería… ¡¡estábamos rodeadas de llamas!! O alpacas… no controlo mucho la diferencia entre ellas, pero qué más da. La emoción era palpable.

 

Ruinas de Ingapirca

Creo que alguien me dijo, o leí en algún blog que si no ibas a Machu Pichu en Perú, una buena y más barata alternativa para ver antiguas ruinas era Ingapirca en Ecuador. Bueno, desde aquí os digo que no.

Fuimos en domingo, el domingo de las elecciones, por lo que no había autobuses directos desde Cuenca (si vas directamente se tarda unas dos horas). Por lo que fuimos a Cañar, y allí cogimos otro que nos dejó en el pueblo y anduvimos hasta las ruinas. En total tardamos más de 3 horas. Y tienes que ir con guía, pero no se paga aparte, creo que la entrada son unos 2$. Y la verdad, es imposible perderse porque hay un sendero, y todo viene explicado en tablas de madera pero oh well.

 

Ingapirca en kichwa significa puerta del inca. Convivían dos comunidades; la cañarí y la inca, adoraban al sol y celebraban las cosechas. Y bueno, es muy interesante, pero es bastante pequeño y no necesitas una caminata de 5 días para llegar, y tampoco te quita el aliento como me imagino que debe ser estar en Machu Pichu.

 

En Cuenca, aprovechamos para relajarnos, beber mucho café y chocolate y disfrutar de la compañía de Felipe y sus amigos. Nos vino bien estar unos días asentadas en un sitio tan bonito…Así se acababa nuestro tiempo en Cuenca, una ciudad absolutamente preciosa, con una clara huella española. Si estáis en Ecuador no os lo podéis perder.

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Podéis ver como fue aquí:

Seguiremos informando!

 

 

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