Bolivia

Bajo el cielo más puro de América; zapateando por Santa Cruz de la Sierra

Cuando viajas a largo plazo, es importante tomarse el tiempo necesario que tu cuerpo te mida.  Es agotador estar continuamente conociendo nuevos sitios, moviéndose y no pasar más de cuatro o cinco días en cada lugar. Al no haber una fecha de vuelta (o que ésta sea relativamente lejana), ir más despacio ayuda mucho a sentirnos a gusto, dedicando días a nosotros, o a no hacer nada más que pasear y relajarte en el hostal, o donde estés alojado. Por eso pasé diez días en Quito, otros diez en Bogotá, una semana en Minca, otra en Arequipa, y en Cuzco, y en otros sitios que han hecho que me quiero quedar más tiempo.

IMG-20170906-WA0017

Encontrar un sitio que te gusta y en el que estás cómodo y tomar la decisión de alargar tu estancia es una de las mejores cosas que tiene el viajar a largo plazo. La libertad de poder quedarte en los sitios cuanto gustes. Sin embargo, en Bolivia iba con más prisa ya que solo me habían dado un mes (en los otros países tenía hasta 90 días), y bueno, estaba un poco agobiada por llegar a Brasil y poder ver algo de este enorme país. Ya tenía el billete de vuelta y me había tenido que organizar un poco el último par de meses.

La historia de Santa Cruz comenzó cuando llegué a Samaipata, un pueblito adorable en las montañas a unas 3 horas de Santa Cruz. Yo llegué desde Villa Tunari en un autobús roñoso a las 3 de la mañana (por suerte nos dejaron quedarnos en el autobús hasta las 6), y me las apañé para llegar al terminalito desde donde salían los colectivos para Samaipata (casi misión imposible). Por fin, a las 10 de la mañana aparcamos en la plaza principal, y a pesar de mi cansancio y desesperación, en seguida me cautivó. Fui a desayunar y a buscar en Google que alojamientos había. Poco después de terminar el café, me puse en marcha a buscar. A los cinco minutos, me encontré con dos chicos llamando a una puerta en la que había un cartel con el nombre del hostal que buscaba, una flecha y un teléfono. Muy amablemente, se ofrecieron a llamar, como no contestaba nadie, quisieron acompañarme. Por el camino, me contaron que su hostal era más barato, así que cambié de opinión y volví con ellos a su hostal.

Pasé el resto del día con ellos, de estas personas con las que enseguida encajas. Fuimos a las ruinas de El Fuerte, y a cenar una deliciosa pizza. Antes de que se fuesen, uno de ellos; Mario, me ofreció quedarme en su casa cuando fuese a Santa Cruz.

-¿De verdad?

-¡Claro! Tenemos sitio de sobra, y así te relajas un poco.

Sin intentar ocultar mi entusiasmo, acepté encantada.

Llegó el jueves y llegué yo a Santa Cruz, algo aturdida por el calor y el estar en una casa ajena, pero rápido se me pasó cuando me enseñó la habitación en la que me iba a quedar. Tenía una cama doble enorme y mi propio baño. No me lo podía creer. También había una piscina en un jardín verde lleno de árboles, pero lo mejor vino rápido: ocho patas, pelo rubio, orejas caídas y unos ladridos de felicidad a todo trapo aparecieron por la puerta. Dos Golden Retriever preciosas; Kahlua y Choca, y Duque, un Yorkshire las seguía con su hociquito, y detrás, otras patas gorditas y torpes se tropezaban por llegar. Canela, una cachorra, hija de Kahlua, de apenas dos meses. ME MORÍ DEL AMOR. Estaba en el paraíso perruno entre tantos lametones y mimos.

Y así empezó mi estancia en Santa Cruz. Me acabé quedando diez días y apenas hice turismo, aparte de pasear un poco por el centro y ver la plaza principal. Han sido días relajados conociendo un lado de la ciudad que no hubiese conocido quedándome en un hostal. Tuve la enorme suerte de conocer a Franz y Mario, de llevarme tan bien con ellos y de que éste me alojase. Qué interesante es la vida y observar las vueltas que da.

Processed with VSCO with c1 preset

Con Freddy y Mario

El cruceño es hospitalario por naturaleza, eso me dijo Franz el primer día cuando les di las gracias por acompañarme a los hostales. Y lo he visto en cada momento que he pasado aquí. Santa Cruz tiene un color especial, como Sevilla. El calor hace que la gente sea más relajada, t

ranquila y parece que todo el mundo está de buen humor. Es la segunda ciudad más poblada de toda Bolivia después de El Alto, y aunque parece que está diseñada para moverse en coche, es muy fácil recorrerla en transporte público. Colorida y con apenas restos de su pasado colonial, brilla con fuerza y vitalidad. La gente tiene otra actitud, se ven diferentes también.

Conocí a los amigos de Mario, que son un popurrí muy curioso de gente de aquí y de allá que han descubierto su amor por la música electró

nica. Todos igual de hospitalarios y con toda la buena onda del universo, hicieron que me enamorase de esta gran ciudad.

Mi plan original era quedarme solo tres o, como mucho, cuatro días en Santa Cruz para ir con tiempo por la Chiquitania hacia Corumbá, en Brasil. Sin embargo, lo fui atrasando porque me daba pereza organizarme, estaba cómoda y la verdad, no tenía ninguna gana de volver a estar sola. Había conocido a un grupo de gente con la que me sentía bien, y me habían enseñado a apreciar un lado de la vida que no sabía que podía ser tan fantástico ¿Y por qué no te quedas unos días más? Tardé en pensármelo menos de lo que tardé en pestañear. Al día siguiente me planté en la oficina de inmigración y media hora más tarde salía con la extensión de 30 días más. No me podía quedar un mes entero, pero sí unos días y no quedarme con ganas de nada.

IMG_20170831_144344

Plaza de Armas de Santa Cruz

IMG_20170831_161411

Creo que he conocido una cara muy alternativa de Santa Cruz, con gente de aquí, aprendiendo sus costumbres y que incluso que se me pegue su acento, el que, por cierto, me encanta. He celebrado su noche, su cultura y su historia de una forma que ha conseguida que me sienta bien, en paz, tenga curiosidad, y que además me quiera quedar más. Disfrutando de su calor y de su gente maravillosa.

La imagen que tenemos de Bolivia en España es tan distinta a la realidad. Antes de llegar me habían dicho cuatro cosas de Bolivia: hace frío en todo el país, no hay wifi y no hay supermercados, y la gente es muy rata y solo buscan el dinero. Y la verdad, nada más lejos de la realidad. Pues como el cuento de que en España es todo sol y cervezas, vete a Burgos en enero, a ver. Sí, La Paz, Copacabana, Uyuni y Potosí son fríos, pero estamos hablando de sitios que están a más de 3000msnm. Entre Sucre y Potosí apenas hay cuatro horas de viaje y en Sucre hace una temperatura ideal, y además es preciosa; la ciudad blanca. Cochabamba también es bastante caliente, y ya Santa Cruz… en septiembre estábamos a 30ºC.  Lo del wifi es relativo de dónde te hospedes. En Copacabana y Uyuni no era genial, pero creo que era más el hecho de ser pueblos pequeños. En las ciudades, en los hostales es relativamente bueno. En Potosí, pude incluso subir un video a Youtube en un par de horas. Lo de los supermercados… pues es que todo se puede comprar en la calle, así que no hace falta. Aun así, en La Paz sí es cierto que apenas vi uno, pero en Santa Cruz hay “harto” como dirían aquí. Y la gente es estupenda. Pues sí, hay maleantes claro, como en todos lados. La gente que yo he conocido me ha ayudado en todo y más, siempre dispuestos a echarse unas risas y compartir todo lo que tienen.

Processed with VSCO with c1 preset

A veces es bueno que le demos una oportunidad a las situaciones aleatorias que puedan suceder por el camino, siempre confiando en nuestro instinto, ya que nos podemos perder un escenario como el que viví yo en Santa Cruz.

Bolivia me tiene ganada, y Santa Cruz completamente atrapada.

 

¡Hasta la próxima!

 

Anuncios

Caminando sobre sal; el salar de Uyuni

 

Perdón por el retraso, me he liado entre unas cosas y otras y bueno, como siempre, voy tarde, pero aquí está la entrada de uno de los sitios que más me ha emocionado del viaje. Espero que la disfrutéis.

*****

Todavía no me puedo creer que este sitio sea real. El mayor desierto de sal del mundo no deja a nadie indiferente y es que ha sido lo que más me ha impresionado hasta la fecha. y con diferencia el mejor tour. Yo no soy muy de tours guiados, y normalmente, si puedo hacer la actividad por libre, mejor porque va a ser más barato y tienes más libertad. Sin embargo, hay sitios a los que solo se puede acceder de cierta forma, es decir, con un tipo de coche específico porque si no, no lo vas a explotar debidamente; uno de estos sitios es el salar de Uyuni.

Hay mil maneras de verlo y otras mil empresas para contratar tours. No hace falta hacerlo con antelación, se puede contratar directamente desde Uyuni (o desde el desierto de Atacama, en Chile) e incluso el mismo día que queréis salir para el salar, pero si no queréis perder tiempo buscando compañías y que os cuenten la misma historia cuarenta veces y/o vais con el tiempo justo, investigad un poco antes.

Yo tomé un autobús nocturno de La Paz. Llegué a Uyuni a las 6 de la mañana y en seguida me despejé del calorcito del autobús. Nada más poner un pie en tierra, un montón de personas se apelotonaron ofreciendo tours al salar, hostales y cafeterías. Aun medio dormida y atolondrada, conseguí escaquearme, pero decidí buscar una cafetería con wifi y explorar mis opciones. Mi idea inicial era pasar esa noche en Uyuni y buscar una agencia para empezar el salar al día siguiente, pero resulta que no salen hasta las 10:30 de la mañana, por lo que decidí ir directamente.  Tras un rápido vistazo en Trip Advisor, y ver cuáles eran las agencias mejor valoradas y que mejor relación calidad-precio tenían, me quedé con tres; Salty Tours, Andean Expeditions y Quechua Connection 4WD.  Salí a preguntar; la primera estaba cerrada y no tenía pinta que fuese a abrir en ningún momento, la segunda me dijo que ya había un grupo de 6, y que entonces me pondrían en otra compañía amiga. Eso no me emocionó mucho, ya me conozco la historia de que por viajar sola te acaban poniendo en otro lado y luego si algo pasa nadie responde. En Quechua Connection me garantizaron que iría con ellos, con sus coches y su guía. Era algo más cara que las otras (180$), pero no quería una mala experiencia. Contraté el tour de tres días y dos noches. Incluía agua en las comidas y sacos de dormir, muy importante porque hace mucho frío en ciertas zonas. Además, me dejaban dejar mi mochila grande con ellos, lo cual fue un plus. Con cualquier compañía, el tercer día si os conviene, os deja en la frontera con Chile

Eran alrededor de las 9 cuando pagué. Todavía tenía una hora y media. Decidí buscar un sitio donde ducharme. Fui a un restaurante que también alquilaba duchas (sí, esto es común en Bolivia), y pagué 15 bolivianos (2€) por 20 minutos de agua caliente. Luego fui a buscar un hostal para cuando volviese, y a comprar el pasaje de autobús a Potosí. Salía a las 6 de la tarde y no quería ir con las prisas ni llegar por la noche, por eso preferí quedarme una noche en Uyuni. Pero vamos, si no es por conveniencia, no merece la pena hacer noche ahí. Es un pequeño y frío pueblo en mitad del desierto, que turísticamente no tiene mucho que ofrecer, pero hay suficientes hostales y restaurantes.

A las 11, conocimos al guía, que nos contó el itinerario de nuevo, y luego nos repartieron en los coches. Éramos 23 personas repartidas en 4 jeeps.  En mi coche éramos Louise de Reino Unido, Simon de Francia, Mia, Diandra y Diego de Canadá, y Omar, nuestro conductor. Era el más jóven, pero el más “salao” de los cuatro conductores. En seguida empezamos a llamarle don Omar como el artista de reguetón. Nos dejó poner nuestra música en el coche y siempre tenía alguna historia divertida que contarnos. Además de los conductores, vienen un guía y un ayudante de éste, que también hacen las veces de fotógrafos.

Día 1: el salar

La primera parada del tour fue el cementerio de trenes. Es curioso como vehículos abandonados se convierten en un atractivo turístico, pero la verdad es que es muy chulo. Es una red ferroviaria que se construyó para trasladar la plata desde Potosí a las otras ciudades de Bolivia. Están todos oxidados y puedes subirte y trepar por ellos.

IMG_5310

El cementerio de trenes

Continuamos el recorrido parando en una comunidad para comprar souvenirs (yo tuve que comprar una cinta de lana, porque perdí mi gorro poco antes de salir… lo encontré una semana más tarde en un bolsillo de la mochila, pero bueno), donde también nos enseñaran el proceso de refinamiento de la sal y un pequeño museo con esculturas hechas en sal.

Seguimos un poco más y de repente estábamos en el salar. Sin darnos cuenta, íbamos conduciendo por kilómetros y kilómetros de un suelo blanco e internandonos en el intenso turquesa del cielo. Paramos en un punto donde los guías nos sacaron unas bicis para recorrer los 3kms que nos separaban del almuerzo a pedales. No se si otras compañías hacen eso o no, pero fue una auténtica pasada.

IMG_5328

Almorzamos protegidos del viento por los jeeps y luego tuvimos tiempo de explorar el hotel de sal. Efectivamente, el primer hotel hecho enteramente de sal (creo que ahora hay otros, pero ese se lleva el título de pionero). Ojalá hubiésemos podido ver las habitaciones… Con algunas compañías, se pasa una noche ahí, con esta no, para que lo tengáis en cuenta.  También a unos pocos metros está el monumento al dakar, flanqueado por banderas de distintas partes del mundo. Mia y Diandra encontraron la de Canadá, buscamos la de España en vano, pero encontramos la estelada y la de Asturias, lo cual me hizo infinita ilusión (mi familia veranea en Asturias desde hace más de 60 años) ¡puxe Asturies!

Luego llegó el momento que todos esperábamos; las fotos con perspectiva. Los guías y conductores venían totalmente preparados para este momento y tenían juguetes, botellas de vino y cerveza, latas de Pringles y más atrezzo. Lo primero que hicimos fue grabar un vídeo, la idea era la siguiente: la lata de Pringles era una discoteca, el otro guía era el puerta y entonces nosotros entrábamos fingiendo pagarle. Al cabo de unos segundos más tarde, salíamos todos borrachos y bailando. Nos costó un poco entender el concepto y organizarnos, pero quedamos muy contentos con el resultado final ¡Una pena que no os lo pueda enseñar!

Luego, sacamos fotos en grupo, haciendo todo tipo de cosas, y por último fotos individuales o por parejas. Fue súper divertido, los guías sabían perfectamente lo que hacían y tenían muy buenas ideas. El tiempo pasó volando, y aunque todos conseguimos las fotos ¡parecía que no fue suficiente! Un truco: estas fotos salen mejor con el móvil. Con la cámara no se consigue bien esa perspectiva.

21272768_10155113858558871_1075672607520413052_o

 

Siguiente parada: la Isla Incahuasi, popularmente conocida como isla de los pescadores y actualmente como Isla de los Cactus. Este último nombre es bastante obvio; la isla está llena de cactus gigantescos y muy gordos, esta variedad de cactus al parecer solo crece un cm al año por lo que llevan ahí cienes y cienes de años.  La entrada a la isla se paga aparte y son 30 bolivianos (cerca de 4€).

IMG_5369

Explorando la Isla Incahuasi

Dejamos la isla, y fuimos a otra; Pia Pia. Tiene una cueva enorme que hace miles de años era una burbuja de aire que se había formado de la lava de algún volcán de alrededor. Vimos el atardecer desde ahí y luego bajamos al salar de nuevo para sacar más fotos con la preciosa luz del atardecer que había teñido el cielo y la sal de rosa y morado.

Una hora y media más tarde, llegamos a nuestro primer alojamiento. Cenamos sopa y pasta con barra libre de agua caliente para tés, mates, café o chocolate y luego nos recogimos en nuestras respectivas habitaciones. Yo dormí con los chicos canadienses al calor de un pequeño radiador que decidimos alquilar por 20 bs. En este sitio había enchufes y ducha. En la agencia dijeron que el agua era templada, por lo que optamos por no probarla. Hacía demasiado frío como para pensar en quitarse la ropa. Corriendo nos metimos en los sacos y rápido planchábamos oreja.

Día 2: lagunas de colores

Nos levantamos muy temprano, a las 6:30 tomamos el desayuno y continuamos con el recorrido. Condujimos un buen rato en el coche hasta llegar a unas vías de tren, donde nos hicimos unas fotos con perspectiva, reflejándonos en el acero de ésta.

Poco después, aparcábamos en un “museo de rocas”, o algo así. Tenían formas curiosas y eran de un color rojizo muy vibrante. Nos dejaron explorar a nuestro antojo para luego ir a comer cerca de una laguna preciosa. Formaron una especie de “muro” con los jeeps para protegernos del viento y tomamos nuestro rico almuerzo. En este punto, los flamencos nos dedicaron un show privado, sin embargo, eso no fue nada comparado con la conocida como Laguna Hedionda debido al olor que desprende por el azufre. Eso fue una auténtica pasada. Nos contaron que ahora es invierno y estos son los rezagados que no se han ido, pero en los meses más cálidos hay miles y miles, tanto que apenas se ve el agua.

20863408_10213564810775698_1336687689302126192_o

IMG_5477

Laguna Hedionda

Continuamos el viaje, y no podíamos dejar de alucinar. Cada kilómetro era aun más impresionante que el anterior, y se notaba la fuerza del viento sacudiendo a los jeeps. Nos acercábamos a los 5000m de altura, había nieve a los lados y nos sentíamos insignifcantes. Llegamos a la famosa Laguna Colorada, y sí, se llama así porque realmente es colorada debido a un tipo de alga que habita dentro. Allí tuvimos que pagar 150 bolivianos para entrar al Parque Nacional Eduardo Avaroa, y esto no es como la Incahuasi que es opcional, si no pagas, ahí te quedas. Seguimos hacia unas fumarolas que son tan impresionantes como las de Islandia, pero hacía tanto viento y frío que apenas aguantamos 5 minutos fuera.

Y ya por fin, muertos de frío, fuimos a nuestro nuevo alojamiento. Cenamos (¡con vino!), salimos a ver las estrellas y el guía nos dio una explicación rápida de dónde estaba la Cruz del Sur, y distintas constelaciones, incluida la llama. Aguantamos poco, a pesar que la charla fuese muy interesante, pero poco sabíamos que poco después íbamos a tener una clase casi privada de astronomía.

-Que levante la mano los que quieren venir a las aguas termales

Seis personas levantamos la mano. Todos los de nuestro coche. Un par de manos tímidas se alzaron. Al final éramos unos 10.

-En 20 minutos salimos. Podéis quedaros una hora, os recogemos en coche, si queréis estar más, os las apañáis para volver.

¿Quién va a querer volverse andando con este frío? Pensamos todos. Salimos a los 20 minutos y recorrimos los 300m que nos separaban en los jeeps. Al salir del coche, muchos dijeron que no, que hacía demasiado frío y que no se querían meter en el agua. Así que nos quedamos nosotros, con Lucho, el guía y un par de conductores más. Don Omar no quiso (o pudo) meterse, para nuestra decepción… Nos quitamos la ropa y dando gritos del frío fuimos saltando hasta el agua. Poco a poco nos metimos, ya que aunque nos estábamos congelando fuera, dentro estaba muy caliente. Uff… Qué sensación…

Descorchamos el vino de pata de elefante que compramos esa mañana y en breves nos lo terminamos. Entre risas, Lucho sacó una botella de Coca-Cola que ya había mezclado con ron. El cielo era increíble, las estrellas brillaban con fuerza por la ausencia de la luna. Lucho no paraba de prometer que iba a salir en cualquier momento, pero no pasaba nunca. Hasta que pasó. En el horizonte, vimos una luz  dorada que asomaba. La luz se convirtió en una luna creciente enorme, que tímidamente fue asomándose hasta quedar totalmente expuesta. Alucinamos. Se hizo el silencio un momento. Nadie se atrevía a hablar… Ninguno habíamos visto a la luna salir. Normalmente, de repente miras y ya está ahí cuando aún hay luz generalmente. Y el sol, si madrugas lo suficiente, lo puedes ver tranquilamente, pero ¿la luna? Fue realmente mágico.

Pasó una hora, y otra, y otra. Los guías ya se habían ido, y el último coche que nos llevaría al refugió también. Decidimos quedarnos. El pelo detrás de la cabeza que se había mojado estaba completamente congelado, y no podíamos apenas sacar las manos, aunque a veces nos retábamos a ver cuánto aguantábamos fuera, pero empezamos a hablar y no pudimos parar. Hablamos de todo y de nada, de qué queríamos hacer con nuestras vidas, de amores, de sexo, y el universo. Arropados bajo las estrellas, y el agua caliente, animados por el alcohol y aun alucinando por el haber visto la luna, derrumbamos los muros que había entre nosotros y no nos callamos hasta que a la una y media de la mañana optamos por salir y volver al refugio. Para mi sorpresa, y para arruinar un poco el momento, me habían robado las chanclas y la toalla. Quiero pensar que fue un fallo honesto y que alguien se las llevó pensando que eran suyas ya que no había luz… Pero si no lo fue… Espero que esa persona tenga una diarrea de varios días. Mia me dejó su toalla y pude secarme, pero tuve que caminar en calcetines, húmeda y sin apenas ropa.

Por suerte, los sacos de dormir que nos habían dejado eran muy buenos; gustositos por dentro e impermeables por fuera y no pasé apenas frío por la noche, y por suerte ese día nos dejaron dormir un poco más que el día anterior.

Día 3: la despedida

Nos despertó un buen desayuno de tortitas y dulce de leche. La verdad es que este ha sido el primer tour que hago en el que la comida me satisface, no solo en cantidad, si no en la variedad para vegetarianos. Por la mañana fuimos a lo que llaman Museo de Dalí, no porque el artista haya estado nunca por esos lares, si no por la forma de las montañas, dicen que recuerda a sus obras. Y bueno… Si lo piensas muy intensamente supongo que sí. Tristemente, de este día apenas tengo fotos porque en el último refugio no había electricidad (funcionaba con un generador) y no pude cargar la cámara.

Poco después, llegó el momento en el que nos separábamos. Los que se iban a Chile iban por un lado y los que volvíamos a Uyuni por otro, sin embargo, no eran un número par, por lo que nuestro coche fue hasta la frontera aunque solo iban a Chile Mia, Diandra y Diego. Pudimos pasar más tiempo juntos en el coche, bailando los temazos de los 90. Nos despedimos con abrazos y deseos de buena suerte y muchos ánimos. Louise, Simon y yo volvimos al coche para ir a almorzar. Ese día se levantó un viento fortísimo, como no lo habían tenido en 40 años nos dijeron. Apenas se podía caminar y toda la arena volaba, impidiendo abrir los ojos o la boca…

Después de comer nos llevaron a una especie de laguna preciosa, pero la verdad es que estábamos todos helados y ya con ganas de tomarnos una ducha caliente. Llegamos a Uyuni sobre las 6 de la tarde. Me despedí de Simon, y con Luise quedamos en encontrarnos en un restaurante que nos habían recomendado para la hora de la cena, ya que su tren a Argentina no salía hasta las 10 de la noche.

IMG_5543

El restaurante se llama Minute Man, y es totalmente recomendable. Es más que nada una pizzería, también tienen algún plato de pasta y desayunos hasta las 10 de la mañana (al día siguiente fui más tarde y ya no servían…). Es algo más caro que la media boliviana, pero si queréis daros un capricho, es muy buena opción Está dentro del hotel Torito.

Acompañé a Louise a la estación, nos despedimos y nos deseamos lo mejor en nuestros viajes. Jopé, esto de despedirme de tanta gente se está haciendo algo cansado… Es increíble la de gente que hay por el mundo con la que encajas bien. Con los cinco tuve una conexión muy bonita, y durante el viaje he conocido a muchísima gente que se que si viviésemos cerca, seríamos muy buenos amigos… Pero bueno, me llevo la alegría de conocerlos, y una excusa para viajar más 😉

****

No podéis perderos esta maravilla, tanto si estáis en Bolivia como si estáis en Chile. Investigad bien las empresas, porque aunque en general, todas hacen lo mismo y van a los mismos sitios, el trato al cliente, la seguridad del coche, la comida, etc., puede variar. Yo confié en las opiniones de Trip Advisor, y salí super satisfecha.

Disfrutad mucho y protegeos del frío,

IMG_5423

¡hasta la próxima!

 

Explorando La Paz

Ahhh La Paz, una ciudad súper interesante. La capital más alta del mundo a unos 3625msnm, aunque Potosí está a más altitud. La primera impresión es una mezcla entre incredulidad (si vienes de el aeropuerto o si el autobús pasa por El Alto), para poco más tarde pensar que es caótica y disfuncial. Nada más lejos de la realidad, una vez que te adentras en sus calles, te das cuenta de que es muy cosmopolita, con un poco de cada parte del mundo, y no se puede negar su belleza cuando subas al teleférico.

Parece que no hay mucho que hacer, y en general, la gente no le suele dedicar demasiado, sin embargo, si buscas bien, te va a faltar el tiempo. Yo llegué por la tarde noche, por lo que ese día me dediqué a llegar al hostal, cenar y dormir. Pero al día siguiente decidí hacer el Free Walking Tour. El Tour empieza en la Plaza de San Pedro, cuyo nombre oficial es Plaza de Sucre, pero nadie la conoce así. En esta plaza, se encuentra la famosa cárcel de San Pedro, una prisión muy particular. No quiero espoilear mucho, por eso os recomiendo el libro Marching Powder de Rusty Young. No está en español porque al parecer Brad Pitt ha comprado los derechos para hacer una peli, y no lo queire en español… pero bueno, si entendéis inglés es muy interesante para ver como funciona la prisión. Es la historia real de un inglés al que pillaron pasando cocaína en Bolivia y le metieron en esa prisión.

IMG_5195

Una calle de La Paz

Recorrimos el mercado Rodríguez y el de las brujas. El primero es un mercado de la calle, donde se compra de todo. En La Paz apenas hay supermercados porque todo se encuentra en la calle. El segundo, es el antiguo mercado de las brujas aymara, ahora más turistificado, pero aun así interesante. Venden fetos de llamas y alpacas (tienen que haber muerto de forma natural), y todo tipo de pociones.

IMG_5197

Comienzo del mercado de las brujas

Fuimos a la plaza de San Francisco, donde está la iglesia del mismo nombre. Es muy curioso porque en la fachada de esta hay relieves de Pachamama y otros dioses aymara, en un intento de los españoles de convencer a los nativos de que fueran a misa. Dentro también hay espejos que los españoles colocaron, contando a la gente que así podían ver su alma…

En esta plaza está el mercado Lanza. El mejor para tomarse un jugo y un almuerzo a un precio muy razonable.

IMG_5199

Fachada de la iglesia de San Francisco

Terminamos el tour en la Plaza Murillo, la plaza donde se encuentra el Palacio Judicial y el Presidencial. En el centro de la plaza, hay un un busto de Gualberto Villaroel, un presidente que tras un malentendido fue brutalmente asesinado en el ahora conocido como Palacio Quemado, y colgado de una farola de la plaza. Poco más tarde, los ciudadanos se dieron cuenta de que mataron al buen presidente, y erigieron un busto conmemorandolo. Hay que tener cuidado con los paceños…

IMG_5206

Fachada del Palacio Quemado

Por la tarde, fui, junto con los tres chicos vascos que conocí en el tour, al mirador Laikakota del Parque Metropolitano para ver el atardecer, pero cuando llegamos estaba cerrado… aun así la luz a esa hora era preciosa, y pudimos sacar algunas fotos muy bonitas desde el puente que conecta la ciudad con el parque.

IMG_5201

Vistas de La Paz desde el Parque Metropolitano

Subir al teléferico es obligatorio. Cerca del barrio de Sopocachi (el barrio donde mestaba alojando yo) está la línea amarilla, que te lleva al barrio de San Miguel, que al parecer es muy bonito, pero cuando fui estaba en mantenimiento. Cogí la línea roja hacia El Alto. Fue una pasada. Además, recorrer esa zona es toda una aventura. Es la segunda ciudad más poblada de Bolivia. Efectivamente, aunque pertenece al área metropolitana de La Paz, es una ciudad independiente.

 

Fuera de la ciudad hay montones de excursiones. Está el Chalcataya, que antiguamente era la pista de esquí más alta, y es un buen aclimatamiento para subir al Huayna Potosí. No se si puede ir por libre, pero hay tours que combinan esta montaña con el Valle de la Luna. A este último sí se puede ir por libre, solo hay que coger unos autobuses amarillos en la calle principal (Prado) que vayan a Mallasa. El sitio lo ves en menos de una hora y cuesta 15 bolivianos (apenas 3€). Es muy interesante, las formaciones rocosas son muy chulas, pero es curioso porque está como en mitad de un barrio bastante elegante de La Paz, entonces ves las casas desde el valle.

 

También está el Valle de las Ánimas en esa dirección. Mucho más impresionante y grande que el anterior. Desde la ciudad, hay que coger unos autobuses amarillos que salen desde el Mercado Camacho, y una vez en Chasquipampa (la última parada), coger unas furgonetas que ponen UNI. Es muy impresionante, pero tened cuidado cuando vayáis, y mejor ir con gente. Yo me perdí y bueno, tuve un problemilla con unos perros locales…

 

Y actividad obligatoria; la carretera de la muerte. Sí, es algo caro, pero merece la pena un millón de veces. Yo lo hice con Barracuda, y me costó unos $90. Hay otras empresas más baratas como Madness o Ride On, o más caras (Gravity). Todo depende de vuestro presupuesto, pero aseguraos de que os dan ropa adecuada, que las bicis están en buen estado y la suspensión funciona bien. El casco con Barracuda es normal, con otras empresas es de toda la cara tipo de moto, pero entonces no puedes oír cuando otros ciclistas adelantan o a los coches. Con Barracuda nos dieron agua ilimitada, snacks, nos hacían fotos durante todo el camino, y al final nos llevaron a una piscina donde también pudimos ducharnos y disfrutar de una comida tipo buffet, y por supuesto una camiseta de haber sobrevivido la carretera. No da tanto miedo como anticipa su nombre, aunque sí que hay alguna parte algo más peliaguda, y hay que ir con cuidado, pero no tiene por qué pasar nada.

Y para terminar, si sois unos buenos frikis de Harry Potter como yo, que no falte la visita al Avada Kadavra Café Tenebroso. Efectivamente, señores. En pleno barrio Sopocachi, se encuentra esté restaurante/cafetería con temática de Harry Potter. Yo pedí un brownie y un jugo de calabaza y fue regular, pero la decoración se la han currado. Está siempre lleno, así que igual hay que esperar, pero es divertido. Puedes incluso hacerte fotos con unas túnicas que tienen. El baño fue lo mejor.

 

 

Espero que os sirva si venís a esta ciudad tan curiosa,

¡Hasta la próxima!

 

 

Entrando en Bolivia; el lago Titicaca

¡Ya estoy en Bolivia! Qué diferencia con todo lo que había visto hasta ahora… Pero bueno, al grano; llegar al lago Titicaca (que, por cierto, tiene la misma dimensión que la Comunidad de Madrid ¡qué locura!) fue relativamente impresionante en Perú, por la cosa esta que dicen que es el “lago navegable más alto del mundo”, sin embargo, llegas a Puno y dices “ah… pues ok”. Sin embargo, en Copacabana, Bolivia, el lago es otra historia.

Si tenéis tiempo, cruzad la frontera, se tarda apenas unas 3 horas, y aunque les duela a los peruanos, el Titicaca boliviano es más impresionante. Compré mi pasaje de autobús para Copacabana desde Puno para las 6 de la mañana del día siguiente. Preguntad precios en el terminal antes de comprar; aprended de mis errores. Me vinieron a buscar al terminal muy rápido y no pude preguntar, luego paseando por la calle en Puno vi una agencia y la señora me prometió recogerme en el hostal y que por eso era algo más caro. Me pareció razonable. Bueno, pues no. Pero eso es una historia que me enerva, así que me la voy a saltar. Continuemos.

Es mejor de todas formas salir temprano de Puno porque al parecer la frontera se llena y puede ser algo tedioso. En el autobús te dan una hojita para rellenar que luego tienes que dar en migración. Antes de llegar a la frontera, a unas dos horas de Puno, paramos en una casa de cambio. Yo decidí cambiar solo unos 150 soles a bolivianos, porque no me fiaba, y cambiar el resto en Copacabana o en La Paz, en un sitio donde tuviese escrito el tipo de cambio (ahora mismo está a unos 8.1 bolivianos por euro). En cinco minutos llegamos al final (o principio) de Perú. Hay que ir a la oficina, entregar la tarjeta que te dan al entrar al país, te sellan el pasaporte y luego caminas 200 metros hasta Bolivia y repites el procedimiento. Entregas el papel, te dan una parte que hay que guardar hasta el final, sin preguntas te sellan el pasaporte y voi-là! Ya estás legalmente en Bolivia.

IMG_5113

Atardecer en la playa de Copacabana, guardada por los dioses del Sol y la Luna

Volvimos al autobús y en 10 minutos llegamos a Copacabana. Es un pueblito pequeño, con un curioso balance entre el turismo y la cultura local, según más cerca estés del lago. Hay infinidad de hospedajes que varían en calidad y precio, así que no hace falta reservar nada. Después de pasear un rato y preguntar en tres sitios, me decanté por el Hostal Academia. No fue la mejor opción, pero tuve habitación privada (con cama doble) por 40 bolivianos (menos de 5€), agua caliente (que es mucho pedir) y wifi (que también).

El resto del día lo pasé deambulando por el pueblo. Hay una catedral y un mirador, a los que iba a ir y al final no fui (cosas de la vida), pero aun así me pude entretener. Hay una playita muy mona, donde se puede almorzar muy barato si no se quiere ir a los restaurantes turísticos. También decidí qué hacer al día siguiente. No sabía si coger un tour a la Isla del Sol y de la Luna y volver por la tarde a Copacabana, o si pasar la noche, ya que la parte norte de la isla estaba cerrada desde hacía cinco meses. Al final decidí pasar la noche en la Isla del Sol y decidir el ir a la Isla de la Luna al día siguiente desde la del Sol. El pasaje en barco son 20 bolivianos, pero si sois más de uno lo podéis comprar por menos. Tarda al rededor de una hora y media en llegar a Yumaní (la comunidad del sur de la isla).

En aymara, la isla es la que dio nombre al lago; Titi’kaka significa puma de piedra.  Se dice que el primer inca, Manco Cápac, es el hijo de las deidades del sol y la luna (las dos islas del lago).

IMG_5154

Yo siendo una topa

IMG_5165

Vistas desde uno de los miradores

Decidí ir en el barco de las 13:30, pero me arrepentí en cuanto llegué. Aunque paséis la noche, creo que compensa ir en el de las 8:30 de la mañana, a pesar del madrugón. Es una isla preciosa y se pueden hacer montones de caminatas, incluso solo en la parte sur. Es mejor que dejéis las mochilas grandes en Copacabana, ya que nada más llegar al puerto hay que subir unas escaleras bastante empinadas. A medio camino está la Fuente del Inca, donde se puede rellenar las botellas. En el pueblo hay montones de hospedajes, yo después de caminar un rato me decanté por el Hostal Puerta del Sol, tiene unas vistas impresionantes, estaba muy limpio y era muy acogedor.  Una vez dejé mis cosas, me fui a explorar un poco. Desde mi hostal se veía otra playa y otro puerto, pero no me apetecía subir una vez abajo, así que me fui hacia uno de los miradores, atravesando un pequeño bosque de eucaliptos. Alucinar es poco. Era como estar en el Cap Formentor en Mallorca (con algo más de frio). El agua del lago es de un azul tan intenso como el Mediterráneo, y es tan grande que no ves el final.

IMG_5137

Después de pasar un rato haciendo el canelo, aprovechando que estaba sola en el mirador, fui caminando hacia el otro, siguiendo la parte alta de la isla para ver el atardecer. El cual, me impresionó aun más de lo que ya estaba. Allí me encontré con Andrea y Justine, dos chicas francesas que conocí en Aguas Calientes. Estuvimos ahí hablando y esperando al atardecer hasta que se hizo de noche.

IMG_5179

Atardecer en la Isla del Sol

IMG_5180

El otro lado

Como luego ya era de noche y no estaba segura si sabría volver a mi hostal, preferí volverme a tiempo y cenar ahí la comida que me había traído y leer en la cama hasta que llegase el sueño.

No se por qué tenía la sensación de que mi hostal estaba muy lejos del puerto de Yumaní, supongo que fue porque tardé en encontrarlo y caminé bastante por la isla con la mochila. Pero madrugué pensando que tardaría bastante en llegar, pero no tarde ni veinte minutos. Tenía una hora y media que matar, así que desayuné en el hotel del puerto y robé un poco de wifi.

Poco después de llegar a Copacabana, cogí un autobús en la plaza con dirección a La Paz. El viaje son unas 4 horas, más o menos, sobretodo porque hay un momento del viaje, en el que todo el mundo se tiene que bajar, y comprar un pasaje de barco por 2 bolivianos. Mientras nosotros cruzamos el lago en un barquito a motor, al bus lo suben a una plataforma para que cruce también. Me pareció super gracioso ver un autobus enorme en esas tablas de madera surcando el lago ja,ja,ja, Luego hay que esperarlo durante un rato.

IMG_5189

Los autobuses cruzando el lago en las plataformas de madera

Por fin, cerca de las 6, llegamos a La Paz. Fui directa al hostal, y no salí hasta el día siguiente. Pero eso, para otra entrada. Espero que os guste u os sirva, y que os animéis a cruzar a este lado del lago si estáis por la zona.

 

¡Hasta la próxima!