Experiencias

Vegetariana recorriendo Sudamérica ¿se puede?

Cinco meses y medio después de viaje y de haber pasado por Ecuador, Colombia y ahora (estando en) Perú puedo hablar del tema del vegetaranismo con seguridad. Parece que en Sudamérica y Latinoamérica en general se come muchísima carne, o por lo menos es lo que ocurre en estos tres países (aunque la gente que he conocido de Argentina también me han confirmado este hecho). Además, la comen para desayunar, comer y cenar, prácticamente todos los días de la semana, por lo que a simple vista, puede parecer algo complicado el viajar siendo vegetariana o vegana, pero nada es imposible. Solo se necesita convicción, ganas y saber dónde buscar.

IMG_2348

Frijoles, arroz blanco, ensalada y una sencilla y feliz hamburguesa de quinua con zanahora (Baños, Ecuador)

Dejé la carne y la leche de vaca hace unos tres años, el pescado hace uno y estuve unos meses intentando evitar cualquier producto que viniese de animales, otros derivados lácteos y demás. En casa, obviamente, todo es más fácil y no resulta complicado el saber qué nutrientes comes y como suplir lo que no dan los productos animales. Sin embargo, viajando he tenido que claudicar en algunos aspectos. Sudamérica es desde luego un desafío, pero se puede hacer sin morir en el intento. Voy a contaros mi experiencia, pero espero no ofender a nadie, ni de un lado ni del otro. Es un tema muy personal y ni yo juzgo a nadie, y espero que nadie me juzgue.

Pero vamos al lío; aquí (Ecuador, Colombia y Perú), al menú del día lo llaman almuerzo. Cuesta entre 1 y 4€ aprox. Suele consistir en una sopa de primero, y de segundo; arroz, frijoles, algo de ensalada, a veces yuca o patacones (plátano frito más o menos) y carne. Hasta ahora, normalmente, pregunto de qué es la sopa, hay veces que hay suerte y es de vegetales o tubérculos y otras que es de carne. Si no se ha cocinado con carne, pregunto si en el segundo plato pueden servirme el plato normal, pero sin la proteína. Casi no he tenido ningún problema para que no me pongan la carne, y en su lugar, sirven más patacones, aguacate o algo así. Otras veces, sin preguntar, pondrán un huevo frito. Yo he vuelto a tomar huevo, pero si no queréis; especificad antes que tampoco tomáis eso.

IMG_1564

Un menú en un restaurante vegetariano (Guayaquil, Ecuador)

En general, en la mayoría de hostales para mochileros hay cocina relativamente bien equipada, y aunque no se consuman muchas verduras, en los mercados locales abundan a precios muy baratos, por lo que podéis cocinar sin problema. Los frijoles se venden a granel. Obviamente, si cocináis no tendréis ningún problema, pero sí que es más difícil encontrar sustitutos de la carne como tofu o seitan… Igual en las tiendas naturistas (herbolarios de toda la vida), pero serán algo caros. Aunque no temáis, pues la quinua, la chía y la linaza se encuentran súper fácilmente y a unos precios que harán que queráis llevaros todas a España. Pero los frutos secos son caretes, excepto los cacahuetes (yo hago mi propia mantequilla de cacahuete y está híper rica, sin químicos ni aceite de palma).

Otra cosa cara; las leches vegetales. En Colombia a veces tenían el litro de leche de soja por unos 3€, pero no es lo normal, y de todas formas, no suele compensar, ya que nunca pasas el suficiente tiempo en un mismo sitio como para acabarla, y se pone mala por el camino. Si me quedo una semana o más, suelo comprarla. Pero la verdad es que ya me he acostumbrado a tomar el café solo (el tinto que llaman en Colombia) y los copos avena los cocino en agua en vez de leche. Sin embargo, la panela (o caña de azúcar) es muy barata, por lo que es un buen momento de dejar el azúcar refinado por algo más natural. Pero bueno, siempre podéis hacer vosotros la leche con avena, almendras, alpiste, o lo que sea. En Perú, encontré leche de soja enlatada a un precio muy normal. Me emocioné tanto que la compré sin pensar. Luego, al leer los ingredientes, casi me da algo de la cantidad de azúcar blanco que llevaba.

Os hartaréis (o no, en realidad, yo nunca podría hartarme) de tanta fruta. Hay muchísimas, o sea solo el plátano tiene como mil variedades. Por ejemplo; hay un plátano que es más grande y ese no se considera fruta, se cocina, y se divide en guineo, maduro y verde, depende de su grado de madurez. Los maduros son más dulces. El “normal”, aquí lo llaman banano, y los hay enanos que son muy dulces y otros rosas. Yo flipo. Papaya todos los días. Y qué papayas. Unas chirimoyas del tamaño de todo el continente (las grandotas se llaman guanábanas). Hay tomates de árbol (sí, el que le puso el nombre se lució), y lulos que hacen los mejores jugos después del maracuyá. Y una de mis favoritas, las granadillas. Las enseño en el vídeo de San Andrés. DELICIOSAS. Ah, y las naranjas son verdes y no se llaman verdes (no me matéis, je). Con todas estas frutas, se pueden hacer infinidad jugos y los que venden en la calle son entre 1 y 3€, pero acordaros de decir “sin azúcar”, porque le ponen muchísimo.

IMG_1631

Jugo de durazno (Guayaquil, Ecuador)

El queso también lo usan muchísimo, pero no hay queso como el queso Europeo, así que se puede vivir sin él sin problema, pero cuidado con el pan, porque, sobretodo en Colombia, casi todo está relleno de queso. Los buñuelos, hay empanadas, el pandebono, las almojábanas, etc. Por supuesto todo frito y súper sano. En Colombia y Ecuador también le ponen queso al chocolate caliente, pero solo si lo pedís expresamente.

IMG_2861

Almojábanas  (Chía, Colombia)

Un tema interesante es el de la ganadería; se ve mucha ganadería pequeña. Familias que crían ellos sus vacas, chanchos y gallinas, consumen de sus animales y lo que sobra lo venden en los mercados locales o a los vecinos, por lo que es muy distinto, ya que solo se cría lo que se consume. En la comunidad en la que nos quedamos en la selva, pescaban mucho porque no tenían ganado, pero solo pescaban lo que iban a comer en el día. Allí me ofrecieron y me lo pensé, pero en realidad no quería comer un animal aunque hubiese sido conseguido de forma sostenible y responsable.

Creo que no es tan difícil si os buscáis un poco la vida. Comer fuera a veces puede ser un poco pesado, ya que no siempre te hacen el apaño, y veces que ni se les ocurre y te preguntan “¿vegetariano? ¿como qué?”. Importante señalar que digáis siempre vegetariano, o especifiquéis todos los tipos de carne, porque a veces solo llaman carne al res y al cerdo, pero no al pollo o pescado. Lo mejor es la aplicación Happy Cow, en más de una ocasión me ha salvado y hay veces que hay sitios donde menos te lo esperas. En Colombia por ejemplo, hay una comunidad muy grande de Hare Krisnas y tienen restaurantes repartidos por todo el país. Y bueno, si cocináis vosotros, pues ningún problema.

Puedo colgar alguna recetilla también si queréis 🙂

Y si todo lo demás falla, siempre quedarán las humitas ❤

 

¡Hasta la próxima!

Una semana en el Caribe; San Andrés

IMG_3212

Si os digo la verdad, nunca había oído hablar sobre la isla de San Andrés hasta que mis amigas Leanne y Sophie me propusieron el plan cuando aun estábamos en Santa Marianita, Ecuador. Apenas unos días antes de que ellas dejasen en Donkey Den me preguntaron si quería reservar los vuelos que desde Bogotá estaban muy baratos (60€ ida y vuelta). Busqué en Google, me gustó lo que vi y compramos los billetes para un mes y medio más tarde.

El 24 de marzo estábamos las tres en Bogotá, impacientes por llegar y con una emoción tan palpante que no podíamos aguantarnos. Llegar a la isla es fácil y  no demasiado caro, pero como extranjeros hay que pagar un impuesto antes de entrar de 99 mil pesos, es decir, unos 33€, que ya está bien. Creo que es más barato volar desde Cartagena pero bueno, eso ya depende de lo que le convenga a cada uno.

Nos alojamos en el Blue Almond Hostel, que aunque los dueños no nos cayesen muy bien, creo que es una de las opciones más asequibles a unos 15€ la noche. Hasta la fecha, ha sido el alojamiento más caro desde que dejé Madrid.

La isla mide apenas unos 30kms, por lo que es fácil recorrerla. Se pueden alquilar bicis, motos o carritos de golf, pero tened cuidado con esto último, porque hay tanto los caddys normales, que van a cero por hora, o unos Kawasaki que van a más velocidad y en general, son más cómodos. Alquilar una bici son 25.000 pesos al día (8€), una moto 60.000 (20€) y el Kawasaki unos 180.000 (60€).

Muy bien, basta ya de datos útiles y vamos a lo divertido; cómo ha sido pasar una semana en el Caribe. Pues duh, increíble. Nunca había estado, y tampoco había visto tantos azules distintos en el mar, ni esos tonos, ni la arena blanca que no se por qué no quema, ni nada parecido. Lo primero que notamos fue el calor. Llamadme idiota pero me esperaba un calor agradable, no un horno achicharrador, pero una está en el Caribe y se aguanta. El último día ni podíamos estar al sol, ni caminar, porque dolía demasiado.

A pesar del pequeño tamaño de la isla, es imposible aburrirse, y si os aburrís, cogéis un barco o avión a Providencia, la isla de al lado, y todo arreglado (el barco o avión desde San Andrés a Providencia son unos 300.000 o 500.000 pesos). Todos en la isla hablan inglés, y de hecho es el idioma principal, pero no os agobiéis si no se os da bien porque también hablan español 🙂

Rocky Cay: Uno de los cayos de la isla, se puede ir en autobús desde el centro por 2000 pesos, o si no, al dar la vuelta a la isla en caddy o moto o lo que sea se puede acceder fácil y no tiene ningún costo de entrada. Agua cristalina que no cubre más de la cintura te guía hasta el cayo, al que se puede caminar perfectamente. Se puede pasar el día, ya que hay palmeras que dan sombra y restaurantes cerca no muy caros, pero la verdad, yo recomiendo o llevar la comida hecha del alojamiento, o comer fruta y aperitivos y hacer una cena relativamente pronto cocinando.

IMG_2926

En Rocky Cay

IMG_2921 2

El camino de agua azul a Rocky Cay

Hoyo Soplador: Una grieta en una roca gigante desde la cual la gente salta al mar (a mi me pareció algo peligroso ya que es muy estrecha, pero no sé… la gente parecía hacerlo con confianza). Se puede entrar al agua sin tener que saltar y luego bucear por la roca.

West View: La entrada creo que son 4000 pesos, y es un espacio para bucear que también han puesto un tobogán y un trampolín. En realidad, la mejor manera de hacerlo es andar un poco más y meterse por uno de los caminos donde hay menos gente, y si te ves con fuerza, nadar hasta el tobogán y montarte gratis 🙂

IMG_3026

IMG_3106

Estresadas  en West View

La Piscinita: Otros 4000 pesos. Es un espacio en el que han puesto un restaurante (muy caro) y uno de los mejores sitios para hacer snorkel de la isla. Con la entrada te dan una bolsita para dar de comer a los peces, por lo que te rodean completamente y no tienen ningún miedo. La mejor opción sin embargo, ya que suele haber bastante gente, es salirse de “la piscinita” nadando y llegar a los corales de al lado, donde puedes ver a los peces a su bola ¡Si tenéis suerte, igual veis una raya! Nosotras vimos varias.

Playa de San Luis: Otra de las increíbles playas de la isla. Esta es muy larga por lo que puedes ir a zonas más o menos concurridas. Hay una zona, enfrente del hotel Decameron, donde hay un charco de agua transparente, y que si te sientas, en seguida vienen un montón de pececillos a nadar a tu alrededor Kella’s Bar; un bar muy fiel a la cultura reggae de la isla.

IMG_3042

Playa de San Luis

IMG_3167

Una piña colada en Kella’s Bar

Playa del centro: Tiene un nombre, pero no lo recuerdo… no tiene mucha perdida, es la playa del centro de San Andrés. Es grande y muy bonita, pero no es tan natural como lo es Rocky Cay que está rodeada por palmeras, en lugar de edificios. Si camináis un poco más por el malecón o la playa, llegáis a las letras de I LOVE SAN ANDRÉS. La playa ahí est más tranquila y hay mucha menos gente que en el centro.

IMG_3206

Acuario y Johnny Cay: El principal tour de la isla. No recuerdo cuanto es, pero sí recuerdo que no mereció la pena. Te llevan en lancha al acuario, que no es un acuario como los que conocemos, si no que es una isleta rodeada de agua completamente cristalina en la que se pueden ver muchas especies de peces. No se como será normalmente, pero cuando fuimos estaba llena de gente. Además había dos chicos con una raya al sol para que la gente se hiciese fotos con ella y a mi se me estaba partiendo el alma…

Johnny Cay es otro cayo. Una isla llena de palmeras, bares, iguanas y sitios para comer donde vas a pagar como poco 10€ por un plato (mejor traed la comida de casa o esperad a comer a la vuelta). También hay mucha gente, pero al ser más grande, la gente está más dispersa. Eso sí, el sol pega muy, my fuerte. Nosotras, a pesar de usar protector solar nos quemamos bastante ahí, por lo que venid bien equipados.

IMG_3071

Primera iglesia baptista: Pues eso, la primera iglesia baptista de la isla, que está en lo alto y tiene una torreta desde la que se puede ver toda la isla. También te ponen un video contándote su historia. No está mal, pero no es nada increíble.

IMG_2977

En general, es una isla cara. Comer fuera cuesta lo mismo que en España prácticamente, así que aseguraos de tener una buena cocina en la que se pueda preparar cosas y poder ahorrar en eso. Dentro de la isla, además se puede hacer buceo y eso creo que no está mal de precio y lo mismo con el kitesurf. Y yo creo que merece la pena comprar vuestro propio tubo y máscara porque alquilarlo a diario sale caro y no hay día que no vais a querer tener uno a mano.

MUCHO PROTECTOR SOLAR Y ANTIMOSQUITOS. Ya está, no necesitáis nada más. Desde luego, si estáis en Colombia y tenéis una semana (o cinco días vaya), yo creo que merece la pena hacerse el viaje, porque aunque la costa de Colombia tiene parte en el Mar Caribe, no tiene nada que ver con estar en una isla en pleno caribe, que tiene tan viva la cultura creole y reagge. Eso sí, chicas, si ya es agobiante el que te silben o te digan cosas por la calle, en San Andrés son profesionales.

Espero que os haya gustado la entrada y que vayáis si podéis porque ver tantos tonos de azul en el mismo mar, no tiene precio.

¡Hasta la próxima!

17758187_10212927891896653_7986926109184796694_o

¡¡YA PODÉIS VER EL VÍDEO!!

¿Qué hacer en Bogotá?

Por fin, la primera entrada sobre Colombia, y no podía ser sobre otra cosa que no fuese Bogotá. Una ciudad vibrante en la que me he sentido muy cómoda y la primera en estar casi como en casa. Es la ciudad más grande de Colombia con unos 8 millones de habitantes y la tercera capital más alta de Sudamerica, a 2640 metros. Y sin embargo, a pesar de su abrumante tamaño, te recibe con los brazos abiertos. Es relativamente fácil moverse. El TransMilenio llega a bastantes zonas de la ciudad con la ayuda de la aplicación (TransmiSitp) que te dice como llegar a cualquier lado. Para los taxis, hay que bajarse una aplicación; Tappsi. Sobretodo para cogerlos por la noche.

La verdad, es que para ser tan grande, no tiene tanto turísticamente, y aun así, ha conseguido que me quede diez días enteros. Ha sido mi primer destino sola y Ana se había vuelto a España hacía unos días. Así comenzaba la segunda parte de la aventura. Volé desde Quito con Viva Colombia, la aerolínea low cost de Colombia, y no lo recomiendo (o sea sí, si os queréis ahorrar las mil horas en bus, pero yo pagué demasiado y tuve algún que otro problema con la compañía), y en menos de hora y media aterricé en el aeropuerto de El Dorado.

Me alojé en el barrio de La Macarena, en casa de una antigua amiga del colegio. La mayoría de los viajeros se hospedan en La Candelaría, el barrio más central y más hippie, pero La Macarena está a solo 20 minutos andando, está lleno de bares, restaurantes y cafeterías hipsters y es algo más seguro por la noche.

IMG_2836

El Museo Nacional y el Parque Nacional están al lado y están muy bien para pasear. El Museo Nacional cuenta la historia de la ciudad, como los españoles la fundaron, el por qué de la localización y lo que significó para ellos la colonización. Un punto de vista muy distinta al que aprendemos en el colegio. El Museo del Oro es otro imprescindible. En él albergan piezas de distintas culturas indígenas antes de que llegaremos los europeos. Una de las piezas más importantes es la balsa muisca, que representa la ceremonia de la leyenda de El Dorado. Otro museo es la Colección de Arte del Banco de la República, tres museos en uno. Uno de ellos siendo el Museo Botero. Por cierto, los domingos los museos son gratis.

Pasear por la Carrera 7, la calle principal. Sobretodo en domingo, que la cierran para los coches y hay un mercado de pulgas muy grande. Al final de esta se encuentra la Plaza de Bolívar, una plaza gigante habitada por palomas, con la correspondiente estatua del héroe nacional. Y de ahí La Candelaría está a solo unos metros, id a probar la chicha, una bebida tradicionalmente indígena que estuvo prohibida durante muchos años. Entrad en cualquier restaurante y pedir el ajiacouna sopa típica hecha con tres o cuatro tipos distintos de papa (y a veces pollo). De postre, comprad en un puesto de la calle una oblea con arequipe; son como unas galletas grandes y finas con dulce de leche.

IMG_2880

Plaza de Bolívar

IMG_2841

Ajiaco sin pollo

Para tener una vista privilegiada de la ciudad, el Cerro de Monserrate no puede faltar. Los domingos todo el mundo sube para la misa por lo que es más entretenido la cansada subida. Hay gente vendiendo y mucho movimiento. Sin embargo, entre semana es mejor coger el teleférico, porque no es muy seguro subir cuando no hay gente. También aseguraos que haga buen tiempo, el día que yo subí estaba todo nublado y no se veía nada…

IMG_2893

Vistas desde el Cerro… todo nublado

Fuera de la ciudad hay dos cosas principales: Zipaquirá y Guatavita. Zipaquirá es una catedral de sal, a la que no fui por falta de tiempo. Guatavita es la laguna donde sucedió la leyenda de El Dorado. A la que sí fui y me pareció muy caro para lo que es. Porque hay que pagar el autobús hasta el pueblo Guatavita que son 9.000 pesos (más otros 9.000 de vuelta), 11.000 del autobús del pueblo a la laguna (esto sí es ida y vuelta), y 17.000 para extranjeros para entrar en el parque.

IMG_3272

Con Sophie y Leanne en la laguna de Guatavita

En total yo estuve unos nueve días, y me faltó la catedral de sal, pero la verdad si era tan cara como la laguna prefiero no haberlo hecho, pero aquí depende del presupuesto de cada uno. Aun así, Bogota es una ciudad moderna y joven llena de vida y buen ambiente. Una cosa es segura, no os vais a aburrir.

¡Hasta la próxima!

Dos meses en Ecuador

Esto de llevar el blog al día se me da peor de lo que pensaba… Pero bueno, he decidido cambiar el ritmo e ir escribiendo las cosas como me apetezcan en lugar de en orden, porque yo ya estoy en Colombia y de Ecuador aun quedan muchas entradas…

A estas alturas ya debéis saber que hemos pasado dos meses recorriendo todo Ecuador, y aun así se nos ha hecho corto. Sin embargo, antes de embarcarnos en esta aventura, mucha gente se extrañaba “¿Ecuador? ¿Pero qué hay ahí?”, “¿Por qué no vais a Perú?” y un largo etcétera. Es un país que pasa totalmente desapercibido, incluso la gente de allí es consciente. En Quito, nuestros anfitriones de couchsurfing nos dijeron que que bueno que hubiésemos decidido ir a Ecuador directamente, porque por lo general es un país al que se va de paso y la gente no le dedica demasiado tiempo.

Sin embargo, Ecuador es una verdadera joya que nosotras recomendamos completamente. No me importaría volver porque en todos los sentidos nos ha cautivado (palabrita). Cada sitio tiene su encanto y hay una variedad enorme; tan pronto estás en una playa como la de los Frailes, como en una jungla llena de monos, como en un volcán nevado o en una ciudad como Quito o Guayaquil, que en nada se parecen.

IMG_2770

El recorrido que nosotras hicimos es bastante completo, y aun así no pudimos ver ni el sur ni el norte, pero para que os hagáis una idea, nosotras hicimos lo siguiente:

Guayaquil (2 días): Me hubiese gustado pasar algo más porque hay muchísimo que hacer, pero el calor es aplastante e incómodo. Hay un parque con iguanas (!!!!), para tener las mejores vistas, sin duda subid a Las Peñas. Se puede recorrer el Malecón, e incluso cruzar el río hasta una especie de isleta.

Manta/Santa Marianita (3 semanas): Nos quedamos tanto por el voluntariado, está bien para unos días pero no os quedéis demasiado. sin embargo, los alrededores merecen más la pena.

Puerto López (2 días): El pueblo no tiene mucho más allá de la playa, pero hay mil actividades y la playa de Los Frailes es una absoluta pasada.

img_1833

De excursión a Los Frailes

Ayampe (1 día): Perfecto si te gusta el yoga y la meditación. Un poco aburrido si no, no hay mucho que hacer y es bastante caro.

Montañita (2 días): El sitio playero de fiesta por excelencia. Muy turístico y con ese aire de fiesta tipo Benidorm/Magaluf. Si te gusta eso, este es tu sitio ¡También es genial para el surf!

Cuenca (5 días): Nuestro favorito por excelencia. Toda la ciudad es preciosa, hay tantas cosas que ver y que hacer, además de el Parque Nacional de Cajas e incluso las ruinas de Ingapirca, si no os importa pasaros medio día en un autobús.

IMG_2304

¡Intentando saltar en el Chimborazo nevado!

-Alausí, Riobamba y Ambato (1 día en cada uno): En Alausí está la famosa Nariz del Diablo, lo cual podéis hacer andando en lugar de en tren y ahorraros 30$ (las vistas son una pasada, merece la pena darse el paseo). En Riobamba está el volcán Chimborazo, que es increíble y depende de los planes que tengáis podéis dedicarle más o menos tiempo. Ambato fue un sitio de paso antes de Baños, pero llegamos en plena Fiesta de las Flores y las Frutas y estaba todo precioso.

-Baños (4 días): Pretendíamos quedarnos más pero por circunstancias del destino, solo pasamos 3 noches. Hay un montón de actividades y de deportes de riesgo; canopy, rafting, torrentoso, puenting… Se come maravillosamente y el ambiente en la ciudad es muy relajante. Eso sí, es mega turístico. Nosotras fuimos al columpio del fin del mundo y alquilamos unas bicis para hacer la ruta de las cascadas (¡recomendables los dos!).

El Oriente (4 días): Entre Puyo y Tena pasamos unos 4 días y 3 noches. Puyo es la puerta a la amazonía, y aunque el pueblo no ofrezca demasiado, hay muchos tours para hacer por el amazonas y lo mismo en Tena. Nos falló un voluntariado en pleno amazonas y tuvimos que improvisar un poco. Todo depende del presupuesto y del tiempo que queráis pasar en la jungla.

IMG_2331

Columpio del fin del mundo en Baños

Latacunga (3 días): El hogar de dos de los principales volcanes de Ecuador, el Cotopaxi y el Quilotoa (que ahora el cráter es una laguna que ha obtenido un fuerte color verdoso debido a los minerales del fondo). Nosotras fuimos al mercado de Saquisilí (creo recordar que son los sábados), un pueblo cercano, y al Quilotoa. El Cotopaxi se nos salía del presupuesto, pero al parecer los tours están muy bien y sale más barato, para variar.

Mindo (3 días): Es precioso. Está a unas dos horas/dos horas y media de Quito hacia el norte y hay autobuses que te dejan en la entrada. Aviso que desde la carretera principal al pueblo hay unos 7kms. Hay que esperar a otro autobús. Nosotras no lo sabíamos y anduvimos una buena parte, hasta que un buen hombre nos recogió. Es bastante turístico, pero porque hay extranjeros residiendo allí más que viajando. Se pueden comprar artesanías, hay muchísimos restaurantes con opciones vegetarianas, tours para aprender sobre el chocolate, un mariposario y más cosas, así que no os vais a aburrir.

IMG_2528

En la laguna del volcán Quilotoa

-Quito (10 días): Sí, es mucho, pero la verdad es que necesitábamos bajar el ritmo de viaje y quedarnos en un sitio unos días. En Quito hay muchísimas cosas, pero muchas dependen del tiempo, el cual varía mucho. El free walking tour es indispensable. Para unas vistas impresionantes; El Panecillo (una estatua de la virgen María con alas, regalo de los españoles, por cierto), o subir a la torre de la Basílica (si tenéis vertigo, puede que sea difícil, para mi lo fue…), o coger el teleférico para el volcán Pichincha (el cual no pudimos hacer por la niebla). Los sábados hay un mercado en Otavalo, a unas dos horas que al parecer está muy muy bien, aunque no  pudimos comprobarlo, pero eso es otra historia. Y por supuesto, en Ecuador está el Ecuador; la Mitad del Mundo.

IMG_2747

Monumento a la Mitad del Mundo

Desde luego, en Ecuador no os vais a aburrir y tampoco vais a gastar un dineral. Por lo general, los almuerzos (menús del día) varían entre los 2 y 3,50$. El hospedaje puede estar entre los 5 y los 12,50$ la noche (12,50 ha sido lo que más pagamos y porque era carnaval). Y en general, las actividades turísticas son asequibles. Moverse es super fácil, todo se hace en autobús, y está todo bastante bien conectado, no hace falta reservar nada, simplemente llegas a la terminal terrestre (estación de autobús) del sitio, y por ahí preguntas. Además, es bastante barato también. La gente siempre está dispuesta a ayudarte, ya sea para encontrar alojamiento, ayudarte con alguna dirección o simplemente darte conversación en el autobús.

Si estáis planeando las próximas vacaciones, Ecuador es un destino más que ideal 🙂 Le hemos cogido muchísimo cariño ❤ Para saber más sobre la comida de Ecuador, echadle un vistazo a la sección del blog de Masticando Madrid, allí Ana cuenta todo lo que queráis saber ¡incluidas recomendaciones en cada ciudad!

Aquí podéis ver el último vídeo, Quito:

 

¡Hasta la próxima!

Ayampe y Montañita ¿surf y meditación?

Las despedidas son duras, nos fue difícil decir adiós al Donkey Den, pero teníamos que ponernos en marcha si no queríamos llegar de noche al siguiente destino y sin tener ni idea de qué hacer. Íbamos en dirección Montañita, pero nos habían hablado muy bien de Ayampe, que estaba un poco antes, por lo que decidimos pasar allí una noche. Y adivinad qué; se nos hizo tarde y llegamos de noche sin tener ni idea de nada.

Ayampe; el retiro del yoga y la meditación

Nos bajamos del autobús en mitad de la carretera. Eran cerca de las 8 de la tarde pero ya era noche cerrada. Lo único que había era una tiendita y un cartel de madera que decía “Bienvenidos a Ayample, retiro de descanso”, y un camino de tierra sin una sola farola. Nos miramos como diciendo “¿y ahora qué?”, pues nada, cogimos las mochilas y echamos a andar. Al poco nos dimos cuenta que teníamos tres chicos detrás que parecían extranjeros y de nuestra edad. Aliviadas, les preguntamos sobre algún albergue y nos dieron alguna indicación.

Recorrimos Ayampe en cuestión de media hora, preguntando en distintos sitios por habitaciones, algunos no tenían, otros se salían del presupuesto y otros no nos gustaron nada. Por fin, ya un poco desesperadas, nos fijamos que colgaba un cartel de una de las casas que había justo en la playa, parecía un hogar particular, pero el cartel no podía mentir: “HABITACIONES BRISA DEL MAR”. Entramos en lo que parecía ser un salón, y una señora salió a atendernos. No les quedaban habitaciones, pero le debimos de dar mucha pena porque nos dijo que tenía una que no estaba del todo lista, pero que tenía un WC, un colchón y una ducha. Entramos en el cuarto, Ana y yo compartimos una mirada cómplice en la que tuvimos toda una conversación.

-¿Qué te parece?

-Bueno… desde luego no es el Palace, pero no nos queda otra…

Mientras tanto, la señora trajo una bombilla y puso sábanas limpias en el colchón que aun tenía el plástico.

-Está bien, nos quedamos.

Le dejamos hacer y fuimos a buscar algo de cenar. Sorpresa, todo cerrado. Al final encontramos un sitio chiquitín y pedimos dos arenas de queso y aguacate. Al cabo de un rato dos chicos se acercaron preguntándonos si podían sentarse con nosotras. Claro, por qué no. Julian, californiano de familia española con un acento que nos dice que es de Burgos y nos lo creemos, y Rufi, un alemán que también hablaba muy bien español. Nos echamos unas risas y seguíamos alucinadas con el acento de Julian, nos invitaron a pasarnos por su albergue en una hora o así, pero nos quedamos dormidas… Somos unas fiesteras…

Por la mañana, buscamos el restaurante Finca Punta que tanto nos habían recomendado. Un camino entre la jungla, escaleras de madera y unas vistas espectaculares, todo acompañado por los 7$ que costaba el desayuno… Adiós y gracias.

Nos acordamos que habíamos comprado un pan de plátano el día anterior y fuimos a la playa a comérnoslo ahí. Luego preguntamos por las clases de yoga y surf, pero resultó que ya habían terminado y no había más hasta la mañana siguiente… No queríamos quedarnos otra noche ahí porque no había mucho más que hacer y ninguna nos queríamos pasar el día tumbadas en la playa. Decidimos dar un paseo por esta y seguir nuestro camino.

Montañita; cuna de la fiesta y del surf

Nos bajamos del autobús media hora más tarde y nos adentramos en las calles de Montañita. Sí, ese es su nombre real. Palabrita. En seguida la gente te acoge, hay muchísimo movimiento de gente, restaurantes, tiendas y bares. Todos quieren que entres a su local, que te tomes una copa o te compres un collar. Nada que ver con su vecino Ayampe. Encontramos un sitio con opciones ve ganas y nos sentamos a comer y a decidir nuestro plan. Lo primordial: encontrar alojamiento. Entramos en distintos sitios preguntando por las habitaciones hasta que al final nos quedamos en uno que nos cobraba 7$ y tenía un pequeño balcón que daba a la calle.

IMG_1959

El resto del día lo pasamos explorando este sitio tan particular y paseando por la playa. Montañita es famosa en todo Ecuador por dos cosas: la fiesta y el surf. En ese orden. A nosotras nos recordó al típico sitio de fiesta para jóvenes tipo Benidorm o Magalluf pero en tropical. Todo está pensado para el turista, y las calles las ocupan una variedad de personas que van desde musculados bronceados pasando por hippies, a chavales que acaban de terminar de estudiar.

Por la noche exploramos la calle de los cocteles; una calle pequeña abarrotada de puestos de cocteles (quién lo diría), con la música a todo volumen y las copas a 2,50. Nada mal. Nos sentamos en uno de los puestos mientras escuchábamos Despacito y El Amante en bucle saboreando nuestro mojito y daiquiri.

Explorando la comunidad de Dos Mangas

Al día siguiente mientras desayunábamos, se nos ocurrió ver qué más había en Montañita aparte de la playa. San Google y San TripAdvisor nos ayudaron a encontrar una ruta a una comunidad; Dos Mangas, una excursión por una selva hasta unas cascadas o unas piscinas naturales. Preguntamos en un par de agencias que no bajaban de los 35$ por persona… Nos parecía demasiado… Nuestro consejo: Id por libre, coged un taxi o una camioneta por 4-5$ y una vez allí, podéis elegir si vais con guía o no (20$), la entrada al parque son 2$. Pensaréis que mejor sin guía y eso que os ahorráis, pero no. Decidimos contratar guía por si acaso y fue una buena decisión. Nunca hubiésemos llegado a las cascadas sin él. Hubiésemos hecho otro recorrido y a saber si no nos hubiésemos perdido…

Ya os digo yo que sí.

IMG_2008

Con la entrada al parque, incluyen unas botas de agua porque parte de la excursión es por el río. Por dentro. Por el agua. El caso es que no les quedaban de nuestra talla y no pensamos que fuese a ser tan necesario, nuestras botas de acero pueden con todo y además; Goretex. Pues resulta que no son impermeables si metes el pie hasta la rodilla… ja, ja.

IMG_2021

Después de mucho caminar, llegamos a la cascada. Nos fijamos en que había una cuerda con nudos para escalarla, pero no somos Lara Croft ni Katniss Everdeen, nos contentamos con posar en la cascada. Nos remojamos hasta quedar como pasas, y comimos la piña que había cogido Bolivar. Estaba tan fresquita y dulce… Hicimos el camino de vuelta ensimismados en nuestros pensamientos, le dimos las gracias a Bolívar y volvimos a Montañita en una furgoneta (otros 4$).

Si estáis en Montañita y no sois de pasar todo el día al sol en la playa, es totalmente recomendable. Bueno y si lo sois también que es muy divertido.Y merece la pena el guía, de verdad. Sale mejor si el grupo es más grande porque van a seguir siendo 20$, pero aunque solo fuésemos dos, estoy contenta de haber ido con un guía nativo.

No han sido nuestros destinos favoritos, pero creo que en parte ha sido nuestra actitud al respecto. Son sitios chulos si tienes en mente hacer eso. Ayampe es un sitio de descanso y yo creo que si hubiese ido con la intención de aprender yoga y técnicas de meditación, lo hubiese disfrutado. Montañita igual, pero si hubiese ido con otra actitud. También el hecho que no me sentía del todo segura saliendo Ana y yo solas de fiesta después de lo que ocurrió con las chicas argentinas. Aun así, no tiene nada que ver con Ayampe excepto en que para los dos sitios tienes que tener pensado lo que vas a hacer.

El vídeo lo podéis ver justo aquí:

Seguiremos contando nuestras aventuras, que todavía nos quedan muchas…

Puerto López y Los Frailes

¡Hola caracola! Ya va siendo hora de contaros cómo nos va. En el Donkey Den trabajamos cinco días a la semana y luego tenemos dos libres, nada nuevo vaya. La semana pasada tuvimos los primeros días libres y no queríamos quedarnos aquí sin hacer nada. Investigamos un poco y decidimos pasar el jueves y viernes en Puerto López y pasar por la playa de Los Frailes que tanto nos habían recomendado porque estaba de camino.

Tuvimos la suerte de estar en el turno de mañana el miércoles, así que cuando terminamos a las 12, metimos un par de cosas en la mochila y cogimos la furgoneta a Manta. Llegamos a la estación de autobuses (o terminal terrestre como la llaman aquí), un señor nos dijo “¿Puerto López? En éste, entren no más”. Así que entramos. No se si lo he mencionado antes pero en los autobuses aquí ponen una peli detrás de otra a todo volumen y esto es lo mejor; doblada al mexicano. Creedme, ver a John Travolta hablando español mexicano es cuanto menos, gracioso. Yo conseguí dormirme un ratito, y cuando me desperté, la siguiente película estaba empezando. La imagen de una ola apareció en la tele… “¡¡¡OH DIOS MIO ES GREASE!!!!” Efectivamente. Cantamos todas las canciones con toda la fuerza de nuestros pulmones.

Llegamos a Puerto López sin tener absolutamente nada. Nos habían hablado de un hostal, el Brisa Marina, que ni sabíamos donde estaba. Preguntando y gracias a la aplicación MAPS.ME (no me cansaré de recomendarla), llegamos. Nos atendió, no sé, debía de estar en esa recepción todo el pueblo. Una señora que nos prometió enseñarnos dos habitaciones sin compromiso por 25$ la noche, el señor del comercio de al lado, otro que debía ser el dueño de una agencia de tours, y otros más que ni idea de donde salían. Decidimos quedarnos con la habitación después de regatear un poco (en realidad, lo hizo ella todo. Cuando bajamos nos dijo que nos lo dejaba a 20$ dólares las dos).

Paseamos por la playa mientras veíamos el precioso atardecer pero tanto andar nos abrió el apetito, y aquí viene cuando la matan porque es muy difícil encontrar comida vegetariana en Ecuador. Nos alejamos de la zona de playa porque era más caro y entramos en un restaurante. Todo en la “carta” (preguntar qué sirven en el momento) tenía carne o pescado, pero no hay nada que no se pueda arreglar hablando, por lo que preguntamos si nos podían apañar algo. Un plato enorme de arroz con judías y una ensalada. Total por cabeza: 2$.

img_1740

img_1699

Playa de Puerto López

Snorkel en la isla de Salongo

El día anterior decidimos contratar un tour para hacer snorkel en la isla de Salongo. Había otro a la Isla de la Plata que era más largo, pero también más caro (15$ por persona). No teníamos que estar hasta las 10 de la mañana y nos levantamos sobre las 7 así que tuvimos tiempo de buscar un sitio apetecible para desayunar. Un breve inciso; madrugamos tanto sin querer. Desde que estamos aquí nos levantamos muy temprano sin siquiera intentarlo.No se si es por la luz, el calor o qué, pero es imposible remolonear…

Salimos a la calle después de dar los buenos días a toda la retahíla de personas que había en la recepción, y paseando por el malecón encontramos una cafetería francesa. Nos paramos a mirar, y un señor sentado fuera nos dijo en francés que ahí se comía muy bien, le respondimos que nos parecía un poco caro. Pareció pensarse la respuesta, pero finalmente dijo algo así como “si queréis, os lo dejo en 5 las dos”. Nos pareció bien, porque era la mitad del principio inicial. Total, que nos sentamos, y el señor se nos acerca y nos da un billete de 5$. Nuestra cara fue un cuadro porque no entendíamos por qué nos daba dinero. Vino la camarera y le preguntamos si era el dueño del local. No lo era, era un cliente que iba ahí a desayunar a diario. Le miramos de manera interrogante y nos dijo que si nos daba él los 5$, solo tendríamos que pagar otros 5. En ese punto no nos atrevíamos a declinar su invitación, billete en mano y caras de idiota pedimos nuestro desayuno. Café, zumo de mango y maracuyá, y crepes de chocolate con fresas. No nos quedaba otra que disfrutarlo.

img_1754

No pinta nada mal ¿no?

Después de otro paseíllo por la playa, fuimos a la “oficina” del tour (era una cabaña de madera y paja), muy emocionadas por esta pequeña aventura..

img_1771

img_1797

Al llegar a la isla, amarraron el barco a una boya y pudimos nadar, hacer snorkel por la zona y hasta dar una vuelta en un pequeño kayak. La verdad es que contábamos con que alguien del grupo tuviese una GoPro y hacernos sus amigas para que nos pasase las fotos, pero NADIE tenía una, nadie. Fue un poco decepcionante porque había muchísimos peces, eran chiquititos y de colores muy brillantes, nadando por los corales. Había unos enanos, otros más grandes, unos que se acercaban a nosotros… A mi me encantó, y si por mi fuese, hubiese pasado en el agua mucho más tiempo.

captura-de-pantalla-2017-02-05-a-las-18-57-40

Después de pasar más de una hora buceando entre pececillos, nos acercamos a la playa de la isla para ver a los pelícanos. Pero nos quedamos bastante lejos, así que tuvimos que ir nadando en un mar de olas y corrientes enormes. Después de agotarnos, nos dieron pan de plátano, agua y coca cola, y volvimos a Puerto López.

Hambrientas, buscamos un sitio donde comer, y para nuestra sorpresa encontramos un local en la playa que servía comida vegetariana (Cafe Mar para los interesados). No nos lo pensamos dos veces. Tomamos el almuerzo que consistió en una sopa de verduras y un plato de arroz de coco con verduras acompañados por una limonada natural. El almuerzo son 3$, así que no está mal. Comer de carta es algo más caro (unos 5-6$ por plato).

img_1806

Almuerzo en Cafe Mar por 3$

El resto del día lo pasamos paseando por el pueblo y la playa, con algún jugo de frutas y la cena, que volvimos a cenar a Cafe Mar y probamos el ceviche y la hamburguesa vegana,y dos empanadas de verduras y queso.

Los Frailes 

Ese día decidimos coger el autobús de vuelta a Manta, pero no sin antes parar en la playa de los Frailes. Cogimos un mototaxi (un tuktuk) a la estación de autobuses y de ahí un autobús por 1$ a Los Frailes, que está de camino y a unos 20 minutos de Puerto López. Nosotras pensábamos que sería una playa bonita y ya, pero resulta que está en el Parque Nacional de Machalilla. 

Al entrar, te dan la opción de coger el camino largo o el corto para llegar a la playa. El corto son unos 40 minutos, por una carretera de piedras y el largo, que se tarda unas dos horas y vas por unos miradores y otras playas. Decidimos coger ese, porque era temprano y teníamos tiempo. Yo recomiendo ir por ese y volver por el corto, porque tardamos apenas una hora y pico y fuimos parando, o sea que no es muy largo.

img_1833

En uno de los miradores

En un punto llegamos a la Playa de la Tortuguita. Y ahí no sabíamos muy bien qué hacer. La playa era preciosa, no había nadie más y el sol picaba con fuerza. No sabíamos por donde seguía el camino… Nos sentamos un rato y exploramos un poco para ver las posibles opciones. Lo volvimos a encontrar, pero bueno, si os encontráis en esa situación que sepáis que hay que atravesar la playa entera.

img_1836

Llegamos a Los Frailes, una playa recogida en una bahía y en menos de dos minutos ya estábamos en el agua. Qué gozada…

img_1841

Lo incómodo fue volver, llenas de arena, las duchas no funcionaban y el agua que vendían para ese propósito se les había acabado. Así que mejoras, arenosas y quemadas hicimos el recorrido de vuelta.

Esperamos al siguiente autobús a Manta, que iba a todo trapo, con la puerta y ventanas abiertas y seguramente mucho más rápido de lo permitido. Lo bueno fue que llegamos en apenas dos horas cuando a la ida tardamos casi tres.

Y así se terminaron nuestros días libres. Volvimos al Donkey Den como dos cangrejos, pero felices como perdices de haber salido de Santa Marianita. Nos queda una semana aquí, así que iremos contando nuestros planes y lo que nos va pasando ¡Seguidme en Instagram para no perderos nada! Aquí os dejamos el vídeo:

¡Hasta la próxima! ❤

Donkey Den ¿pero dónde estás?

Hoy oficialmente llevamos diez días en Ecuador, y una semana entera en el Donkey Den en Santa Marianita. Os cuento un poco como va; Santa Marianita es un sitio de playa en el que no hay mucho más que otros chiringuitos, algún que otro hotelillo y el pueblo, que está algo más lejos. Eso sí, estamos a pie de playa y se ve y se escucha el mar las 24 horas del día, eso es algo que es difícil mejorar. A primera vista es muy chulo, visualmente es muy atractivo; hay muchas plantas, colores pastel, pinturas de tortugas en la pared, luces, conchas colgando y muchas cosas más. El detalle visual se cuida al máximo.

El sitio es una guesthouse/hotel con servicio de desayuno. Nosotros tenemos el desayuno incluido y podemos elegir entre tortitas de plátano y moras, crepes con mermelada, tortilla de verduras, revuelto de huevos con patatas fritas, tostadas francesas, frutas, etc. La verdad es que los desayunos son famosos en la zona y viene mucha gente que no se hospeda aquí a probarlos. Los huéspedes son en general, expatriados jubilados de Estados Unidos que quieren relajarse. La dueña misma, es una expatriada también. Parte de lo que tenemos que hacer es hablar con ellos y hacerles la vida más fácil.

La dueña colabora con una protectora, y cuando esta llena traen aquí a los animalitos. Ahora mismo hay unos 20 gatos y cinco perras y son todos muy mimosos. Las habitaciones en lugar de números, tienen nombres de los animales que viven aquí. Nosotras dormimos en Fido, que es mi gato preferido (es muy mayor, le faltan dientes y los de delante los tiene demasiado largos así que su lengua siempre está fuera). Las habitaciones grandes, que son como suites, se llaman Bailey y Barney que son las dos perras mayores.

Cuando llegamos éramos 11 voluntarios, ahora somos 8, y el trabajo se divide de la siguiente forma: hay tres turnos; el de por la mañana (7-12), el del mediodía (12-5) y el de la noche (5-10). Por la mañana nos encargamos de los desayunos principalmente. Viene Mayra, y ella lo cocina todo. De los dos voluntarios, uno se queda en la cocina ayudando a Mayra y fregando platos, y el otro atiende a los clientes y vigila que haya siempre café. Hay que pasear a las perras y dejarlo todo limpio. El siguiente turno se encarga de limpiar lo que no ha dado tiempo antes de las 12, dar de comer a los gatos, limpiar alguna habitación si lo han pedido los huéspedes o dejar alguna habitación preparada si vienen nuevos huéspedes. Por la noche, generalmente hay que hacer la cena, cada noche le toca a alguien distinto. Se vuelven a pasear las perras, se las desparasita, se deja todo limpio y se hace inventario. A mi me toco hacer la cena el lunes y opté por lo más español que se me ocurrió; un gazpacho bien frío y tortilla de patatas, por supuesto. Ana en cambio se aventuró con unos hojaldres.

El trabajo es fácil y a no ser que te toque sábado o domingo en el de la mañana, es libre de estrés. Los findes viene más gente y es un poco agobiante porque la cocina funciona todo lo rápido que puede, pero en seguida se acumulan las cosas. Por suerte, los clientes son conscientes de la situación y no suelen tener prisa para comer.

Ahora mismo, además de Ana y yo, estamos Marlyn, Alejandra y Óscar (Colombia), Leanne y Sophie, Allison y Stephen (Reino Unido) y Kara (EEUU). Hay muy buen ambiente entre todos, lo cual se agradece, sobretodo porque no hay mucho que hacer por aquí… Los juegos de cartas dan para mucho. Durante el día normalmente hace muchísimo calor y no se puede estar bajo el sol sin morir lentamente, y el mar es bravo y con fuertes corrientes, así que tenemos que resistir la tentación del precioso azul porque es peligroso. Al lado hay un hotel con piscina que si no hay demasiada gente se está bien.

Si queremos ir a Manta (la ciudad más grande de la zona) a hacer la compra, tenemos que subir a la carretera y ahí esperar a unas furgonetas blancas. Hay que subirse a la parte de atrás, y ahí se apiñan las personas que quepan. En 20 minutos y 1$ se llega al mercado central de Manta. La vuelta es igual, salen del mercado central y paran en el cruce con la playa, aunque si no hay mucha gente, puede que vayan hasta el Donkey Den.

Cada cinco días de trabajo, se tienen dos libres. Ana y yo los tuvimos el jueves y viernes y decidimos salir para ver otros sitios que nos habían recomendado, pero para eso tendréis que esperar un poco. Un pequeño adelanto: incluye peces de colores.

dsc_0012

Playa de Santa Marianita (Foto: Ana Delgado)

Aquí podéis haceros una idea de lo que hacemos:

¡Hasta la próxima!

 

 

 

 

 

48 horas en Guayaquil; primeras impresiones

Me gusta escribir en general, y me gusta escribir en el blog, pero cuando estás a pie de playa, con la suave brisa marina, bajo una techada de madera y paja, rodeada de gatos y perretes que solo quieren mimos, es todo mucho más apetecible. Y así estoy ahora en Santa Marianita. Pero ya os hablaré de esto, de momento os voy a relatar como han sido los primeros días en Ecuador y las primeras impresiones. Aquí va una pequeña lista:

  1. En Guayaquil hace muchísimo calor, pero sobretodo humedad. Lo notamos nada más salir del aeropuerto; fue una auténtica bofetada en la cara. Tuvimos que volver a entrar para soportarlo mejor. El calor se te mete en el cuerpo, estás pegajoso todo el día y no hay manera de refrescarse.

    img_1550

    Una calle de Guayaquil

  2. En general, los ecuatorianos son muy buena gente. Antes de llegar nos habían dicho de todo: no cojáis taxis en la calle, no os fiéis de nadie, no habléis con la gente, no tengáis cara de dudar por la calle porque os timan. Nada más lejos de la realidad. Es cierto que al tener tanta pinta de extranjeras es posible que los taxis te intenten sacar un par de dólares más, y en los mercados te agobian un poco con “¿a la orden?”, pero en general, la sensación que nos ha dado es amabilidad genuina.
  3. Los taxis no tienen parquímetros, hay que pactar el precio antes de entrar. A mi esto me daba algo de miedo porque mis habilidades de regatear son pésimas, pero no ha sido tan difícil. Ayuda mucho el saber con antelación cuanto te deberían cobrar por el trayecto, por lo que cuando coges el taxi le dices “¿para ir al Malecón cuanto cobra?” poe ejemplo, y él te dirá “5 dólares”, pero tú sabes que no tienen que ser más de 4, así que se lo dices, y entonces capitulan. Si no rebajan el precio, coges otro que sí lo haga.
  4. Si conoces a alguien de allí que os ayude, mucho mejor. A nosotras el tener a Kevin, un amigo de una amiga de Ana nos vino genial. Guayaquil es un auténtico caos, pero de alguna forma funciona, y Kevin nos ayudó a movernos, a saber qué ver y a pagar los taxis sin que nos timen.

    img_1621

    Ana, Kevin y yo en el Parque de las Iguanas

  5. Se toman su tiempo, ármate de paciencia. En los restaurantes tardan en servirte, y no suelen poner los platos a la vez, si no que van de uno en uno (esta ha sido nuestra experiencia de momento, no generalizo). Si el autobús sale a las 12:50, saldrá por lo menos diez minutos más tarde si no más, porque a veces esperan a que se llene entero antes de salir. A los trayectos en autobús, añádele una o dos horas más. No hay prisa para nada. Ah, y ya mismo no significa ya mismo, si no entre la próxima media hora y el infinito (gracias Maria por esta información).
  6. El arroz es la base de todo. La mayoría de platos se sirven con arroz. El plátano también es uno de los ingredientes estrella. Cocinan de todo y hay tres tipos. El verde, el maduro y el guineo (este último es el que conocemos en España). Hacen desde chips a tortillas a dulces y más. Hay muchísimos platos de pescado, desde ceviche a estofados. No pienso probar ni uno (aunque si me da un poco de pena, pero mis principios son mis principios).

De momento eso es todo, que no es poco. Estos dos días en Guayaquil han sido cuanto menos, interesantes. Llegamos a las 6 de la mañana hora ecuatoriana y nos costó bastante habituarnos. Comimos a las 10 de la mañana y estábamos agotadas dos horas más tarde, pero conseguimos que la siesta solo durase una hora para poder dormir por la noche. Aun así nos dio tiempo a ver bastantes cosas; pasear por el Malecón, subir por Las Peñas, ir al Parque de las Iguanas, pasear por la Víctor, ver el Parque Forestal y mucho más.

img_1585

En la próxima entrada os contare cómo ha sido la primera semana en la guesthouse Donkey Den, el trabajo que hacemos y cómo es este pequeño paraíso. Aunque si me seguís en Instagram podéis ver mis stories que eso lo actualizo a diario.

De momento podéis ver el vídeo de como fueron estos dos días:

¡Hasta luego!

img_1639

Guayaquil de noche desde Las Peñas

 

 

Próxima parada…

Llevo intentando escribir esto desde hace por lo menos dos semanas y no he podido porque se me olvida. En otras entradas he mencionado que tenía una “gran aventura” planeada, bueno, muchos ya lo sabéis, pero para los que no; (redoble de tambores) me voy a Ecuador. Cuando terminé la carrera, las dudas aparecieron una detrás de otra. Acabé tan quemada de la carrera que no quería seguir estudiando, y no sabía nada más. Conseguí unas prácticas para el verano en la Agencia EFE, allí vi que tenían un master que estaba bastante bien y me volví a animar. Sin embargo al terminarse el contrato, me lo pensé mejor.

De repente fui consciente de algo; había terminado la carrera, tenía dinero ahorrado, no tenía nada a mi nombre y podía hacer lo que quisiese. No sabía lo que quería, pero sí lo que no. El vacío que tenía delante era tan aterrador como emocionante, pero tomé una decisión. Pospuse la idea del master y la dejé en algún lugar de mi cabeza que no molestase mucho. Volví a trabajar de profesora en las inmersiones lingüísticas hasta noviembre, lo cual me permitió ahorrar un poco más, pero sobretodo pude hablar con Ana (fiel amiga de la uni y Tiptoenianos) y decidimos irnos juntas.

Leímos cosas, lo hablamos y re-hablabamos, estábamos seguras. Un día en su casa, en su habitación mientras surfeábamos por Skyscanner, clickamos en “reservar”. Bam. Nos vamos a Ecuador, ya no hay vuelta atrás. Creamos un perfil en WorkAway, una plataforma que permite a gente acoger voluntarios para trabajar unas horas de trabajo a cambio de comida y alojamiento, y encontramos nuestro primer destino. No hemos planeado nada más, lo iremos viendo según nos de, sin prisa. Tampoco sabemos la vuelta, no tenemos billete de vuelta.

ecuador-774010_960_720

Esta noche pondremos rumbo a la “gran aventura”. Ni que decir tiene que estoy hecha un manojo de nervios, siento que se me olvida todo, que cuando creo que ya lo tengo todo arreglado he olvidado una medicina, o el dichoso seguro de viajes, o bajarme música nueva y cosas así. Por eso quería escribir esto con tiempo y tranquilidad, pero no sería yo si lo hubiese hecho. Estoy tan nerviosa que puede que me haya hecho un corte de pelo desafortunado, pero bueno ahora es demasiado tarde para lamentarse. El caso, es que voy a tener el blog lo más actualizado posible, siempre que tenga acceso a Internet, mi objetivo es una entrada a la semana. También grabaremos así que estad atentos a Facebook para las novedades si queréis ver qué tal nos va. Los vídeos irán todos al canal de Youtube; Tiptoenianos.

Ahhhh ¡No me creo que haya llegado el día! El avión no sale hasta esta noche, pero ya tengo dos entradas pensadas; las primeras 48h y primeras impresiones de Ecuador, y la de ¿qué llevar a un viaje de 6+ meses a Sudamérica y Centroamérica? Para que aprendáis de mis errores porque seguro que he metido de más o de menos (me ha cabido todo en mi mochila de 44l y no podría estar más orgullosa). La verdad es que me moría de ganas de irme a un viaje así, sin billete de vuelta y sin tener nada planeado. El viaje de Islandia me dejó el gusanillo y por fin se hace realidad.

¡Deseadme suerte y mucha mierda y todo eso porque me va a dar un ataque al corazón!

Hasta pronto ❤

 

¡10 días en ISLANDIA! (Parte 2)

¡Parte dos del viaje de 10 días a Islandia! Westfjords – Reikiavik

Día 5: Westfjords

Después de haber pasado una noche en la cabaña de madera, estábamos listos para un día muy largo de carretera. Entre ese día y el siguiente nos propusimos cruzar todos los Werstfjords. Theo se moría de ganas de ir, decía que todas las fotos chulas que había visto estaban ahí. Nos subimos en el coche y pusimos rumbo al Noroeste de la isla.

DCIM103GOPRO

Queríamos llegar a Thingeyri a una hora razonable para que nos diese tiempo a hacer algo más que cenar y dormir, pero no llegamos hasta las 6 de la tarde. El problema fueron las carreteras, que Google Maps pensó que eran normales, pero eran de grava, en la montaña, y no se podía ir a más de 40 km/h. Además que íbamos conduciendo por los fiordos porque las otras carreteras interiores solo se pueden usar con un 4×4, y nuestro cochecito desde luego no lo era.

Llegamos al camping, que tenía una piscina cubierta por 300 ISK (casi 3€), y no nos lo pensamos dos veces. Montamos la tienda, y corriendo nos cambiamos para meternos en la piscina y poder pasar en agua calentita la hora y media que nos quedaba hasta que cerrase. Dentro, también había un jacuzzi, donde conocimos a gente del pueblo que nos estuvo hablando sobre la política en Islandia (aunque los precios sean caros, los salarios no están a la altura como en otros países nórdicos), nos dieron trucos para las carreteras y como llegar más rápido sin desesperar.

La dueña del camping, había colocado una mesa con un calentador de agua y un microondas cerca de  una mesa y bancos  de camping en el gimnasio para que pudiésemos cenar y desayunar por la mañana.

20161003_201515.jpg

Cenando en el gimnasio

Esa noche, volvieron los vientos huracanados. Sobre las 4 de la mañana, Teresa y yo nos despertamos asustadísimas con la tienda prácticamente encima de nosotras. Teresa se puso en el peor de los casos y decía que como estábamos cerca del mar, seguramente se formaría un tsunami con el viento. Decidimos mudarnos a la sala de la lavadora. Nos pusimos las botas, recogimos la tienda y nos metimos con ella en la sala y ahí pasamos la noche súper calentita, entre una lavadora, un fregadero y un retrete.

A la mañana siguiente, cuando Theo se despertó y vio que en lugar de nuestra tienda solo había piquetas pensó “no puede haberse volado la tienda con ellas dentro”… De repente oímos unos pasos rápidos, se abrió la puerta de la lavadora de golpe y apareció Theo empapado. Al vernos, soltó un aliviado “okay, good”.

Day 6: Sauðárkrókur

Llovía a mares. Pero hasta el momento no la habíamos experimentado, así que bueno, una experiencia más… Porque al mal tiempo, buena cara ¿no? Además, era un buen día de todas formas porque íbamos a conocer a la última componente de nuestro extraño grupo de viajeros internacionales.

14657250_10154581362764641_2220355025379538955_n

Una hora de viaje más tarde, vimos a un autoestopista que apenas podía caminar por el viento. Teníamos el coche hecho un asco y todo tirado, pero no podíamos dejarle ahí con ese frío. Nos apañamos como pudimos. Era un chico de Bélgica que viajaba solo, acampando y llevaba cerca de un mes y se iba a quedar otros 20 días. Su móvil era de los antiguos que tenía un panel solar por detrás para cargarlo. Recorrimos todos los Westfjords y llegamos a Hvammstangi, donde dejamos al chico belga y recogimos a Marta, una chica de Madrid que conocía de poco antes que estaba haciendo wwoofing en una granja de la zona y quería llegar a Akureyri.

Llegamos por la tarde a Sauðárkrókur, un pueblo del norte. Allí, en una gasolinera nos esperaba Tiffany, que había tenido la suerte de su vida al llegar a su albergue en Reikiavik y justo otro de los clientes iba a ir allí en coche al día siguiente. Sin embargo, la verdad es que la única razón por la que fuimos allí es que nos había acogido una familia via couchsurfing y teníamos cama con techo. Dejamos ahí a Marta, quien siguió haciendo autoestop, y nosotros dimos una vuelta y fuimos a la casa de nuestros nuevos anfitriones.

Llamamos a la puerta sin saber que esperarnos. Nos abrió Annika, una mujer alemana de pelo corto que en seguida nos invitó a entrar y en menos de cinco minutos nos hizo sentir tan cómodos como en nuestra propia casa. Conocimos a su perrita, una pastora islandesa completamente loca, su marido y su hija de cinco años, Hannah Maja. Sin embargo, poco después llegó una amiga de Hannah Maja, y un amigo de Annika, y de repente éramos 9 en la mesa de la cena. La casa era totalmente adorable, con unas vistas preciosas del pueblo, estábamos todos totalmente hipnotizados por el calor de la casa y el sentimiento familiar que nos rodeaba. Como éramos tantos, les propusimos que nos encargaríamos nosotros de la cena, andamos al súper más cercano y llenamos la cesta de pizzas y helado. Todo el mundo sabe que la noche de pizza es la mejor.

Cuando Hannah Maja se acostó y solo quedábamos los cuatro con Annika y su marido Gunnar, sacaron el típico pescado seco islandesas y algunas bebidas alcohólicas típicas para que las probásemos. El pescado no quise probarlo, solo el olor tan fuerte que desprendía te daba una idea del sabor. El alcohol lo probamos todos… Me esperaba lo peor, pero a pesar de estar muy fuerte no estaba tan mal… Después salimos al jardín un rato, y el cielo nos brindó con una maravilla que nos dejó  boquiabiertos y con los pelos de punta: la aurora boreal. Jamás en mi vida he visto algo así. Pude vislumbrarlas desde el autobús cuando llegué, ese fue el mejor día, luego en Thingvellir se dejaron ver, pero esa noche en la casa y en ese contexto fue increíble.

Sin embargo, no fueron las mejores. El mismo día que llegué hubo unas impresionantes de muchos colores que bailaban por todo el cielo. Fueron tan llamativas que salieron en las noticias en España, y algunos me preguntasteis si las había visto. Tristemente, esas no las pude ver en todo su esplendor, pero Theo y Teresa sí.

SAMSUNG CSC

Día 7: Akureyri

No nos molestamos demasiado en madrugar para poder desayunar con Annika, Gunnar y Hannah Maja antes de irse a sus trabajos y colegio. Además, ese día tampoco teníamos mucho que conducir, así que desayunamos todos juntos y nos despedimos, agradeciéndoles su hospitalidad.

img_0592

img_1738

Con Annika y Gunnar

Por el camino, paramos en distintos sitios, uno de ellos siendo otras aguas termales, pero que optamos el meternos porque el agua no estaba tan caliente y hacía demasiado frío y viento fuera como para ponernos los trajes de baño.

Llegamos a Akureyri al medio día. Es la segunda ciudad más grande de Islandia y se considera la capital del norte. Es muy bonita, entre el mar y las montañas, con ese aire a pueblo que tienen todas las ciudades y localidades en Islandia. Para homenajear a Tiffany, decidimos comer en un restaurante. Encontramos uno en el centro (Akureyri Backpackers) que estaba bien de precio (cuando digo bien, digo 14€ el plato y no 25), que además tenía varias opciones para Teresa y para mi. También era un albergue, y el precio más bajo eran 30€ la noche. Dimos una vuelta, y decidimos ir a la zona del lago Myvatn, un poco más alejado y dejar eso cubierto, porque el día siguiente teníamos otro día largo en el coche y no queríamos retrasarnos.

img_0609

Paseando por Akureyri

Cogimos el coche y seguimos en dirección norte hacia Myvatn. Queríamos ver como eran las termas de allí, ya que no íbamos a ir al Blue Lagoon. La entrada eran casi 30€, así que pasamos del tema, y seguimos explorando. Pasamos por Goðafoss, una de las cascadas más espectaculares de Islandia y seguramente de Europa, y del mundo mundial y parte del extranjero. Es una sensación increíble estar tan cerca, poder tocar el agua, poder saltar si quisieses (y morir, seguramente). La piel de gallina. Además no había casi gente ¡era como tener nuestra propia cascada para explorar!

img_0649

Godafoss

img_0634

No daba casi nada de miedo estar ahí sentada…

img_0651

Cuando terminamos de alucinar y de recorrer cada recoveco posible, seguimos con nuestra ruta. Llegamos a Myvatn para ver los precios y ver como era por dentro. Algo tal que así:

img_0663

Aguas termales de Myvatn

El agua es de un color azul cremoso por el azufre y huele al correspondiente huevo duro podrido. La verdad es que nos hubiésemos metido, pero era bastante dinero y una no tiene fondos ilimitados. Pero si estáis pensando en ir a este o al Blue Lagoon, por lo que nos dijo la gente de allí, este es mucho más “natural”. El otro está mucho más masificado a pesar de su alto precio. También el Blue Lagoon está al lado del aeropuerto, lo que lo hace muy conveniente, y es mucho más grande y creo que con la entrada te dan una cerveza. Aquí ya para gustos.

Nosotros seguimos con nuestro camino. Llegamos a Grjotagja, el nombre seguramente no os dirá nada, pero si sois fans de Juego de Tronos, recordaréis la escena en la que Ygritte y Jon Snow dan rienda suelta a su pasión en una cueva más allá del Muro…

img_0664

Cueva Grotagja

IMG_0667.JPG

¡¡LAS NUBES!!

SAMSUNG CSC

Encima de la cueva

Es algo difícil de encontrar, ni siquiera Google Maps sabe donde está, y nos dio mil vueltas antes de darnos cuenta, hay que estar un poco atentos a las señales y a la carretera. Hay un cartel fuera que dice que el baño está prohibido por las altas temperaturas del agua (unos 50ºC), metimos la mano para comprobar y efectivamente, estaba muy caliente. Pero creemos que el agua debe de variar según la actividad geotérmica, y que habrá días más fríos y días más calientes. Ese desde luego, uno no se podría haber metido y fingir que no sabéis nada como Jon Snow.

Cerca de allí están las fumarolas de Hverir, un paisaje que podría ser el escenario de cualquier película rodada en el espacio. Rodeadas de tonos ocres debido al azufre, las fumarolas destacan en la zona de Hverir. Nosotros fuimos cerca de las 7 de la tarde, y había una luz muy especial, como azulada y le daba un tono aun más de fuera de este planeta.

img_0671

Fumarolas de Hverir

De ahí volvimos a Akureyri a casa de nuestro nuevo anfitrión, también encontrado via couchsurfing, Jonas. Era taxista y conductor de autobús. Nos estuvo contando mil cosas de la política islandesa, y enseñando fotos de sus viajes por todo el país, también nos ayudó a elegir una ruta para el día siguiente, ya que decidimos no hacer el este del país por falta de tiempo…

img_1956

¡Con Jonas!

Día 8: Höfn

Madrugamos para poder ir relajados en el coche y llegar con tiempo. Nos despedimos de Jonas y le agradecimos el habernos acogido y nos pusimos en marcha. Por el camino pasamos por Dettifoss, otra de las impresionantes cascadas islandesas. Esta vez, con arcoiris incluido.

img_0704

Dettifoss

Seguimos con nuestro camino, parando de vez en cuando para estirar las piernas y flipar con los paisajes. Este viaje en coche también incluyo tramo de niebla TOTAL en el que no se veía nada y dio un poco de miedo… Por suerte, Theo se atrevía con todo y condujo con las peores condiciones climatológicas y de la carretera.

img_0719

SAMSUNG CSC

Literalmente

Llegamos a Höfn por fin, dimos una vuelta por el pueblo, colocamos las tiendas en el camping y nos abastecimos de provisiones para celebrar nuestra última cena juntos los cuatro. Había una sala común que no cerraba, y la aprovechamos al máximo bebiendo el vodka que Tiff había traído. Decidimos cuál había sido nuestro top 3 del viaje, pero al día siguiente vimos un glaciar y eso moló infinito. Aun así como somos responsables nos acostamos relativamente pronto para aprovechar nuestro último día juntos.

14633543_10101048878817092_1120379907194779307_o

La última cena, en el camping de Höfn

Día 9: El glaciar Vatnajökull

Madrugamos con los pájaros y desayunamos. Teresa y yo tuvimos que organizar nuestras mochilas como si nos fuésemos ya, porque bueno, nos íbamos ya.

14705878_10154581364229641_4577712587130175040_n

Vatnajökull es el glaciar más grande (e impresionante) de toda Islandia y por lo que leímos el segundo más grande de Europa, y la verdad, me lo creo. Höfn está justo en la base, por lo que conducir en dirección sur  te ofrece unas vistas impresionantes de la lengua del glaciar. Fuimos al parque nacional del glaciar y fuimos a ver el glaciar Jökulsárlón, que es un lago glaciar y no hace falta que describa como fue. Las fotos hablan por sí solas aunque no le hacen justicia.

img_0725

 

Por supuesto me moría de ganas por meter la mano en el agua para comprobar su temperatura. Efectivamente, el agua del glaciar estaba fría, muy fría.

Un poco más adelante había una playa de arena negra que tenía trozos de hielo del glaciar, pero eran totalmente transparentes. Parecían esculturas de cristal que contrastaban con la arena de la playa.

img_0777

El glaciar Vatnajökull al fondo

Seguimos conduciendo hasta llegar a Vík, un pueblo en el sur, conocido por su playa de arena negra y una característica iglesia de tejado rojo en lo alto de una colina. Decidimos parar a comer ahí y pasar parte del día deambulando por la playa y el pueblo.

La siguiente parada fue la cascada Skogafoss, una de las más famosas, y que además ¡estaban rodando una escena de la serie Vikingos! Todo muy emocionante. Es súper chula, te puedes acercar un montón y prácticamente empaparte. También se puede subir y hacer una ruta por la parte de arriba. Luego visitamos Seljalandsfoss. TAAANTAS CASCADAS. Y cada cual a más emocionante a la anterior. Esta última tenía la particularidad de tener un camino habilitado para poder pasar por detrás.

img_0828

Skogafoss

img_0843

Seljalandsfoss desde atrás

img_0848

Nuestro camino se acercaba a su fin. Theo y Tiff iban a pasar la noche en Hella, mientras que Teresa y yo teníamos que volver a Reikiavik porque nuestros vuelos eran al día siguiente. Paramos antes del desvío para despedirnos. Nos fundimos en abrazos, palabras de cariño y promesas por cumplir, deseándonos lo mejor en la vida, un buen viaje y repitiendo lo bien que nos lo habíamos pasado.

Teresa y yo nos alejamos para situarnos mejor en la carretera. Volvíamos haciendo 14702305_10154581386164641_3612422840314653180_nautoestop. Estuvimos esperando unos 15 minutos y ya empezábamos a desesperar porque nadie nos recogía a pesar de la cantidad de coches que pasaban. Sobretodo gente sola en todoterreno. Con lo adorables que estábamos con el abrigo y la mochila, que parecíamos sherpas cutres… Al final, un coche nos hizo una seña, salimos corriendo emocionadísimas. Era un señor francés que también había estado viajando y que volvía a su casa al día siguiente. Nos dijo que el iba a Keflavik, le contestamos que genial, que ya nos buscaríamos allí la vida, sin embargo, se desvió y nos dejó en la puerta de Beni, nuestro anfitrión de couchsurfing. La gente puede ser TAN genial.

Esa noche fuimos a devolver mi esterilla, y luego dimos un paseo por el centro, despidiéndonos de esta ciudad tan particular. Cenamos en un pequeño restaurante y volvimos siguiendo el paseo marítimo.

Día 10: Vuelta a casa

Teresa se levantó sobre las 5 para coger su vuelo a las 10 de la mañana. Me desperté cuando iba a salir por la puerta y nos despedimos en un abrazo de oso. Seguí durmiendo hasta las 9, y luego Beni me acercó en coche al centro porque me quedé con ganas de subir a la torre de la Hallgrímskirkja. La entrada son 900 ISK, pero no te piden en ningún momento el ticket. Así que podéis ahorrároslo.

img_0856

Reykiavik desde la Hallgrímskirkja

De ahí fui directamente a la estación de autobuses (unos 10 minutos a pie), y cogí el autobús que salía  hacia el aeropuerto en ese momento. Tenía un día muy largo por delante para reflexionar en el viaje y hacer balance.

***

Mirando atrás, me siento orgullosa de mi de haber comprado un billete sin saber qué tipo de viaje iba a hacer ni de como me las apañaría. La verdad, es que creo que este viaje sola, no habría tenido el encanto que ha tenido, aunque soy consciente de la suerte que he tenido al llevarme bien con desconocidos y encajar en prácticamente todo, se que sin ellos me hubiese perdido muchas cosas y gracias a ellos he tenido uno de los mejores viajes de mi vida. Hemos pasado diez días estando cada minuto del día juntos y encerrados en un coche enano. Podría haber salido muy mal. Pero ha sido una experiencia increíble que ojalá me hubiese atrevido a hacer antes. Desde luego ha abierto una puerta que no se a donde da, pero me muero de ganas de averiguarlo.

14721498_10154581364059641_4284388013767505752_n

Thank you Teresa, Theo and Tiffany for being amazing travel companions and adventure mates, you have been the cherry on top, top notch and wildly incredible ❤

 

****LEE LA PARTE 1 DEL VIAJE****