Perú

El sur de Perú

En la última entrada os hablé sobre la mitad norte de este enorme país, hoy os vengo a contar sobre la sur. La más visitada sí, pero por una razón. Si contáis con un mes o menos de vacaciones, os recomiendo centraros solo en el sur; todo es más accesible, las distancias son más cortas y efectivamente, está Macchu Picchu.

  • Lima: La capital, y seguramente la ciudad menos interesante de todo Perú, pero es muy probable que voléis hasta aquí, así que ya que estáis ¿por qué no dedicarle unos días? Lo mejor que podéis hacer es explotar la oferta gastronómica. Se come muy, muy bien y hay mil opciones, pero a precio casi europeo. El barrio de Miraflores es donde ocurre todo, repleto de restaurantes, bares y discotecas coronado por el Parque Kennedy; un parque municipal ¡lleno de gatos!

Hay una playa, y un parque en el malecón que se llama Parque del Amor. En el faro, hay clases de yoga gratis casi todos los días, los domingos con música en directo. Por otro lado, el barrio de Barranco es otro mundo, parece que ya no estás en una ciudad. Sino en un sitio bohemio lleno de cafeterías, librerías y muy tranquilo. También hay distintas huacas (montañas sagradas) repartidas por la ciudad. El centro es algo más peligroso, y un poco lejos, lo mejor es hacer un Free Walking Tour.

  • Paracas: Un pequeño (enano) pueblo en la playa, pero de nuevo, si vais durante los meses de julio y agosto, hace bastante frío como para meterse en el agua. Se puede hacer un tour a las Islas Ballestas, pero están protegidas por lo que no se puede salir del barco. Lo mejor para explorar la Reserva Nacional es alquilar bicicletas y recorrerla a pedales. Es una pasada, y lo vais a disfrutar mucho más que si hacéis un tour en autobús. Se ven flamencos, pingüinos, y todo tipo de aves. Llevad la comida ya preparada, porque los tres restaurantes que hay, son carísimos.

Cerca está la localidad de Pisco, lugar que da nombre a la bebida nacional; pisco sour, pero los tours sobre el pisco se hacen un poco más al sur, en Ica.

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En la Reserva Nacional de Paracas

  • Ica y Huacachina: De Paracas a Ica, apenas hay un par de horas. No se bien como es Ica porque yo opté por ir directamente a Huacachina, un pequeño pueblo puramente turístico construido en un oasis a la entrada de un desierto inmenso. Y cuando digo desierto, me refiero a uno con enormes dunas de arena fina. Una noche es más que suficiente para que os de tiempo a coger un buggie y hacer sandboarding. Yo soy una cagueta y me dio muchísimo miedo, el coche va por las dunas y parece que estás en una montaña rusa, sobre todo si os sentáis atrás. Por la mañana, subid la duna grande que hay detrás del pueblo, cuesta pero es divertidísimo bajar corriendo (o rodando).

En Ica es dónde se hacen los tours del pisco. No os puedo ayudar porque no lo hice… pero hay montón de información una vez allí o incluso en Paracas.

  • Nasca: Unas líneas en la tierra con distintos dibujos que aparentemente nadie sabe de dónde han salido. Supuestamente, también encontraron una especie de ser con tres dedos y un cráneo muy grande y sin fisuras… Todo muy Cuarto Milenio.  Para ver bien las líneas, hay que contratar un vuelo, si no, las ves desde una torre pero no merece mucho la pena (eso dice la gente que lo ha hecho, pero no sé, yo no fui).
  • Arequipa: Seguramente, la ciudad del sur que más me ha gustado. El hogar de Vargas Llosa. Muy colonial, y llena de vida, pero con el ambiente de ciudad pequeña, a pesar de ser  la segunda ciudad más importante de Perú. Recomiendo pasar unos días relajados, explorando los rincones y paseando por sus recovecos. Visitad el museo de Juanita, una princesa inca que fue sacrificada y momificada y está casi intacta. Si os gustan los edificios religiosos, hay un convento que al parecer es precioso pero la entrada son 40 soles. Y si tenéis ánimos de caminar, el Cañón del Colca es obligatorio. Hacedlo en tres días en vez de dos para poder ir más relajados y poder disfrutar la segunda noche del lodge, que tiene piscina. Y hay que reponer fuerzas para la caminata del último día que es a las 5 de la mañana y todo cuesta arriba. Se caminan unas 3-4 horas al día y las vistas no dejan de impresionar ni un solo minuto.
  • Cusco: La capital imperial. Todo lo que hay que ver en la ciudad está en el centro. Toda esta zona a pesar de ser muy turística, no da para nada esa sensación. Por favor, id a comer a Green Point, seáis o no veganos, no he comido mejor en todo el viaje. Es algo caro, pero merece la pena. De nada.

Alrededor de Cusco también hay muchísimas cosas; id a pasar una noche o el día a Pisac, un pequeño pueblo en el Valle Sagrado, y haced ahí todas las compras de souvenirs. Todo el pueblo es un mercado de artesanías. Si queréis pasar la mañana no muy lejos, las salineras de Maras son una buena opción. Por cierto, hay un pasaje turístico que podéis comprar para todas las ruinas cerca de Cusco. No sé cuánto vale, pero merece la pena ya que individualmente son muy caras.

La montaña de siete colores es una pasada Hay  que madrugar mucho, hace mucho frío y te pasas la mayor parte del día en un autobús, pero en la vida había visto algo así. Llevad capas porque llegáis a los 5100m de altura. Esto es mejor ir en tour porque la carretera tiene tela y no creo que el transporte público llegue hasta allá.

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Montaña de siete colores a 5100msnm

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Salineras de Maras

Y por supuesto, el rey: Macchu Picchu. Si tenéis tiempo y os gusta el senderismo, haced un trek de varios días (el Salkantay es muy buena opción). Si no, hacedlo por libre ¡¡NO CONTRATEIS UN TOUR!! Sobretodo en esta época (la organización es terrible y pagáis de más). Yo lo hice pensando que conocería a gente y fue un caos absoluto. Si queréis, os cuento como hacerlo por libre, es muy fácil. Merece la pena, os ahorráis un dinero y podéis ir con tranquilidad.

  • Puno: La parte peruana del lago Titicaca (que no falte su coletilla: “el lago navegable más alto del mundo”). No tiene mucho, es sin más, una ciudad normal. Si podéis, pasad a Copacabana, el lado Boliviano (está a unas 3 horas), y si no, hay distintos tours a las islas flotantes. Yo hice uno de medio día a Uros, y meh, son unas islas artificiales hechas con totora, un junco que crece ahí, pero está todo muy escenificado. Parece un parque temático. No se como serán las Islas de Amantí y Taquile, pero en esas se puede pasar la noche por lo que serán más interesantes y son islas naturales.

Como veis, en el sur tampoco os vais a aburrir y es bueno dedicarle su tiempo. Pero creo que si solo tuviese dos o tres semanas, en Lima solo pasaría un par de días, otros dos en Paracas, uno en Huacahina, y el resto entre Arequipa y Cusco, y si sobra tiempo el Titicaca. En el sur, hay mucho más turismo, y es todo un poco más caro, pero sigue siendo barato. Por cierto, el 28 de julio es la fiesta de la independencia en Perú, y será más difícil encontrar alojamiento ¡planead con tiempo!

Espero que os sirva de ayuda!

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Yo siendo una topa en las dunas con Tequila, la perrita del hostal que no se despegaba de nosotros

¡Hasta la próxima!

El norte de Perú

No es novedad que Perú es uno de los mayores destinos turísticos en la actualidad, y es que es un país que ofrece infinidad de atractivos. Sin embargo, la mayoría de los visitantes se quedan en el sur, perdiéndose la mitad del país. No es tan raro teniendo en cuenta que Macchu Picchu es lo que más turismo atrae, y normalmente la gente apenas se puede tomar un mes de vacaciones, con suerte. Del sur hablaré en otra entrada que también da para rato, pero hoy quería darle un poco de amor al norte, que desde luego se lo merece.

Si tenéis más de un mes y podéis, yo recomiendo visitar el norte. Yo llegué a Perú el 3 de junio (bueno, ese día me subí al barco en Leticia, Colombia), y ayer (1 de agosto) crucé la frontera a Bolivia. Pero más o menos, este es el recorrido que hice yo en aproximadamente un mes en el norte.

  • Iquitos: Es la ciudad más grande de Perú en el Amazonas, y la más grande también que no está conectada por tierra con otra ciudad (solo un pueblito, Nauta, desde el que salen los barcos “rápidos” a Yurimaguas). Pasé tres noches y dos noches en un tour por el Amazonas. Hay mucho que hacer, hace mucho calor, poca agua, mal internet y un tráfico de locos, pero aun así, merece la pena si tenéis o bien un presupuesto más alto para volar, o más días para llegar en barco.

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  • Tarapoto: Solo estuve de paso, llegamos de Yurimaguas que es un pueblito sin mucho que ofrecer y en seguida cogimos un colectivo a Chachpoyas, sin embargo, al parecer s{i que hay distintas cosas que hacer de las que no puedo hablar ja,ja.
  • Chachapoyas: Sí, lo sé. El nombrecito se las trae pero llega un momento en el que suen hasta normal. Me pareció muy curioso que esta región se llame Amazonas y la de Iquitos Loreto, cuando Iquitos está en pleno río Amazonas, pero bueno. Como diría Calle 13: hay tantas preguntas y pocas respuestas. Ha sido uno de mis sitios favoritos de Perú. Callecitas de piedra, casitas de fachadas blancas, rodeado de montañas y una atmósfera a pueblo tranquilo y seguro. Se puede visitar Kuelap, una ciudad en ruinas pre inca, montarse en el único teleférico de Perú, hacer una caminata a Gohta; la tercera cascada más alta de Sudamérica con 700m de altura y visitar unos miradores increíbles.
  • Cajamarca: Sitio ideal para alejarse del “beaten path”. Ahora, el autobús entre Chachapoyas y esta ciudad se las trae. Son unas 12h si no recuerdo mal, por eso decidí ir de noche, y la verdad, no sé qué hubiese sido mejor. Una carretera sin asfaltar, de un solo carril, por las montañas, y cada vez que venía otro bus o camión de frente teníamos que recular. Lo bueno es que de noche no ves mucho lo que pasa, pero da más miedo por la falta de visibilidad (del conductor vaya, que tampoco paró en todo el trayecto), de día ese problema no existe, pero la que lo ves eres tú.

Es una ciudad bonita y tranquila, rodeada de sitios arqueológicos, y alejada del turismo. Hay mucha vida en la calle y mucha variedad de restaurantes. Yo solo pude estar un día y fui a los Baños del Inca, lo cual os digo desde aquí que no vayáis, que es un poco guarrada. Pero hay mucho más y una vive y aprende.

  • Cajabamba y el valle de Iscocucho: Esto sí que está alejado de los turistas. A medio camino entre Cajamarca y Trujillo. Hice un voluntariado que terminó siendo un fracaso y me fui de ahí una semana antes de lo establecido.

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  • Trujillo y Huanchaco: ¡La costa por fin! Trujillo es una pequeña ciudad colonial con un plaza de armas preciosa, Huanchaco es un pueblito playero a tan solo media hora, se puede ir en autobuses locales por 3 soles, si no recuerdo mal. Yo recomiendo quedaros en Huanchaco, que aunque es más pequeño, tiene es ambiente playero tan relajado. Además, hay muchísimas cafeterías y restaurantes vegetarianos, clases de yoga y surf. Qué felicidad. No pisaba la playa desde que dejé Cartagena hacía ya casi un mes. Peeero, era invierno y hacía demasiado frío para meterse en el mar. Aquí principalmente están las ruinas de Chan Chan, a medio camino entre Huanchaco y Trujillo y las Huacas del Sol y de la Luna, todo ruinas pre incas.

Si venís por Ecuador (o vais en esa dirección), Máncora dicen que está muy bien, al parecer es la perfecta combinación entre fiesta y relajación. También, un chico que conocí en Chachapoyas había vivido en Tumbes, y decía que aunque Tumbes no tenía mucho que ofrecer, las playas de alrededor eran preciosas.

  • Huaraz: Este sitio es para los amantes de la escalada y el senderismo. Un consejito, si venís de Huanchaco (o de Lima, ya que ésta también está al nivel del mar), no vayáis a la montaña ese mismo día, y el siguiente igual tampoco. Esperad un poco a que vuestro cuerpo se aclimate a la altura. Creedme que se nota. Es posible que el mismo día que llegué me fui con las dos chicas que conocí en el voluntariado a la laguna Huilcacocha y es posible que tardásemos el doble en llegar porque nos ahogábamos. Dos días más tarde, fuimos a la Laguna 69, una impresionante laguna entre nevados de un azul tan turquesa como mi chaqueta de Quechua. Esto lo podéis hacer o bien en el día (igual es mejor alojaros en Caraz, y así no tenéis que levantaros a las 4 de la mañana), o hacer un senderismo de tres días; el Santa Cruz trek. Y si no tenéis límite de tiempo, en Huaraz no os vais a cansar de montaña.

Mi siguiente parada fue Lima, pero me la guardo para cuando hable del sur de Perú.

La verdad que merece la pena recorrer el país entero si tenéis tiempo porque es una auténtica pasada. El norte además, está menos explorado y explotado, así que aunque sigue habiendo turismo, no es agobiante y la cultura de los sitios está mínimamente intacta. También es mucho más barato, desde la comida hasta el transporte, por no hablar del alojamiento.

Perú es enorme y es imposible verlo todo, las distancias entre los sitios son larguísimas, sobre todo en esta mitad del país, donde entre sitio y sitio hay por lo menos 8 horas en autobús. Bueno, en kms no es tanto, pero vas atravesando la montaña. Sin embargo, no os asustéis, pues en general los autobuses están muy bien. Los billetes se pueden comprar por internet (en Ecuador te plantabas en el terminal y en cuanto oías que alguien gritaba tu destino, corrías a subirte), en los servicios nocturnos los asientos son cama o semi cama, y hay veces que dan de comer, almohadas y mantas, y las maletas se “facturan”; les ponen una etiqueta y a ti te dan otra con la que la recoges.

Espero que os haya gustado y si algún día pensáis en ir a Perú, consideréis el dedicarle más tiempo.

¡Hasta la próxima!

 

Vegetariana recorriendo Sudamérica ¿se puede?

Cinco meses y medio después de viaje y de haber pasado por Ecuador, Colombia y ahora (estando en) Perú puedo hablar del tema del vegetaranismo con seguridad. Parece que en Sudamérica y Latinoamérica en general se come muchísima carne, o por lo menos es lo que ocurre en estos tres países (aunque la gente que he conocido de Argentina también me han confirmado este hecho). Además, la comen para desayunar, comer y cenar, prácticamente todos los días de la semana, por lo que a simple vista, puede parecer algo complicado el viajar siendo vegetariana o vegana, pero nada es imposible. Solo se necesita convicción, ganas y saber dónde buscar.

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Frijoles, arroz blanco, ensalada y una sencilla y feliz hamburguesa de quinua con zanahora (Baños, Ecuador)

Dejé la carne y la leche de vaca hace unos tres años, el pescado hace uno y estuve unos meses intentando evitar cualquier producto que viniese de animales, otros derivados lácteos y demás. En casa, obviamente, todo es más fácil y no resulta complicado el saber qué nutrientes comes y como suplir lo que no dan los productos animales. Sin embargo, viajando he tenido que claudicar en algunos aspectos. Sudamérica es desde luego un desafío, pero se puede hacer sin morir en el intento. Voy a contaros mi experiencia, pero espero no ofender a nadie, ni de un lado ni del otro. Es un tema muy personal y ni yo juzgo a nadie, y espero que nadie me juzgue.

Pero vamos al lío; aquí (Ecuador, Colombia y Perú), al menú del día lo llaman almuerzo. Cuesta entre 1 y 4€ aprox. Suele consistir en una sopa de primero, y de segundo; arroz, frijoles, algo de ensalada, a veces yuca o patacones (plátano frito más o menos) y carne. Hasta ahora, normalmente, pregunto de qué es la sopa, hay veces que hay suerte y es de vegetales o tubérculos y otras que es de carne. Si no se ha cocinado con carne, pregunto si en el segundo plato pueden servirme el plato normal, pero sin la proteína. Casi no he tenido ningún problema para que no me pongan la carne, y en su lugar, sirven más patacones, aguacate o algo así. Otras veces, sin preguntar, pondrán un huevo frito. Yo he vuelto a tomar huevo, pero si no queréis; especificad antes que tampoco tomáis eso.

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Un menú en un restaurante vegetariano (Guayaquil, Ecuador)

En general, en la mayoría de hostales para mochileros hay cocina relativamente bien equipada, y aunque no se consuman muchas verduras, en los mercados locales abundan a precios muy baratos, por lo que podéis cocinar sin problema. Los frijoles se venden a granel. Obviamente, si cocináis no tendréis ningún problema, pero sí que es más difícil encontrar sustitutos de la carne como tofu o seitan… Igual en las tiendas naturistas (herbolarios de toda la vida), pero serán algo caros. Aunque no temáis, pues la quinua, la chía y la linaza se encuentran súper fácilmente y a unos precios que harán que queráis llevaros todas a España. Pero los frutos secos son caretes, excepto los cacahuetes (yo hago mi propia mantequilla de cacahuete y está híper rica, sin químicos ni aceite de palma).

Otra cosa cara; las leches vegetales. En Colombia a veces tenían el litro de leche de soja por unos 3€, pero no es lo normal, y de todas formas, no suele compensar, ya que nunca pasas el suficiente tiempo en un mismo sitio como para acabarla, y se pone mala por el camino. Si me quedo una semana o más, suelo comprarla. Pero la verdad es que ya me he acostumbrado a tomar el café solo (el tinto que llaman en Colombia) y los copos avena los cocino en agua en vez de leche. Sin embargo, la panela (o caña de azúcar) es muy barata, por lo que es un buen momento de dejar el azúcar refinado por algo más natural. Pero bueno, siempre podéis hacer vosotros la leche con avena, almendras, alpiste, o lo que sea. En Perú, encontré leche de soja enlatada a un precio muy normal. Me emocioné tanto que la compré sin pensar. Luego, al leer los ingredientes, casi me da algo de la cantidad de azúcar blanco que llevaba.

Os hartaréis (o no, en realidad, yo nunca podría hartarme) de tanta fruta. Hay muchísimas, o sea solo el plátano tiene como mil variedades. Por ejemplo; hay un plátano que es más grande y ese no se considera fruta, se cocina, y se divide en guineo, maduro y verde, depende de su grado de madurez. Los maduros son más dulces. El “normal”, aquí lo llaman banano, y los hay enanos que son muy dulces y otros rosas. Yo flipo. Papaya todos los días. Y qué papayas. Unas chirimoyas del tamaño de todo el continente (las grandotas se llaman guanábanas). Hay tomates de árbol (sí, el que le puso el nombre se lució), y lulos que hacen los mejores jugos después del maracuyá. Y una de mis favoritas, las granadillas. Las enseño en el vídeo de San Andrés. DELICIOSAS. Ah, y las naranjas son verdes y no se llaman verdes (no me matéis, je). Con todas estas frutas, se pueden hacer infinidad jugos y los que venden en la calle son entre 1 y 3€, pero acordaros de decir “sin azúcar”, porque le ponen muchísimo.

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Jugo de durazno (Guayaquil, Ecuador)

El queso también lo usan muchísimo, pero no hay queso como el queso Europeo, así que se puede vivir sin él sin problema, pero cuidado con el pan, porque, sobretodo en Colombia, casi todo está relleno de queso. Los buñuelos, hay empanadas, el pandebono, las almojábanas, etc. Por supuesto todo frito y súper sano. En Colombia y Ecuador también le ponen queso al chocolate caliente, pero solo si lo pedís expresamente.

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Almojábanas  (Chía, Colombia)

Un tema interesante es el de la ganadería; se ve mucha ganadería pequeña. Familias que crían ellos sus vacas, chanchos y gallinas, consumen de sus animales y lo que sobra lo venden en los mercados locales o a los vecinos, por lo que es muy distinto, ya que solo se cría lo que se consume. En la comunidad en la que nos quedamos en la selva, pescaban mucho porque no tenían ganado, pero solo pescaban lo que iban a comer en el día. Allí me ofrecieron y me lo pensé, pero en realidad no quería comer un animal aunque hubiese sido conseguido de forma sostenible y responsable.

Creo que no es tan difícil si os buscáis un poco la vida. Comer fuera a veces puede ser un poco pesado, ya que no siempre te hacen el apaño, y veces que ni se les ocurre y te preguntan “¿vegetariano? ¿como qué?”. Importante señalar que digáis siempre vegetariano, o especifiquéis todos los tipos de carne, porque a veces solo llaman carne al res y al cerdo, pero no al pollo o pescado. Lo mejor es la aplicación Happy Cow, en más de una ocasión me ha salvado y hay veces que hay sitios donde menos te lo esperas. En Colombia por ejemplo, hay una comunidad muy grande de Hare Krisnas y tienen restaurantes repartidos por todo el país. Y bueno, si cocináis vosotros, pues ningún problema.

Puedo colgar alguna recetilla también si queréis 🙂

Y si todo lo demás falla, siempre quedarán las humitas ❤

 

¡Hasta la próxima!

De Leticia a Iquitos; tres días en barco por el Amazonas

Tal cual. Y no un barco cualquiera, si no un barco carguero, para darle más romanticismo al asunto. Mientras viajaba por Colombia decidí cambiar mi ruta e ir a Perú en lugar de a Panamá. Buscando y buscando la manera de llegar a Perú desde Colombia econtré varias opciones:

  1. Volando. Hay vuelos a Lima desde casi toda Colombia, pero pueden ser algo caros. Creo que desde Leticia a Iquitos no es mucho, pero aun así se salía del presupuesto.
  2. En autobús desde Cali o Popayán recorriendo todo Ecuador. No se precio pero tarda unas 40 horas creo. La empresa es Cruz del Sur.
  3. En barco carguero.

Opté por la última. Compré un vuelo de Bogotá a Leticia, que en el mapa está en la esquinita de Colombia lindando con las ciudades de Tabatinga (Brasil) y Santa Rosa (Perú). Estuve dos noches, asegurandome que tenía todo lo que necesitaba para el barco. Hay tres tipos de barco; el lento carguero, que se demora unos 3 días, uno rápido y otro noruego aún más rápido. Apenas hay información en los barcos, o eso me pareció a mi. El rápido tarda unas 15 horas, y hay dos tipos pero no se nada sobre precios.

El primer día decidí ir a Santa Rosa a preguntar. Desde el malecón de Leticia te llevan en balsa por 3.000 pesos (1€). Al llegar, le pregunté al chico que me llevó que dónde podía preguntar.

-No hay nada que preguntar- Me contestó.

-¿Cómo?

-Sí, solo te presentas en el barco y esperas a que salga.

-Ah… O sea que he venido para nada…

-Bueno, te acerco a ver si ahora hay un barco, igual ahí te dicen algo.

Pusimos rumbo al nuevo destino. Una vez allí me dijeron que el barco costaba unos 60-80 soles (15-21€) y que saldría el sábado a las 11 de la mañana. Listo. Suficiente.

Antes de embarcar, recordad que os tienen que sellar el pasaporte, tanto de salida en Leticia (hay una oficina de inmigración en el malecón y otra en el aeropuerto), y también en Santa Rosa para entrar en Perú. Os darán una tarjetita que hay que guardar hasta salir del país porque la piden mucho en los controles. No olvidéis cambiar algo a soles para tener a mano, pero si no cambiáis en Leticia, en Iquitos hay casas de cambios y gente que te cambia en la calle (no se como de legal es eso…).

También necesitáis una hamaca si no queréis dormir en el suelo, y creedme que no queréis. Yo me arrepentí de no comprarme una en la costa porque eran más bonitas y más baratas. En Leticia venden unas muy feas por unos 5€, pero yo quería traermela a España, así que compré una azul turquesa muy bonita que me costó unos 10. Las cuerdas para la hamaca, podéis comprarlas (1€ aprox) o si no en el barco, os daran unas tiras como de los chalecos salvavidas que hacen el trabajo igualmente. Llevad también el agua que creáis necesitar.

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La fabulosa embarcación

El sábado madrugué, fui a Santa Rosa, sellaron mi pasaporte y a las 9 de la mañana llegué al barco. Señalaron a un señor para que hablase con él, asumí que era el capitán. Éste me contó que este barco no iba a Iquitos, que el mio llegaría en un par de horas que venía de Islandia.

One moment.

Cómo que Islandia.

Pero si hace frío, y van en hamacas y ¿en qué parte del mapa desemboca el Amazonas? Y joder, ¿cómo es que a Iquitos tardamos tres malditos días y a Islandia se demora dos horas?

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Yo intentando averiguar cómo iba a llegar el barco desde Islandia

Muy confusa, le expresé mis dudas al capitán, quien no parecía entenderme muy bien y me despachó diciendo que subiese a esperar a mi barco. Al poco apareció otro hombre de la tripulación a darme conversación. Le pregunté cómo es que llegaban de Islandia si eso estaba en Europa. Lo encontró tremendamente gracioso. Al parecer, es una ciudad en las orillas del Amazonas, que jsuto comparte nombre con la isla nórdica. Pues nada, ahí me quedé como una pazguata.

A todo esto ya eran más de las 11 y ahí no llegaba nada. Una hora más tarde aparecía otro ferry. Era más grande que en el que estaba, con un piso más y parecía mejor cuidado. Despidiendome del capitán que intentaba convencerme para que me quedase en su barco, subí al otro. Un chico me ayudó con la mochila y me colgó también la hamaca en la planta de arriba y fui a explorar. La planta baja del barco parecía para carga, (y de hecho más adelante, metieron vacas, cerdos y montones de gallinas) la primera y segunda estaban cerradas por paredes con ventanas, y al final de estas estaban la cocina, el bar y los baños (unos retretes con una pinta horrible y una tubería en el techo hacía las veces de ducha). La tercera parecía la más tranquila. No estaba cerrada, pero tenía unas lonas que se podían bajar si hacía frío o llovía.

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Volví a mi hamaca y conversé con el hombre que estaba a mi lado. Eran ya las 12 del mediodía y salíamos a las 11, así que extrañada le pregunté si sabía lo que pasaba. Segundo momento del día en el que hago alarde de ser una topa de remate.

-¡Pero si salimos a las 7:30 de la tarde mujer!

-¿Cómo? No, pero a mi me dijeron…

-Hago este camino muchas veces mi amor, y este barco no sale hasta las 7:30 de la tarde.

Pues nada. Como no quedaba otra, me eché una siesta maldiciendome. Unas horas más tarde, apareció en la planta una chica rubia, hablamos un rato y decidió mudarse arriba también. Luise, de Alemania. No sabéis la ilusión que me hizo conocer a otra viajera que también iba sola. No solo hizo que me sintiese mucho más segura, si no que nos entretuvimos la una a la otra durante el viaje. Éramos las únicas turistas de todo el barco, el resto todos peruanos

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Puesta de sol en el Amazonas antes de zarpar

Salimos puntuales a las 7:30 de la tarde, cuando ya era de noche. Nos dieron de cenar una taza de avena (más bien de agua con cuatro hojuelas y mucho azúcar), y nos quedamos sin pan porque ya no quedaba. A eso de la 1 de la mañana vinieron dos de la tripulación a tocar un poco los huevetes, con la linterna enchufandola en nuestras caras diciendo “buenos días, hay que pagar mi amor”. No entiendo por qué habiendo tenido toda la tarde, lo hacen por la noche cuando ya está todo el mundo en el séptimo sueño. En fin, son 70 soles, que son unos 20€ aproximados.

El desayuno nos lo llevaron a la hamaca a las 7:30. Otra taza de avena con azúcar y agua y un trozo de pan blanco. Previendo esto, las dos nos habíamos provisto de frutas y algunas verduras, por lo que pudimos comer relativamente sano a pesar de las circunstancias. El almuerzo consistió en arroz con leguumbres y un trozo de pollo que ahí se quedó. La cena fue una sopa de gallina. En ese momento me sentí muy orgullosa de mi yo del pasado porque se me ocurrió cocinar unas lentejas y llevarlas en el tupper por si la comida tenía mucha carne. Me salvaron la cena 🙂

Los días eran largos, no había nada que hacer. Leíamos, dormitábamos y escribíamos principalmente. Aprendí a hacer algunas pulseras con macramé que me enseñó Luise y hablamos con los locales, que nos contaban cosas de Iquitos, de donde parecían ser todos. Para entonces las primeras plantas estaban abarrotadas de gente, casi hacinadas, y no corría el aire. Arriba en cambio, cada vez éramos menos. También decidimos prescindir de las duchas, e ir al baño lo menos posible porque estaban realmente sucios, y el fin de la ducha es acabar más limpio…

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La planta de arriba. La hamaca turquesa detrás del señor es la mía

Una cosa que nos impactó mucho fue que la gente tiraba la basura al río. No hay ninguna conciencia sobre lo que el plástico causa en el medio ambiente, y no creo que sean conscientes de lo que el Amazonas y sus selvas significan para el planeta. Veías a mucha gente tirar la basura, y mucha otra la dejaba en el suelo, por lo que se acababa volando igualmente. Luise y yo recogíamos bastante y la metíamos en los cubos, pero no se si esos cubos también van o no al río… En una ocasión incluso le dije a un chico “perdona, se te ha caído esto… a ver si va a acabar en el río”. Se levantó, lo tiró a la papelera y volvió a tumbarse. Así de fácil.

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Llegamos a Iquitos sobre las 5 de la tarde. Según atracamos, y antes de desembarcar, ya teníamos a varias personas dentro diciendo “venga amiga, yo les llevo a un hostal bueno, les llevo por solo 2 soles”, es un poco agobiante, pero bueno, una se acostumbra. Dandole largas, bajamos, y nos encontramos con un auténtico caos de basura, otras embarcaciones, perros vagabundos, olores muy fuertes, moto taxis y un montón de personas hablandonos a la vez. Abrumada, escuché a Luise hablar con un chico que decía que nos llevaba por 7 soles. Entonces vislumbré al que había entrado al barco y le hice una seña. Él nos iba a llevar por 2, así que… No os dejéis engañar, os dirán que la ciudad está lejos y otras excusas, pero no paguéis más de 2 o 3 soles.

Iquitos es una de las ciudades más grandes que no está conectada por tierra con otras. Solo con un pueblo, creo, que se llama Nauta, desde donde salen los barcos rápidos a Yurimaguas (de rápidos no tienen nada, pero esa es otra historia). En la ciudad está el mercado de Belén, es un barrio bastante malo, pero durante el día no hay peligro. Dentro hay distintas zonas. Hay una que está como flotando y es la más bonita a la vez que la más desagradable. Venden todo tipo de animales (o partes de éstos) legales e ilegales de la jungla. Yo solo me quedé en la parte de las frutas y verduras, porque no quería verlo. Pero bueno, lo mejor es que preguntéis en vuestros alojamientos qué hacer, porque aunque a primera vista parece que no hay mucho, se le puede sacar mucho partido a esta ciudad que tanto caucho dio.

Aunque esta no sea la manera de disfrutar de la selva, desde luego ha sido toda una experiencia. No solo por el hecho de recorrer parte del Amazonas en un barco carguero durante unos días, durmiendo en una hamaca y sin ducharse, si no por ver como se mueve la gente local, y poder hablar un poco con ellos. Además, los paisajes son una auténtica pasada e igual tenéis suerte y véis los delfines rosas… Creo que merece la pena hacerlo una vez si os encontráis en la zona. Hay mucho tráfico de barcos entre Perú, Colombia y Brasil, así que depende de dónde os encontréis.

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Espero que esto sea de ayuda 🙂

¡Hasta la próxima!