Turismo

Viajar de forma sostenible

Hoy es el día de la tierra, y qué mejor que hablar sobre turismo sostenible. Escribo desde Santa Marta, portal para el maravilloso Parque Nacional de Tayrona, una entrada en la que llevo bastante tiempo pensando, pero no sabía bien como enfocar y he tenido que pensarlo un poco más.

Llevo viajando ya poco más de tres meses y he conocido a mucha gente con quienes he podido aprender mucho y también estudiar otras formas de viaje, también he visto sitios increíbles que han perdido parte de su encanto por el turismo (masivo principalmente). A muchos nos encanta viajar, y sobretodo encontrar sitios vacíos, ser los primeros, llegar y que no haya nadie, pero somos nosotros los responsables de asegurarnos que allá donde vayamos, lo estemos haciendo de una forma sostenible y que en lugar de dañar a la comunidad local, la beneficiemos.

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Alausí, Ecuador

Un buen ejemplo son los animales; a todos nos gustan y buscamos experiencias que nos permitan acercarnos a ellos lo máximo posible, sin embargo, esto no siempre es bueno. Es muy común en países del sudeste asiático, sobretodo Tailandia, el visitar los templos de tigres y dar un paseo en elefante… En cuanto oímos el nombre de animales “exóticos”, queremos tener la experiencia completa con ellos. Pero antes de aventurarnos, deberíamos investigarlo.

Cuando estuve en Sri Lanka, después de acabar el voluntariado nos fuimos de viaje, y al cuadrar el presupuesto con las opciones, nos dieron a elegir entre visitar un santuario de elefantes rescatados donde el contacto con humanos es mínimo, o conocer a Lily, una elefanta usada para los festivales, y dar un paseo en ella. Mi primera reacción fue la de conocer a Lily, sin embargo, decidí investigar. Resulta que los elefantes no están hechos para llevar mucho peso en su espalda y aun menos cuando llevan sillas ya que les hace heridas en la espina vertebral. También el método de entrenamiento se basa en el miedo, creando una relación de amo-objeto. Los tigres están drogados; solo hay que pensar en cómo estarían los tigres en su habitat natural y si se dejarían acariciar por humanos normalmente. Solamente hay que leer un poco en internet antes de decantarse por algo que incluye animales. Si aun así se quiere tener la experiencia, hay muchas maneras de hacerlo sin que el impacto sea negativo, como visitando los santuarios (investigad también hasta que punto son legítimos y no es una trampa con el sello “eco” para vender más), o haciendo safaris donde los animales estarán a su bola.

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Área Natural de Los Etoraques, Colombia

Otro detalle a tener en cuenta; siempre que se pueda, elegir lo local. Comed como uno más, comprad comida en la calle, los regalos a los artesanos que trabajan para alimentar a su familia, y sobretodo, en los mercados. No solo ayudáis a la economía local, si no que además, es a granel por lo que permite llevar bolsas de tela en lugar de usar tanta bolsa de plástico como en los supermercados. Además, siempre es más barato en los mercados locales, que en el super. Si el país al que vais habla un idioma desconocido, aprended algo básico antes de ir para poder manejaros sin que os timen demasiado. Frases como “no, muy caro” o “¿cuánto cuesta?” pueden venir muy bien.

Hablando de plástico, traed una cantimplora y rellenadla. No solo es un ahorro de dinero, si no de plástico. Todo el plástico usado, sigue aquí, en vertederos y en el mar. El plástico no es biodegradable, por lo que se va acumulando, y sí, es posible que la cantidad de plástico que una persona usa no es comparable al que una fábrica puede usar, pero como dice mi madre “un grano no hace granero, pero ayuda al compañero”. Si el país no tiene agua potable, en la mayoría de hoteles/albergues tienen filtros. Y si no, compartid una garrafa grande en lugar de comprar botellas con menos capacidad. También está bien llevar una propia pajita de acero inoxidable, en lugar de usar las que os den. Comprad un tupper reutilizable de un material resistente, con cubiertos para poder llevar sandwiches o la comida del día siguiente en lugar de usar aluminio o el film transparente.

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Jungla de Dos Mangas, Ecuador

Evitad el aceite de palma. No solo es malo para la salud, si no que las selvas del amazonas y del Borneo están siendo destruidas para plantar el árbol, lo que significa que la fauna (especialmente orangutanes) que viven ahí están altamente atacados. Comprad frutos secos, o frutas o de puestos de la calle, en lugar de chocolatinas que puedan contenerlo. Si echáis de menos la mantequilla de cacahuete, podéis hacerlo en cinco minutos con cacahuetes, el aceite que queráis (el de coco es el mejor), sal y una batidora. Y bam, un rico desayuno sin químicos, aditivos y sin aceite de palma.

Eligiendo compañías o actividades que promueven o participan de alguna forma en el desgaste medioambiental o el uso de animales para el beneficio y entretenimiento de las personas, estamos fomentando el maltrato de animal y siendo parte del problema, de la misma forma que cuando vamos al circo o cuando tiramos basura a la calle. No cuesta tanto investigar, recoger y limpiar tras de nosotros e intentar reutilizar al máximo. Viajar de manera sostenible no significa renegar de la limpieza y dejar a un lado la higiene personal, solo significa ser más conscientes de nuestra huella en el mundo y hacer algo al respecto.

En muchos países no hay conciencia o información sobre el medio ambiente, y hay muchas actividades que solo van a fomentar el tipo de turismo que daña, pero no podemos culpar a la gente humilde que tiene una familia que alimentar y sabe que los turistas vana a querer hacerse una foto con una manta raya. Sin embargo, está en nuestra mano, evitar caer en esas trampas, concienciar e intentar que nuestra huella sea la manor posible.

Feliz día de la tierra, cuidémosla y mimémosla como se merece. No podemos olvidar que nosotros estamos aquí de paso y hay que dejar las cosas como nos gustaría encontrárnoslas.

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Parque Nacional de Cajas, Ecuador

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¡Hasta la próxima!

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Adiós al Donkey Den; haciendo balance

La cantidad de cosas que pueden pasar en tan solo tres semanas… Todo lo que ha ocurrido en el Donkey Den ha sido completamente inesperado. Ya lo hemos dejado muy a nuestro pesar… con una mezcla de sentimientos; la sensación de dejar atrás algo que no va a volver, pero la emoción de seguir con nuestra aventura. Hemos hecho amigos para toda la vida de los cuales nos ha costado mucho despedirnos, prometiéndonos volvernos a ver, intercambiando números de teléfono y deseándonos con todos nuestros corazones que todo vaya bien. Como nos dijo Marly, una voluntaria colombiana cuando se fue, “buen viento y buena mar”.

Recuerdo cuando llegamos a Manta por primera vez; llovía a mares, estaba todo embarrado y no teníamos ni idea de como llegar a Santa Marianita. Tuvimos que coger un taxi, que nos dejó en la playa, pero una vez allí seguíamos sin saber como llegar al Donkey Den. Nos tomamos una cerveza en una de las cabañas para protegernos de la lluvia e intentar ver si en alguno de los emails especificaba como llegar. Llegamos empapadas, nos abrieron la puerta Alejandra y Marly, las hermanas colombianas. Conocimos a Juan, el gerente, que era mucho más joven de lo que nos esperábamos, y quien nos llevó a nuestra habitación temporal no sin antes decirnos que esta noche, cenábamos con ellos.

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Parece tan lejano… La primera semana teníamos la sensación de que todo iba muy despacio, pero poco a poco fuimos conociendo a los otros voluntarios y a los huéspedes, conocimos sus historias, jugamos a las cartas, nos reímos a carcajadas y de repente, sin apenas darnos cuenta era 12 de febrero y les decíamos adiós. Las despedidas son muy amargas, y te dejan con un sabor extraño en la boca. En parte sabes que seguramente no os volváis a ver, pero albergas cierta esperanza…

Nos lo hemos pasado genial, y se que vamos a echar de menos a los gatos (Fido y Shorty siempre serán mis amores), las perras, los increíbles desayunos de Mayra y lo bonito que se pone todo al atardecer, sobretodo con la lluvia. Por supuesto, ya que la perfección es muy difícil de conseguir, todo tiene un lado malo, y hemos tenido que tratar con clientes nada agradables que nos han puesto en situaciones incómodas para las que solo hemos podido sonreír y asentir… Además, la dueña del sitio tampoco era santo de nuestra devoción, pero por suerte, las cosas buenas han sido muy buenas y han eclipsado a las malas. Nos vamos contentas gracias a Juan y a los demás voluntarios.16463411_10212331863596318_2089582210830503344_o

Sinceramente, es un buen sitio en el que pasar unas semanas como voluntario; es relajado, el trabajo es fácil y hay tiempo libre de sobra. También por la zona se puede disfrutar de la deliciosa comida del Don Willy II, de las pizzas y copas de Ecuablue (regentado por dos canadienses; Greg y Johnny), en incluso hay un descuento para los voluntarios en la escuela de kitesurf, tengo entendido que el profesor es muy bueno. Manta está a unos 20 minutos y solo cuesta 1$. Además es fácil y accesible llegar a otras atracciones (como el bosque de Pacoche).

Ahora nosotras seguimos con nuestro viaje y dentro de poco tendréis la entrada sobre la siguiente parada. De momento, buen viento y buena mar.

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Puerto López y Los Frailes

¡Hola caracola! Ya va siendo hora de contaros cómo nos va. En el Donkey Den trabajamos cinco días a la semana y luego tenemos dos libres, nada nuevo vaya. La semana pasada tuvimos los primeros días libres y no queríamos quedarnos aquí sin hacer nada. Investigamos un poco y decidimos pasar el jueves y viernes en Puerto López y pasar por la playa de Los Frailes que tanto nos habían recomendado porque estaba de camino.

Tuvimos la suerte de estar en el turno de mañana el miércoles, así que cuando terminamos a las 12, metimos un par de cosas en la mochila y cogimos la furgoneta a Manta. Llegamos a la estación de autobuses (o terminal terrestre como la llaman aquí), un señor nos dijo “¿Puerto López? En éste, entren no más”. Así que entramos. No se si lo he mencionado antes pero en los autobuses aquí ponen una peli detrás de otra a todo volumen y esto es lo mejor; doblada al mexicano. Creedme, ver a John Travolta hablando español mexicano es cuanto menos, gracioso. Yo conseguí dormirme un ratito, y cuando me desperté, la siguiente película estaba empezando. La imagen de una ola apareció en la tele… “¡¡¡OH DIOS MIO ES GREASE!!!!” Efectivamente. Cantamos todas las canciones con toda la fuerza de nuestros pulmones.

Llegamos a Puerto López sin tener absolutamente nada. Nos habían hablado de un hostal, el Brisa Marina, que ni sabíamos donde estaba. Preguntando y gracias a la aplicación MAPS.ME (no me cansaré de recomendarla), llegamos. Nos atendió, no sé, debía de estar en esa recepción todo el pueblo. Una señora que nos prometió enseñarnos dos habitaciones sin compromiso por 25$ la noche, el señor del comercio de al lado, otro que debía ser el dueño de una agencia de tours, y otros más que ni idea de donde salían. Decidimos quedarnos con la habitación después de regatear un poco (en realidad, lo hizo ella todo. Cuando bajamos nos dijo que nos lo dejaba a 20$ dólares las dos).

Paseamos por la playa mientras veíamos el precioso atardecer pero tanto andar nos abrió el apetito, y aquí viene cuando la matan porque es muy difícil encontrar comida vegetariana en Ecuador. Nos alejamos de la zona de playa porque era más caro y entramos en un restaurante. Todo en la “carta” (preguntar qué sirven en el momento) tenía carne o pescado, pero no hay nada que no se pueda arreglar hablando, por lo que preguntamos si nos podían apañar algo. Un plato enorme de arroz con judías y una ensalada. Total por cabeza: 2$.

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Playa de Puerto López

Snorkel en la isla de Salongo

El día anterior decidimos contratar un tour para hacer snorkel en la isla de Salongo. Había otro a la Isla de la Plata que era más largo, pero también más caro (15$ por persona). No teníamos que estar hasta las 10 de la mañana y nos levantamos sobre las 7 así que tuvimos tiempo de buscar un sitio apetecible para desayunar. Un breve inciso; madrugamos tanto sin querer. Desde que estamos aquí nos levantamos muy temprano sin siquiera intentarlo.No se si es por la luz, el calor o qué, pero es imposible remolonear…

Salimos a la calle después de dar los buenos días a toda la retahíla de personas que había en la recepción, y paseando por el malecón encontramos una cafetería francesa. Nos paramos a mirar, y un señor sentado fuera nos dijo en francés que ahí se comía muy bien, le respondimos que nos parecía un poco caro. Pareció pensarse la respuesta, pero finalmente dijo algo así como “si queréis, os lo dejo en 5 las dos”. Nos pareció bien, porque era la mitad del principio inicial. Total, que nos sentamos, y el señor se nos acerca y nos da un billete de 5$. Nuestra cara fue un cuadro porque no entendíamos por qué nos daba dinero. Vino la camarera y le preguntamos si era el dueño del local. No lo era, era un cliente que iba ahí a desayunar a diario. Le miramos de manera interrogante y nos dijo que si nos daba él los 5$, solo tendríamos que pagar otros 5. En ese punto no nos atrevíamos a declinar su invitación, billete en mano y caras de idiota pedimos nuestro desayuno. Café, zumo de mango y maracuyá, y crepes de chocolate con fresas. No nos quedaba otra que disfrutarlo.

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No pinta nada mal ¿no?

Después de otro paseíllo por la playa, fuimos a la “oficina” del tour (era una cabaña de madera y paja), muy emocionadas por esta pequeña aventura..

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Al llegar a la isla, amarraron el barco a una boya y pudimos nadar, hacer snorkel por la zona y hasta dar una vuelta en un pequeño kayak. La verdad es que contábamos con que alguien del grupo tuviese una GoPro y hacernos sus amigas para que nos pasase las fotos, pero NADIE tenía una, nadie. Fue un poco decepcionante porque había muchísimos peces, eran chiquititos y de colores muy brillantes, nadando por los corales. Había unos enanos, otros más grandes, unos que se acercaban a nosotros… A mi me encantó, y si por mi fuese, hubiese pasado en el agua mucho más tiempo.

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Después de pasar más de una hora buceando entre pececillos, nos acercamos a la playa de la isla para ver a los pelícanos. Pero nos quedamos bastante lejos, así que tuvimos que ir nadando en un mar de olas y corrientes enormes. Después de agotarnos, nos dieron pan de plátano, agua y coca cola, y volvimos a Puerto López.

Hambrientas, buscamos un sitio donde comer, y para nuestra sorpresa encontramos un local en la playa que servía comida vegetariana (Cafe Mar para los interesados). No nos lo pensamos dos veces. Tomamos el almuerzo que consistió en una sopa de verduras y un plato de arroz de coco con verduras acompañados por una limonada natural. El almuerzo son 3$, así que no está mal. Comer de carta es algo más caro (unos 5-6$ por plato).

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Almuerzo en Cafe Mar por 3$

El resto del día lo pasamos paseando por el pueblo y la playa, con algún jugo de frutas y la cena, que volvimos a cenar a Cafe Mar y probamos el ceviche y la hamburguesa vegana,y dos empanadas de verduras y queso.

Los Frailes 

Ese día decidimos coger el autobús de vuelta a Manta, pero no sin antes parar en la playa de los Frailes. Cogimos un mototaxi (un tuktuk) a la estación de autobuses y de ahí un autobús por 1$ a Los Frailes, que está de camino y a unos 20 minutos de Puerto López. Nosotras pensábamos que sería una playa bonita y ya, pero resulta que está en el Parque Nacional de Machalilla. 

Al entrar, te dan la opción de coger el camino largo o el corto para llegar a la playa. El corto son unos 40 minutos, por una carretera de piedras y el largo, que se tarda unas dos horas y vas por unos miradores y otras playas. Decidimos coger ese, porque era temprano y teníamos tiempo. Yo recomiendo ir por ese y volver por el corto, porque tardamos apenas una hora y pico y fuimos parando, o sea que no es muy largo.

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En uno de los miradores

En un punto llegamos a la Playa de la Tortuguita. Y ahí no sabíamos muy bien qué hacer. La playa era preciosa, no había nadie más y el sol picaba con fuerza. No sabíamos por donde seguía el camino… Nos sentamos un rato y exploramos un poco para ver las posibles opciones. Lo volvimos a encontrar, pero bueno, si os encontráis en esa situación que sepáis que hay que atravesar la playa entera.

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Llegamos a Los Frailes, una playa recogida en una bahía y en menos de dos minutos ya estábamos en el agua. Qué gozada…

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Lo incómodo fue volver, llenas de arena, las duchas no funcionaban y el agua que vendían para ese propósito se les había acabado. Así que mejoras, arenosas y quemadas hicimos el recorrido de vuelta.

Esperamos al siguiente autobús a Manta, que iba a todo trapo, con la puerta y ventanas abiertas y seguramente mucho más rápido de lo permitido. Lo bueno fue que llegamos en apenas dos horas cuando a la ida tardamos casi tres.

Y así se terminaron nuestros días libres. Volvimos al Donkey Den como dos cangrejos, pero felices como perdices de haber salido de Santa Marianita. Nos queda una semana aquí, así que iremos contando nuestros planes y lo que nos va pasando ¡Seguidme en Instagram para no perderos nada! Aquí os dejamos el vídeo:

¡Hasta la próxima! ❤

48 horas en Guayaquil; primeras impresiones

Me gusta escribir en general, y me gusta escribir en el blog, pero cuando estás a pie de playa, con la suave brisa marina, bajo una techada de madera y paja, rodeada de gatos y perretes que solo quieren mimos, es todo mucho más apetecible. Y así estoy ahora en Santa Marianita. Pero ya os hablaré de esto, de momento os voy a relatar como han sido los primeros días en Ecuador y las primeras impresiones. Aquí va una pequeña lista:

  1. En Guayaquil hace muchísimo calor, pero sobretodo humedad. Lo notamos nada más salir del aeropuerto; fue una auténtica bofetada en la cara. Tuvimos que volver a entrar para soportarlo mejor. El calor se te mete en el cuerpo, estás pegajoso todo el día y no hay manera de refrescarse.

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    Una calle de Guayaquil

  2. En general, los ecuatorianos son muy buena gente. Antes de llegar nos habían dicho de todo: no cojáis taxis en la calle, no os fiéis de nadie, no habléis con la gente, no tengáis cara de dudar por la calle porque os timan. Nada más lejos de la realidad. Es cierto que al tener tanta pinta de extranjeras es posible que los taxis te intenten sacar un par de dólares más, y en los mercados te agobian un poco con “¿a la orden?”, pero en general, la sensación que nos ha dado es amabilidad genuina.
  3. Los taxis no tienen parquímetros, hay que pactar el precio antes de entrar. A mi esto me daba algo de miedo porque mis habilidades de regatear son pésimas, pero no ha sido tan difícil. Ayuda mucho el saber con antelación cuanto te deberían cobrar por el trayecto, por lo que cuando coges el taxi le dices “¿para ir al Malecón cuanto cobra?” poe ejemplo, y él te dirá “5 dólares”, pero tú sabes que no tienen que ser más de 4, así que se lo dices, y entonces capitulan. Si no rebajan el precio, coges otro que sí lo haga.
  4. Si conoces a alguien de allí que os ayude, mucho mejor. A nosotras el tener a Kevin, un amigo de una amiga de Ana nos vino genial. Guayaquil es un auténtico caos, pero de alguna forma funciona, y Kevin nos ayudó a movernos, a saber qué ver y a pagar los taxis sin que nos timen.

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    Ana, Kevin y yo en el Parque de las Iguanas

  5. Se toman su tiempo, ármate de paciencia. En los restaurantes tardan en servirte, y no suelen poner los platos a la vez, si no que van de uno en uno (esta ha sido nuestra experiencia de momento, no generalizo). Si el autobús sale a las 12:50, saldrá por lo menos diez minutos más tarde si no más, porque a veces esperan a que se llene entero antes de salir. A los trayectos en autobús, añádele una o dos horas más. No hay prisa para nada. Ah, y ya mismo no significa ya mismo, si no entre la próxima media hora y el infinito (gracias Maria por esta información).
  6. El arroz es la base de todo. La mayoría de platos se sirven con arroz. El plátano también es uno de los ingredientes estrella. Cocinan de todo y hay tres tipos. El verde, el maduro y el guineo (este último es el que conocemos en España). Hacen desde chips a tortillas a dulces y más. Hay muchísimos platos de pescado, desde ceviche a estofados. No pienso probar ni uno (aunque si me da un poco de pena, pero mis principios son mis principios).

De momento eso es todo, que no es poco. Estos dos días en Guayaquil han sido cuanto menos, interesantes. Llegamos a las 6 de la mañana hora ecuatoriana y nos costó bastante habituarnos. Comimos a las 10 de la mañana y estábamos agotadas dos horas más tarde, pero conseguimos que la siesta solo durase una hora para poder dormir por la noche. Aun así nos dio tiempo a ver bastantes cosas; pasear por el Malecón, subir por Las Peñas, ir al Parque de las Iguanas, pasear por la Víctor, ver el Parque Forestal y mucho más.

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En la próxima entrada os contare cómo ha sido la primera semana en la guesthouse Donkey Den, el trabajo que hacemos y cómo es este pequeño paraíso. Aunque si me seguís en Instagram podéis ver mis stories que eso lo actualizo a diario.

De momento podéis ver el vídeo de como fueron estos dos días:

¡Hasta luego!

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Guayaquil de noche desde Las Peñas

 

 

Mallorca en 4 días

SPOILER: No son suficientes. Pero como casi nunca, aunque cuando tienes cuatro días y vuelos a Palma por 40€, pues te callas y haces las maletas. Sobretodo cuando la que te lo propone es tu madre. Amén a todo.

Cinco días más tarde, nos plantamos en Barajas. Jaaa, ja, ja. La ida íbamos con Norwegian (hands down a la mejor compañía low cost del planeta), y mirábamos a los de la puerta de embarque de al lado, mismo destino, pero con Ryanair, y no podíamos evitar sentirnos ligeramente “superiores” por volar mejor por el mismo precio. Si hubiésemos sabido entonces como iba a ser la vuelta (con Ryanair), mejor nos callamos.

Peeeero, teníamos que aprovechar el momento, y nos subimos a nuestro avión que iba casi vacío. Decidi(mos) reservar un airbnb en lugar de hotel, y como nuestro vuelo había sido muy temprano, le preguntamos a la anfitriona qué podíamos hacer ese día antes de dejar las maletas. Nos recomendó una ruta y como no sabíamos qué otra cosa hacer, nos pusimos en marcha.

Día 1: Chopin y George Sand

Fuimos a Valldemossa, un pueblito precioso (y muy turístico) que fue testigo del romance que hubo entre Chopin y la escritora George Sand. Nada más llegar, desayunamos un buen café y probamos la coca de patata, que es como un bizcocho redondo que lleva patata, pero es dulce y no sabe a patata, pero es muy típico y nos llenó gratamente los estómagos.

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Fachada de la Cartuja de Valldemossa

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Una adorable callecita

Pasamos toda la mañana paseando por el pueblo y visitando la Cartuja por dentro (la entrada son 8€, y 6 para estudiantes/menores de 25). Para comer, optamos por ir a Sa Foradada, sólo hay un restaurante así que es bastante fácil no perderse y por suerte para mi, tenían platos aptos para vegetarianos. Pero la carretera es bastante sinuosa y da un poquito de miedo, aunque llevé el coche como una campeona.

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Sa Foradada

Seguimos el camino por la costa pasando por Deià y por Soller, parando de vez en cuando para observar el paisaje. Véase, por ejemplo, la siguiente imagen:

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Pasamos la tarde en Soller, dónde merendamos y nos quedamos hasta que se hizo de noche, a eso de las 6 y volvimos a Palma para ir a nuestro apartamento. AHHH, se me olvida; cuando estábamos en Valldemossa, hubo momento que me hacía pis (bueno hubo muchos, pero este fue distinto), entré en un servicio público sin acordarme ni darme cuenta que llevaba el móvil en el bolsillo trasero del pantalón. No hace falta que cuente más ¿no? Pues eso, estuve el resto de la semana sin móvil.

De camino a Palma, yo veía que nos quedábamos sin batería en el móvil de mi madre y que aun teníamos que encontrar la casa y hablar con el anfitrión. Había conseguido mantener la calma todo el día por mi teléfono, pero en este momento me estaba poniendo de los nervios, nos quedaba menos de un 10% de batería y veía que no encontrábamos la casa. La encontramos después de mil vueltas, e Ian, el anfitrión nos ayudó y nos enseñó los puntos de interés cercanos antes de dejarnos a nuestro aire. Ya por fin, podíamos relajarnos.

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Mi madre siendo una moderna en Soller

Día 2: Aventuras improvisadas

Ese día decidimos quedarnos en Palma, por lo que después de desayunar, anduvimos hasta la Catedral que es ENORME. Paseamos por el Parc de la Mar y entramos a explorar la Catedral y el museo diocesano. No recuerdo cuanto, pero hay que pagar.

De ahí, nos sentamos en una terraza a tomar un café, y mi madre notaba que mi mal humor iba en aumento. Estaba convencida de que el móvil sobreviviría a toda una noche hundido en arroz, pero no fue así.  De manera rotunda soltó un “venga, acabate ya ese café que nos vamos a la playa”. Dicho y hecho. Volvimos a casa, cogimos los trajes de baño y condujimos por la costa este de la isla y nos decantamos por la Cala Esmeralda.

Era preciosa, y no había nadie más en la playa, pero hacía más frío del que nos esperábamos y ni siquiera nos pusimos los trajes de baño. Aun así, fue muy bonito. No se que pensábamos, la verdad, por muy Mallorca que fuese, seguía siendo diciembre.

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Ya era bastante tarde y aún no habíamos comido, así que condujimos hasta Portocristo y paseamos por su playa y su puerto.  Como andábamos por ese lado de la costa, y Artà pillaba cerca, fuimos hasta allí a pesar de que era de noche. Dimos una vuelta por el pueblo y volvimos a Palma. Lo genial de las islas de España es que no se tarda nada de una punta a otra. Desde Soller tardamos media hora a Palma y desde Artá, menos de una hora. En Gran Canaria era lo mismo, por lo que te puedes quedar en un punto y conducir desde ahí.

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Llegamos agotadas al apartamento y llenas a rebosar, por lo que nos metimos rápido en la cama.

Día 3: Ramos de pimientos

Decidimos recorrer el centro de la isla y llegar hasta la costa norte. Pasamos por el mercadillo de Santa Maria del Camí, que el pueblo no es nada especial pero el mercadillo sí. Es muy grande, y además, tiene un montón de cosas ecológicas y de producción local, además de un montón de semillas a granel (chía y quinoa). También tenían estos preciosos ramos de pimientos que hacen allí. Sí, de pimientos.

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Pasamos luego por Inca, que nos pareció un pueblo normal y corriente sin nada emocionante. Así que seguimos con nuestro camino hasta llegar a Pollensa paseamos por la zona antigua y el puerto, y de ahí fuimos al Puerto de Pollensa. Comimos en una zona de picnic con vistas al mar, y continuamos nuestro periplo hacia el Cabo de Formentor.

Después de explorar y hacer todas las fotos posibles, seguimos conduciendo hasta Alcúdia. Que nos encantó. Dejamos el coche en una plazita en la que había unas escaleras. Preguntamos a un señor que a dónde llevaban. Al calvario. 365 escalones nos dijo, uno por cada día del año.

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Cabo de Formentor

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Empezamos a subir, para comprobar con sorpresa que había casas a ambos lados de la escalera, y nos preguntábamos si tendrían que subir todo eso para entrar. Tras un esfuerzo muy grande, llegamos al calvario y al mirador que hay arriba del todo. Aunque para mi lo más interesante fueron los gatos que había ❤

El resto de la tarde lo pasamos recorriendo el pueblo para al final, tomarnos un café en la plaza del pueblo. Volvimos a Palma al caer la noche y fuimos a cenar fuera ya que era nuestra última noche y volvíamos al día siguiente.

Día 4: Palma y retrasos 

Decidimos quedarnos en Palma y ver todo lo que no habíamos visto. Recorrimos el barrio viejo, el puerto y nos tomamos una cerveza en el Café Varadero, que tiene unas vistas preciosas de la catedral y del mar.

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La catedral desde el Café Varadero

Comimos en casa, y por la tarde, fuimos al Castell de Bellver. Excursión que resultó en fracaso porque los lunes cierra a las 13h y eran cerca de las 17h. Por lo que cogimos el coche y nos fuimos por la costa.

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Vistas de Palma desde el Castell de Bellver

Eventualmente, fueron las 19h y con ello la hora de devolver el coche e ir al aeropuerto. Inocentes y que poco nos esperábamos lo que iba a ocurrir. El caso es que en las pantallas vimos que todos los vuelos de otras compañías que iban a Madrid los habían retrasado. Por supuesto, Ryanair no fue menos. Nadie decía nada, pero nos enteramos de que había muchísima niebla en Madrid. Tanta que ni siquiera estaban saliendo los vuelos de allí. El mal humor y la impaciencia se notaba en el ambiente… Por fin, anunciaron que haríamos el embarque sobre las 23h. Cierto. Pero luego en el avión nos tuvieron esperando más de media hora sin movernos. Salimos a las 12 de la noche.

Llegamos a Madrid cerca de las 2 y por supuesto, no había taxis y tras un mini infarto al creer que nos habíamos dejado las llaves en Palma y confirmar que no, llegamos a casa. Estábamos agotadas, con ganas de meternos en nuestra cama y todo el rato con la incertidumbre encima. Pero bueno, por suerte, no ocurrió nada más y pudimos llegar bien a casa.

Estoy muy emocionada, porque dentro de poco van a venir muchas entradas de viajes y va a cambiar el blog por completo, pero ya lo veréis. De momento os dejo con estos cuatro días en Mallorca que espero que os guste.

 

¡10 días en ISLANDIA! (Parte 1)

Esta es la primera parte las entradas del viaje a Islandia. Reikiavik – Snæfellsnes

Por fin tengo tiempo para contaros mi último viaje, pero después de volver de Roma estuve preparando el viaje, luego estuve en el viaje y esta semana trabajando muchísimo, y ya he podido sentarme durante más de una hora con un buen y gran café.

Tenía muchísimas ganas de ir a Islandia, me llamaba tanto la atención que no podía ignorar a mi mente. Un día decidí hacerlo y me compré los billetes después de investigar precios. Además, llevaba tiempo queriendo hacer algo así. Comprar unos billetes sola y ver que pasa luego. Podía haber salido muy mal, pero no podía haber pedido un viaje mejor.

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Islandia es muy caro, pero hay maneras de hacerlo asequible. Solamente hay que sacrificar algunos lujos o cosas a las que estamos acostumbrados en el día a día (¿de verdad necesitamos ducharnos cada día?). De todas formas, si queréis puedo hacer otra entrada haciendo un desglose general de los gastos para que veáis que no es tan difícil viajar a Islandia sin hipotecar hasta los calcetines (de 10 noches, he pagado 4).

Yo me iba sola desde España, pero una vez llegué no estuve sola ni un momento. Antes de irme, me metía mucho en couchsurfing para ver si encontraba alguien que me acogiese las primeras y la última noche, y de pasó ver si había alguna quedada. Una de las veces vi un foro de un tal Theo, de Wisconsin, que iba a ir las mismas fechas  y se ofrecía a repartir gastos de coche de alquiler. Le contesté y empezamos a planear el viaje. Poco después contestó Teresa, una chica portuguesa, y la incluimos en el plan ¡Y de repente éramos 4 en el coche! Tiffany y Theo, Teresa y yo. Así que les conocí cuando llegué, pero me fui sin tener idea de como serían. Conocí a Theo al llegar, a Teresa al día siguiente y a Tiffany unos días más tarde…

Mi vuelo directo salía de Barcelona (79€), ya que de Madrid no había nada y eran todos por encima de 350€. Así que ya que tenía que hacer escala de todas formas, decidí hacerla yo. Cogí un ALSA a Barcelona (10€) y volé desde allí. Eso sí, un día larguísimo, ya que a Barcelona llegué a las 3 de la tarde, y mi vuelo era a las 11 de la noche, pero bueno (¡gracias Albert por hacerme compañía todo el día!), una apechuga con lo que le toca.

Llegué al aeropuerto de Keflavik a la 1:30 de la mañana. Compré el billete del autobús que va a Reikiavik al comprar los vuelos porque no sabía como sería el ir hasta la capital. De todas formas, es mejor comprarlo con los vuelos porque es más barato (14€ en lugar de 20 si lo haces desde la página oficial de Flybus, como aprendí más adelante). Al final, no llegué a la estación de autobuses hasta casi las 3 de la mañana, pero vino Theo a buscarme en nuestro cochecito (mucho más pequeño de lo que imaginábamos, un Hyundai i10), y fuimos al airbnb que alquilamos para la primera noche. Apenas pudimos intercambiar 10 palabras, entre ellas la presentación, porque yo estaba muerta y solo pensaba en dormir…

Día 1: Parque Nacional de Þingvellir 

Empecé el día genial olvidándome el móvil en el apartamento ¿Qué mejor manera de empezar un viaje de dejándote el móvil en algún lugar? No pasaba nada porque íbamos a volver a Reikiavik en unos días, pero vaya tela… En fin. Antes de ponernos en marcha, pasamos a recoger la esterilla que alquilé porque no me cabía en la maleta. Yo lo hice con Iceland Camping Equipment.

De ahí recogimos a Teresa, y pusimos rumbo al Parque Nacional de Þingvellir (pronunciado como Thingvellir). Está a unos 40 minutos de Reikiavik así que en seguida llegamos allí. Lo primero que hicimos fue ir a la fisura Silfra. Es una fisura que pertenece al borde divergente entre las placas tectónicas de Norteamérica y Eurasia. Pero no nos quedamos fuera, sino que hicimos snorkel entre las dos placas tectónicas. Fue una absoluta pasada. Sin duda, está en el top 3 del viaje. Lo contratamos con Dive.is, y sí es caro (145€), pero fue mi caprichazo al estar renunciando a ir al Blue Lagoon o comer en condiciones por ejemplo (ja, ja…), y cada euro mereció la pena.

Nos pusimos unos trajes secos como los que tenía que llevar en Reino Unido cuando buceaba allí. El agua estaba a unos 2º, y cuando salimos teníamos los labios mega hinchados jajaja. Era como convertirse en Scarlett Johansson durante unos minutos, así que supongo que los sueños sí que se hacen realidad.

Después de  salir del agua y quitarnos el traje ese incomodísimo, nos dieron galletas y chocolate caliente que nos sentó tan bien que no queríamos movernos. Estuvimos hablando con los guías un buen rato, hasta que conseguimos levantarnos ya que todavía quedaba un día entero por delante.

Fuimos al camping a montar las tiendas y dejar eso ya organizado. El camping de Þingvellir fue el más caro y además no tiene unos servicios muy buenos. La conclusión que sacamos es que es de los más turísticos y se aprovechan de la situación. Porque los otros campings tenían muchas más cosas y eran mucho más agradables y eran más baratos…

El resto del día estuvimos explorando el parque, vimos la cascada Öxarárfoss (Fun fact: Foss en islandés significa cascada), y simplemente andando por todas partes y visitando Laugarvatn, un pequeño pueblo de la zona.  Volvimos al camping a cenar y no tenían cocina ni nosotros camping gas (alquilad, o llevad un camping gas, lo agradeceréis. Fue uno de nuestros fallos),  y Theo se propuso hacer un fuego en el grill. De hecho, se convirtió en una especie de reto personal. Cuando lo consiguió, pudimos calentar unas latas de baked beanz y no os imagináis lo contentos que estábamos por tener una comida caliente, aunque fuesen judías en latas.

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Öxarárfoss

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Felices con nuestras judías

Y así se acabó mi primer día en Islandia con completos desconocidos que para cuando nos acostamos, y después de una botella de Jack Daniels ya sentía que les conocía de toda una vida.

Por la noche en la tienda hizo muchísimo frío, los deditos de los pies los tenía helados y dormí fatal y súper incómoda, y en cuanto vi que había luz fuera salí de la tienda que compartía con Teresa porque me estaba agobiando. Cual fue mi sorpresa al salir y ver que ¡había helado! Todo el césped estaba blanco… Me preocupé porque pretendíamos acampar todos los días y empecé a pensar que no lo iba a aguantar, pero las cosas mejoraron.

Día 2: El Círculo Dorado

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Dejamos las tiendas montadas, porque íbamos a dormir ahí otra noche, pero no pagamos porque nos pareció tan caro para lo que ofrecía que nos negamos. Decidimos que solo pagaríamos si viniese alguien del camping. Así que después de desayunar, nos montamos en el coche y realizamos la ruta del Círculo Dorado.

Son unos 300kms, y se puede hacer en el tiempo que uno quiera. Depende de cuántas paradas queráis hacer se puede hacer en 4 o en 10 horas. Nosotros estuvimos todo el día porque no teníamos prisa y queríamos pasar tiempo fuera del coche. Þingvellir está dentro de esta carretera, así que seguimos con Haukadalur y los géiseres. Hay dos; Strokkur y Geysir. De hecho la palabra géiser, viene del nombre del segundo. Aquí había bastantes turistas, pero la verdad que el ver las erupciones es alucinante. Subir la montaña que está justo detrás es genial para alejarse un poco de tanto turista y disfrutar de unas vistas que quitan el aliento.

Seguimos conduciendo,  nos encontramos a unos caballos islandeses que parecía que querían unos mimos, y claro, no pudimos resistirnos. Son bajitos y tienen mucho pelo y además son adorables. Yo tuve que acariciarlos a todos. No pudo ser de otra manera.

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La mujer que susurraba a los caballos

El siguiente punto fue la cascada Gullfoss, que es enorme y alucinante todo al mismo tiempo y yo no veía una cascada así de cerca desde hacia años. Se puede andar por encima y también hay un camino habilitado casi pegado a la cascada, así que un buen chubasquero y botas que protejan los pies del agua son ideales.

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Gullfoss

El último sitio que visitamos del Círculo Dorado, fue el cráter Kerið. Un antiguo cráter volcánico que ahora es un lago. Es muy chulo y el agua es muy azul, pero hay que pagar 400 ISK para entrar (casi 4€), y es solo dar una vuelta al cráter y bajar al agua. Lo pagamos igualmente, pero nos hubiésemos quedado igual sin haberlo visitado, la verdad.

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Esta noche para mantener los pies calientes, Teresa había leído que las bolsas de plástico ayudaban a mantener el calor. Así que metimos los pies en bolsitas como de frutería, y encima unos calcetines normales y encima los gordos de la lana. Theo recurrió a un método menos ortodoxo… Con el fuego de la cena, calentó las piedras del grill y metió una enrollada en una toalla en el fondo del saco. Los dos métodos funcionaron, y aunque la piedra fuese muy gustosita, las bolsas fueron muy prácticas.

Día 3: De vuelta en Reykiavik 

Nos despertamos de buenísimo humor porque esa noche dormiríamos en una cama en una casa. De camino a Reikiavik, pasamos por Hveragerði, un pequeño pueblo que está al lado de una zona geotérmica y volcánica. Empezamos a andar por la montaña, y alrededor hay fumarolas con agua a unos 100ºC. Al cabo de unos 3kms, hay un río de agua termal, en el que te puedes bañar, y no podíamos dejar pasar la oportunidad de sumergirnos en agua caliente en mitad de la montaña.

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Me podría haber quedado a vivir en ese agua tan fantástica. Pero el deber nos llamaba y pusimos rumbo a Reikiavik. Teníamos un airbnb reservado bastante cerca del centro, y teníamos muchísimas ganas de comer algo que no fuesen judías en lata. En el piso había un chico de Minnesota, Justin, que estaba ahí para estudiar las rocas volcánicas , hizo la comida con nosotros y luego salimos todos juntos por Reikiavik.

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Hallgrímskirkja, la iglesia luterana en Reykiavik

Al parecer la vida nocturna de la ciudad es bastante famosa por ser “salvaje”, lo que pasa es que a 13€ la copa, pues no pudimos dejarnos llevar mucho. Entramos en un bar muy chulo que estaba hasta arriba, conseguimos una mesa y pedimos una copa. Pagamos una y no más. Bueno que en realidad lo que pusieron de ginebra fue un dedo, así que 13€ por un vaso de tónica. Luego fuimos a otro, que por fuera parecía una casa, pero dentro todo el mundo estaba bailando, música muy electrónica y la gente bailaba como hipnotizada y dejando que la música fluyese por todas partes.

Día 4: La península Snæfellsnes

Remoloneamos un poquito más por la mañana, aprovechando nuestra cama, en la que habíamos dormido los tres, el enorme edredón blanco y las mullidas almohadas. Ya que no sabíamos donde dormiríamos esa noche, pero seguramente no estaríamos tan calentitos y mullidos.

Nos despedimos de Justin y nos dirigimos hacia la península de Snæfellsnes. Un día largo en el coche pero alucinando con las vistas. Por el camino paramos en varios sitios, uno de ellos una playa en la que había focas. Las vimos desde la arena pero estaban en el agua jugando y siendo adorables. img_0441

Pasamos por los campos de lava del volcán Grábrók, y  Snæfellsjökull, que es el volcán que describe Julio Verne en Viaje al centro de la Tierra (Fun fact: jökull in islandés significa glaciar).

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En el campo de lava

Finalmente llegamos a Kirkjufell, en Grundarfjörður, al final casi de la península, ya que el camping estaba ahí.

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Kirkjufell

Sin embargo, esa noche no dormimos en el camping. Conduciendo nos dimos cuenta que de vez en cuando en los lados había casetas como abandonadas, y nos preguntábamos para que serían. En una de ellas decidimos parar y entrar a husmear. Era toda de madera, había una mesa, dos bancos y una escalerita que daba a una zona como para dormir, o eso asumimos. El viento huracanado de fuera, y la gran posibilidad de lluvia nos hizo tenerlo claro.

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Cogimos las cosas del coche y lo metimos todo. Ya era bastante tarde, así que cenamos pan, y mas judías calentadas en un fuego que hizo Theo, y después de un rato nos fuimos a dormir. Los pros fueron que estuvimos protegidos del viento (las paredes temblaban), un poco del frío, pero seguía haciendo mucho frío, y que fue gratis. Los contras, que el suelo era duro y no había agua ni electricidad, claro. Pasamos una noche regulera, con el viento y la lluvia que sonaban atronadoras, yo agradecía tanto estar bajo paredes de verdad y no en una tienda de campaña, pero aun así no pude evitar sentir el frío y la incomodidad del suelo a pesar de la esterilla.

Al día siguiente, Teresa nos dijo que durante toda la noche pensaba que por el viento, el coche iba a salir volando y que no se quedó tranquila hasta que salió el sol y vio el coche por la mañana.

Lo más emocionante fue el haber dormido en una cabaña en mitad de Islandia que estaba abandonada, pero hecha para excursionistas y viajeros. Dentro había un mapa de Islandia donde la gente había dejado mensajes del estilo “Rick y Roxy de Francia estuvieron aquí en el 2015”.

Aquí el vídeo de la primera parte:

Continuará…

***LEE LA PARTE 2 DEL VIAJE***

(Mini) vacaciones en Roma

¡Woohoo! Vuelvo a estar en el camino, la carretera, el aire o lo que sea, vuelvo a poder viajar un poquito más y estoy muy, pero que muy emocionada. Porque eso significa que me vuelven las ganas de escribir, de contar cosas y la creatividad fluye por todos lados.

Esta vez el destino fue la romántica Roma. Normalmente prefiero viajar a sitios a los que aun no he estado, pero la verdad es que fui a Italia con el colegio en 1º de bachillerato, y estaba todo organizado al detalle, por lo que no me importo repetir y dedicarle a esta ciudad la atención que se merece. Escenario de cientos de películas, desde los fortachones de  Ben-Hur y Gladiator a  mujeres poderosas como Agora y Cleopatra, pasando por los clásicos románticos como Vacaciones en Roma con una adorable Audrey Hepburn, Habitación en Roma donde Elena Anaya nos conquistaba con su sensualidad, y pastelones adolescentes del estilo A tres metros sobre el cielo, Roma ha sido testigo de miles de historias y yo no podía dejar pasar esta oportunidad.

Mi amigo Panos, griego de nacimiento, estuvo de Erasmus en Madrid en nuestro segundo año de carrera, y en seguida se convirtió en uno más. Fiel compañero de juergas, amante del café expreso, extremadamente fotogénico y relajado por naturaleza. Hemos mantenido el contacto, sin embargo no nos veíamos desde que él volvió a Grecia. Este verano me preguntó “¿alguna vez has estado en Roma?”. Poco después, compramos los billetes. La verdad, es que cuando miramos alojamiento y entradas para las cosas turísticas me desmotivé un poco porque era todo carísimo. Hay un Roma Pass de 48h o 72h que incluye transporte público, dos museos y entradas sin colas al Coliseo, Foro Romano y el Castelo Sant’Angelo creo. El de tres días eran unos 40€. Al final encontramos un AirBnB por la zona de Testaccio/Piramide, y estaba cerca de todo, por lo que decidimos comprar las entradas a parte. Hay descuento de joven/estudiante hasta los 25 y al recoger las entradas piden DNI por si planeáis pagar menos y sois mayores de 25.

Día 1: el viaje

Tres meses después yo llegaba a Roma Ciampino a las 4 de la tarde. Para llegar a Roma desde este aeropuerto hay que coger un autobús Terravision (4€ la ida, 9€ la ida y vuelta), y tarda una media hora en llegar a la estación de Termini que es un intercambiador, por lo que desde ahí es fácil llegar a cualquier lado. Yo llegué a la estación de Pirámide, y mientras esperaba al dueño del apartamento encontré un deli vegano (100% Bio) que me salvó la vida. Silvano me recogió en coche y me contó un montón de cosas. Eran las 6 de la tarde y Panos no llegaría hasta las 9 o 10 de la noche. Decidí dar una vuelta y comprar algo de comida en el super.

Cerca de las 10 fui a recoger a Panos a la estación. Era todo demasiado emocionante y ninguno podía contener la ilusión que nos hacía volver a vernos y además en otra ciudad. Queríamos andar un poco así que intentamos llegar al Coliseo, pero nos perdimos y dimos más vueltas que un tonto, recorriendo el río Tiber y llegando al Capitolio, y finalmente al Coliseo.  Poco después y cansados de andar y de habernos perdido ocho veces volvimos al apartamento.

Día 2: Coliseo por todas partes

Por la mañana nos levantamos relativamente pronto, desayunamos pan con mantequilla de cacahuete y plátanos, un necesitado café y pusimos rumbo al Coliseo. Esta vez, no nos perdimos. POR CIERTO, os recomiendo la app MAPS.ME; te descargas el mapa que quieras con wifi y luego se puede usar sin datos perfectamente. También te deja poner marcadores en los puntos de interés.

Decidimos ver el Foro Romano primero simplemente porque nos pillaba algo más cerca, y además se tarda un buen rato en recorrerlo bien, así que id con calma y paciencia. La entrada a al Foro Romano está incluida en la del Coliseo y para estudiantes es 11,50€ en lugar de 15.

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Así que anduvimos y recorrimos todo, de vez en cuando llovía un poco y teníamos que buscar algo de cobijo porque ninguno nos trajimos paraguas y nos negábamos a comprar un poncho-condón. No teníamos ninguna prisa, al entrar nos dijeron que no podíamos acceder al Coliseo hasta las 14:30, y no eran ni las 12 cuando entramos. También nos negamos a alquilar una audioguía simplemente porque son caras y no nos apetecía tener una voz en la oreja. Todo se puede leer en internet (hay que aprovechar las ventajas de esta generación online).

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Vistas del Foro Romano

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El Coliseo visto desde el Foro.

Cuando terminamos de recorrer cada recoveco, fuimos al Coliseo, donde por suerte no tuvimos que esperar demasiado a pesar de la cola que había (en serio, comprad las entradas con antelación por internet, lo agradeceréis). Una vez más, pasamos de guía y de autoguía y fuimos por libre imaginándonos todo lo que debió ocurrir ahí dentro. Además, los carteles están muy bien explicados, así que tampoco es necesario tener un guía que sostenga un paraguas.

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Salimos de ahí con la intención de buscar un sitio un poco alejado de las zonas turísticas para poder sentarnos un rato y tomarnos un café. No se como, porque íbamos sin mapa, acabamos en la Fontana di Trevi. Así que ya que estábamos ahí nos sacamos la correspondiente foto, pero esta vez yo no eché  ninguna moneda como lo hice cuando vine con el colegio. La razón principal es que había demasiada gente y no me apetecía pelearme por llegar a primera línea de fuente (?).

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Fontana Di Trevi

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Turisteando en la Fontana Di Trevi

 

Callejeamos un poco y encontramos un pequeño café, nos sentamos y charlamos con la camarera, que era cubana, mientras nos tomábamos un expreso. De ahí fuimos a la Piazza di Spagna con el plan de sentarnos en las Escaleras, pero estaban vallados porque estaban montando como un escenario o algo así, así que seguimos con nuestro camino.

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Eran ya casi las 7 de la tarde y no habíamos comido. Empezamos a notar el clásico dolor de pies debido a no llevar los zapatos adecuados para andar y llevar desde las 11 de la mañana de pie. Así que optamos por volver al apartamento. No sin antes tomarnos un trozo de pizza por el camino. Panos se pidió una margarita y yo una de verduras que adivinad… no tenía queso. FELICIDAD. Esa misma noche, después de cenar en casa, salimos por Testaccio a tomarnos una copa pero estábamos tan cansados que volvimos rápido.

Día 3: Città del Vaticano

Reservamos para ir al Vaticano a las 12, pero teníamos que recoger los billetes así que salimos con tiempo. Esta vez cogimos el tren en Ostiense a San Pietro (3 paradas y 1€). Llegamos a la Plaza de San Pedro, donde montones de guías te intentan atrapar era que hagas el tour con ellos y te saltes la cola, les sorteamos y llegamos a la entrada de los Museos Vaticanos. Mientras deambulábamos por los museos hablamos sobre la cantidad de dinero que tiene que generar la Iglesia Católica con esto. La entrada general son 16€ y 8€ para menores de 25, pero acogen a miles de visitantes al día, y ahí estábamos, un cristiano ortodoxo y yo preguntándonos realmente qué hacíamos ahí. No voy a mentir, es espectacular, el arte de las galerías previas a la Capilla Sixtina es alucinante, y no hace falta entender sobre el tema para fascinarse, pero aun así nos sentíamos levemente fuera de lugar.

img_0107Previendo este momento, yo me traje un fular para entrar en iglesias o en el propio Vaticano por si tenía que cubrirme los hombros, pero fui tan torpe que me lo dejé en el apartamento y al entrar en la Capilla Sixtina me dieron una especie de babero que parecía que iba a darme un festín de langostas. Pero no entiendo porque en las otras capillas del Vaticano no me hicieron cubrirme los hombros y en esta sí. Ni siquiera en las otras iglesias a las que entramos…

En fin. No hay fotos de la Capilla porque no está permitido, y tampoco me apetecía hacerlo a escondidas.Después de ahí anduvimos hasta el Castelo Sant’Angelo, pero nos limitamos a dar una vuelta a su alrededor porque no compramos la entrada. Recordemos que somos pobres pero honrados.

img_0114El hambre se hacía notar para entonces, por lo que dimos una vuelta hasta Trastevere, el barrio “hipster”. Aunque antes decidimos subir al Faro Gianicolo, la octava colina de Roma, y entramos en la Academia de España donde se encuentra el Templete de Bramante, una de las grandes obras del Renacimiento. Se puede salir al balcón a observar las vistas, así que por supuesto eso hicimos.

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Vistas de Roma desde la Academia de España

Volvimos a Trastevere, y fuimos a comer al restaurante Carlo Menta (¡gracias Clara por recomendárnoslo!). Es un poco (muy) turista pero los precios están muy bien, aunque tened cuidado con los horarios, porque fuimos sobre las 16:30, y el menú de mediodía (10€) ya se consideraba menú de cena (13€). Yo me pedí de plato principal gnocchi con salsa de tomate y albahaca (6€).

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Con la barriga llena y feliz, necesitábamos un café, fuimos a Testaccio para alejarnos un poco de los turistas y nos sentamos en la primera terraza que vimos. Volvimos a casa para echarnos una siesta. Panos se había puesto en contacto con un amigo suyo que conoció en Madrid de Erasmus y vivía en Roma, y nos había invitado a salir con él y sus amigos, así que necesitábamos reponer energías.

Nos recogió a las 10 y fuimos a Trastevere. Éramos unos 15, todos hablando italiano rapidísimo y nosotros intentando integrarnos repitiendo en voz alta cuando pillábamos alguna palabra. Todo un show. Pero he de decir que todos se portaron genial e hicieron por incluirnos hablando en inglés los que podían y despacio en italiano los que no, cosa que se agradece infinito. Por cierto, Trastevere de noche parece otro barrio totalmente distinto, los turistas se van y todo son gente joven de allí. Dario nos llevó a un sitio cuyo nombre no quiero acordarme que era una librería/intercambio de libros/chupitería. Sí. Pero además, los chupitos venían en un vasito de chocolate que se comía y todos tenían nombres sexuales. No recuerdo que me pedí, algo con licor de avellana pero tuve que suplicar, y casi pelear que no me pusiese nata. Incluso cuando nos terminamos el chupito y el hombre vio mi cara siguió insistiendo “deberías haber tomado la nata”. Joder. Que no. Volvimos a casa sobre las 3, pero muy contentos porque habíamos decidido no poner alarma al día siguiente.

Día 4: Deambular

Nos despertamos con calma y resaca. Lo solucionamos con nuestro desayuno estrella  de café y pan con mantequilla de cacahuete y plátano y fuimos a dar una vuelta sin rumbo. Miento, en el apartamento estuve investigando y encontré una heladería que tenía opciones veganas y estaba cerca de Trastevere por lo que fuimos ahí primero. La heladería se llama Fonte Della Salute, y no solo tienen opciones veganas si no que también sin gluten y sin azúcar, además de ser ecológica.Yo sentía que me había tocado el euromillón. Me pedí uno de avellana con bayas de goji, y Panos uno de chocolate y mango.

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Está a medio comer, pero este es el de avellanas y bayas Goji

Después de este pequeño gran placer fuimos al Panteón, donde nos sacamos las fotos correspondientes. La entrada es gratis y aunque parezca que haya mucha cola, va bastante rápido.

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De ahí nos dirigimos a la Piazza del Popolo, una de las más conocidas de la ciudad. Subimos la Colina del Pincio y paseamos por los jardines y el Parque de la Villa Borghese. Es un sitio genial para relajarse un poco y alejarse del ruido de la ciudad. Además, al estar en un alto hay diferentes miradores con unas vistas espectaculares de la plaza y la ciudad.

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Vistas de la Pizza del Popolo desde la Colina del Picio

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Nos tomamos un café, y decidimos ir a un sitio que nos habían recomendado tanto Silvano como Dario. Estaba en Testaccio y nosotros estábamos en la otra punta de la ciudad, literalmente. Andando íbamos a tardar más de una hora y ya estábamos algo cansados. Nos colamos en el museo de la Villa Borghese y robamos un poco el wifi para ver de qué otra manera podíamos llegar. El autobús 83 pasaba bastante cerca y nos dejaba justamente en Testaccio. Según llegamos a la parada apareció el autobús y nos subimos, le pedimos al conductor “due bigletti per favore” a lo que él respondió “non c’è biglietti” o algo así. Un poco confusos nos sentamos nos fijamos en que nadie pagaba y nadie pasaba una tarjeta ni nada, por lo que asumimos que debe de haber algún abono que solo tienes que enseñar si entran revisores. Por suerte para nosotros, no entró ninguno por lo que llegamos gratis a Testaccio.

Encontramos el sitio pensando que era una pizzería, pero fue mucho mejor. Era como una bocatería, tenían un pan crujiente y tostado con forma triangular, y tu elegías el relleno. Por suerte tenían uno de calabaza y almendras que era vegano. Panos fiel amante de las albóndigas, se pidió ese. Pero repitió y el segundo fue de pulpo. El sitio se llama Il Trapizzino y está genial si queréis descansar de los sitios turísticos, y está muy bien de precio (tres “bocadillos” nos salieron por 10€) y delicioso.

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El de albóndigas y el de calabaza con almendras

Casualmente se encontraba al lado de la misma cafetería a la que fuimos el día anterior, y volvimos a tomarnos un café. Mientras estábamos dentro se puso a diluviar. Muchísimo. Esperamos a que escampase pero no paraba, por lo que decidimos aventurarnos de todas formas. Se tardan unos 20 minutos andando a nuestro apartamento pero para cuando llegamos parecía que habíamos saltado a una piscina con ropa. Jamás una lluvia me había mojado tanto. Para más inri, yo llevaba una blusa blanca y una minifalda que se me pegaba todo y parecía una participante infeliz de un concurso de camisetas mojadas.

Colgamos la ropa en sillas y con ayuda de un ventilador y el secador las secamos. Al menos para que no estuviesen empapadas, ya que nos íbamos al día siguiente y no queríamos meter en la maleta ropa húmeda. Con las zapatillas no tuvimos tanta suerte… Las mías seguían igual de húmedas 😦

Día 5: de vuelta a casa

Panos se fue temprano por la mañana. Su vuelo era a las 10 por lo que se tuvo que levantar a las 6:30. El mío en cambio no era hasta las 5 de la tarde, así que tenía todo el día libre para hacer lo que quisiese. Me levanté sobre las 9, organicé mis cosas y dejé todo preparado para volver a recogerlo en un rato. Decidí ir a pasear a Trastevere. Me senté en una cafetería y me tomé un café mientras escribía cosas del viaje y observaba a la gente pasar. La verdad es que es el mejor sitio, tiene un aire a pueblo pequeño totalmente diferente al resto de la ciudad, y las calles son estrellas y coloridas. Parece sacado de una película.

A la vuelta decidí pasar por la heladería otra vez y me pedí uno de almendras que estaba demasiado bueno para ser cierto…

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Una calle de Trastevere

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Disfrutando de mi gelato vegano de almendras

Seguí paseando hasta llegar al Coliseo, y volví al apartamento a recoger mis cosas. A las 5 de la tarde embarqué en el estrecho avión de Ryanair y me dormí todo el camino hasta llegar a Madrid.

Roma me ha encantado, ha superado mis expectativas y me ha enamorado completamente. No descarto la posibilidad de pasar una temporada por aquí. La gente es encantadora, siempre dispuesta a ayudarte, aunque no hables italiano, cuidan mucho al turista y es muy fácil sentirse como en casa. Espero que la  entrada os haya gustado, y contadme si habéis estado y qué habéis visto. A mi ahora me toca prepararme para mi siguiente aventura, la cual descubriréis muy pronto.

Os dejo con el vídeo del viaje:

 

Ciao ragazzi!

 

 

Tiptoe en Zaragoza

¡Holaaa! Tengo que coger la rutina de escribir de nuevo, pero últimamente me está costando muchísimo, parece que cuanto menos tenga que hacer menos me apetece escribir.

Pero he vuelto para contaros algo más divertido que las últimas entradas. El puente de julio (sí, hace más de un mes de esto… pero es que la vida se pone de por medio), Ana y yo decidimos ir a Zaragoza para ver a Santi, que además coincidía con el fin de semana que Ester iba a ir con Ale. No se podía haber planeado mejor. Salí del trabajo a las 2 como siempre, y con una mochila más grande que yo que me hacía parecer un sherpa fui a Avenida de América para coger el autobús con Ana. Tres horas más tarde, nos fundimos con Santi en un abrazo amoroso.

Dimos una vuelta por el centro después de dejar las maletas y fuimos a cenar al restaurante mexicano La Quebradora, y para mi alegría tenían platos  vegetarianos. Después de cenar queríamos ir a tomar algo, pero estábamos todos agotados, así que nos dejamos llevar por Morfeo en el cine de las sábanas blancas.

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El Pilar

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El rico burrito de La Quebradora

A las 8 menos cuarto sonó el despertador y Ana y yo conseguimos arrastrarnos fuera de la cama. Como ya habíamos estado en Zaragoza antes, decidimos ir al Monasterio de Piedra, y el único autobús que iba para allá era a las 9 de la mañana (sighs). El precio del autobús ida y vuelta también es de mencionar; 22€. 22. Sí. También tardamos más de lo esperado por una demasiado larga parada en Calatayud. A todo esto, en ningún momento nos pidieron el billete del autobús, para los intrépidos que quieran desafiar la ley.

La entrada al monasterio también fue más cara de lo esperado (15,50€). Por internet son unos 13. Pero con el carnet joven son 11,35. Preguntad por ello porque no viene anunciado en ningún lado. Empezad por el monasterio, porque el parque es mejor tomárselo con calma.

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Hay la opción de ver el monasterio con guía, pero se nos pasó. Ups. Luego nos dirigimos a la entrada del parque, con la esperanza de amortizar el dinero. A la entrada te puedes hacer una foto con búho, cosa que por razones seguramente obvias no hicimos. El pobre búho no parecía tener muchas ganas de estar ahí. Con la entrada también incluye un espectáculo de aves rapaces, al que tampoco fuimos por las mismas razones.

El resto del día lo pasamos recorriendo los caminos y cascadas del parque. No me lo esperaba así, pensé que sería mucho menos emocionante y nos sorprendió gratamente, lo único malo es que había muchísima gente, pero a ver, siendo julio y puente pues también es normal.

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La verdad es que es un auténtico oasis,  y es precioso. Algunas de las cascadas son extrañamente apacibles. Además de la variedad de éstas, y como cambian, unas más pequeñas, otras tienen más fuerza, una cueva con el agua tan clara que se ven a las truchas nadar desde lo alto. Aguas verdes brillantes por las plantas, y tan cristalinas como espejos.

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En fin, que es una excursión muy recomendada. El autobús salía a las 5 de allí, y volvió a parar en Calatayud casi 45 minutos… Así que tardamos un buen rato en llegar a Zaragoza, y no nos dio tiempo a echarnos la ansiada siesta. Nos vestimos y Santi nos llevó por los lares maños.

Dormimos hasta tarde y fuimos a la piscina para intentar sentirnos mejor, o al menos yo, que no sabía dónde tenía la cabeza después de haber tomado más de alguna copa… Comimos, y por la tarde quedamos con Ale y Ester. Por desgracia no tenemos ninguna foto los cuatro porque Ester tiene una especie de alergia a estar delante de la cámara, pero conseguí robarles una a los dos juntos para demostrar que les vimos. Mirad que monos ❤

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Ester y Ale se fueron, y nosotros fuimos a Coco Room, una sala de escape ambientada en Goya. Ultimamente nos hemos aficionado, y es que son súper divertidas. Nosotros las recomendamos al 100%. Por si no sabéis lo que son, son sitios en los que te meten en una habitación y te cuentan una historia, por ejemplo “eres un jefe de policía a quien han tendido una trampa, y han puesto una bomba en tu despacho. Tienes una hora para encontrarla y desactivarla”. Hay que ir buscando pistas, llaves, cerrojos, acertijos y así.

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Mi cara, que va totalmente a juego con mi cartel

Para celebrar haber resuelto el enigma fuimos a comer un croquetón y unos huevos rotos con salsa de queso (MYGOODNESS).

El día siguiente era nuestro último día tristemente, fuimos a practicar el deporte regional por excelencia en Zaragoza; vermutear. Croquetones, quesos, jamón batido y otras delicias acompañadas de su vermut.

IMG_0559Nos despedimos achuchándonos muy fuerte, y con la esperanza de vernos pronto, porque señores, una parte de Tiptoe se va a Nottingham en septiembre y esta vez no soy yo. Así que quien sabe, puede que tengamos que hacer un viaje a la tierra del bueno de Robin Hood para dejar allí nuestra huella.

Por ahora me despido, con la promesa de seguir escribiendo porque tengo cositas interesantes planeadas y quiero contarlas ¡Además de mi experiencia trabajando en la Agencia EFE! Muchos besos para todos de parte de Tiptoe (Ester también, aunque no salga) ❤

IMG_0584Si queréis una prueba visual del viaje, lo podéis ver aquí:

¡Gran Canaria!

¡Woah! ¿Cuánto tiempo hace que no escribo por aquí? Demasiado. Debería retomarlo, lo se. Pero siento que con las clases, el TFG y el trabajo no tengo tiempo… De todas formas, voy a intentarlo.

Bueno, y ahora os voy a contar como ha sido mi Semana Santa. Clara y yo decidimos irnos de viaje esta semana. Yo trabajaba los fines hasta hace nada y en verano mi plan (???) es trabajar y pensaba que solo iba a poder viajar esta semana. Durante un tiempo contemplamos Suiza; montañas, lagos y nuestro querido amigo Pablo. Sin embargo, más adelante nos apetecía mucho más a ir sitio playero. Después de leer muchos blogs y foros, nos decantamos por Gran Canaria. No pudimos haber decidido mejor.

En seguida estábamos en Skyscanner buscando los mejores vuelos. Para cuando compramos los billetes, yo seguía trabajando y no pensaba que a mediados de marzo se me iba a ir un poco la pinza e iba a decidir dejar el Vips, así que cogimos los vuelos de domingo noche a viernes por la mañana. Alquilamos un coche y reservamos una habitación en un pequeño albergue surfero (Little Surf House, ¡totalmente recomendable!) en Las Canteras, Las Palmas.

Nos plantamos en el aeropuerto de Las Palmas sobre medianoche y para nuestra enorme decepción, llovía. Mucho. De todas formas, no perdíamos la esperanza, porque sí, llovía, pero llovía en Gran Canaria. Recogimos el coche y después de buscarlo durante demasiado tiempo nos fuimos a Las Palmas. Llegamos muy tarde, así que nos metimos en la cama rápidamente.

Al día siguiente, hicimos el check in, y Rosa, la dueña del albergue nos recomendaba qué ver y qué hacer. Decidimos ir al sur, a Maspalomas, y ver las dunas y ya quedarnos un ratito en la playa. Nos quedamos alucinadas con las dunas, ¡eran enormes!

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Dunas de Maspalomas

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Dunas de Maspalomas

Pasamos todo el medio día en la playa intentando muy fuerte coger algo de color. Para comer, como no nos había dado tiempo a comprar nada, fuimos recorriendo la costa hasta que algo nos pareció relativamente apetecible, fuimos a Puerto Rico (no está mal, pero evitadlo si no os gusta el turismo para guiris). Por la tarde fuimos al puerto de Mogán, que es adorable y monísimo (aunque muy turístico). Volvimos por la noche al albergue, hicimos la compra, la cena y nos fuimos agotadas a dormir.

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Puerto de Mogán

Al siguiente día madrugamos mucho ya que habíamos decidido emprender la aventura que es llegar a Güigüi (“Id a Güigüi” dijeron… “será divertido”, dijeron). ADVERTENCIA: a Güigüi hay que ir preparado. Y hay que prepararse y mentalizarse para varias cosas y nosotras no nos imaginábamos como iba a ser el camino. Para empezar, es una playa escondida y MUY POCO ACCESIBLE. Nos dijeron que había que conducir un rato por la montaña y luego una caminata de unas 3 horas (o coger un barco en no se donde, pero tenía tan malas críticas que ni nos lo planteamos). Hay que madrugar (salir de casa antes de las 8), y saber que hay que conducir por un puerto de montaña durante mucho tiempo, y hay una montaña con desprendimientos por un lado, y un acantilado enorme al otro, con un carril para ambos sentidos. Por suerte para mi, Clara en esas situaciones se pone muy nerviosa si no conduce ella, fue toda una valiente.

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La verdad es que el paisaje es espectacular. Parece el escenario de Jurassic Park. Íbamos conduciendo y Clara no paraba de decir “¡haz fotos! ¡¡haz fotos!!”

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Cuando por fin llegamos a la base después de lo que nos parecieron infinitas horas, empezamos a caminar. Nosotras, ilusas, que creíamos que iba a ser un paseo por los acantilados… Era una excursión por la montaña en toda regla. Así que, importante, llevar calzado adecuado porque además hay muchas piedras y rocas por las que tienes que ir medio “escalando”. Importante también, llevar agua y comida. Bueno, ahí íbamos nosotras, subiendo la montaña, por una parte maravillándonos, y por la otra pensando “joder, llevamos andando ya dos horas y aquí no se ve ninguna playa”. Entonces paramos, lo pensamos bien e hicimos un plan: eran cerca de las dos de la tarde, todavía nos quedaba una hora y pico (para ser sinceros, seguramente más al ritmo al que íbamos…), llegar a la playa, pasar x tiempo ahí y volver otras 3-4 horas de montaña más la carretera. Obviamente conducir de noche por ahí NO era una opción. Optamos por llegar hasta la cima, comer, y bajar. Nos dio mucha rabia, pero no nos daba tiempo por la luz. Por eso digo que lo planeéis bien para aprovechar bien la luz.

Una vez arriba, nos marcamos un Magdalena Experience, comimos disfrutando de las increíbles vistas y bajamos.

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Llegamos a nuestro querido cochecito, y condujimos a Agaete a tomarnos un merecido helado y relajarnos un rato. Fuimos al Dedo de Dios, y Clara se echaba un rato mientras yo me daba un refrescante chapuzón.

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Dedo De Dios

Volvimos a Las Palmas. Nos adecentamos, y nos adentramos en Vegueta, la zona del centro de Las Palmas a tomarnos unas cervezas y unas papas arrugás.

Volvimos a madrugar desmesuradamente para ver el centro de la isla y Roque Nublo. Nuestra enorme decepción al ver que nada más llegar a Teror se puso a diluviar. Aparcamos, y decidimos qué hacer, ya que no teníamos paraguas y nos íbamos a empapar. Optamos por ir al sur y aprovechar el buen tiempo e ir por la tarde al centro de la isla. Nos decantamos por una playa de atractivo nombre; La Verga. Pero no vimos ninguna (para bien o para mal). Donde sí que vimos muchas fue en Maspalomas. Toda una sorpresa empezar a ver un montón de gente desnuda en una playa principal (fun fact inesperado).

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De camino hacia la Playa de La Verga

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El caso, la Playa de La Verga es semi privada (creo) y tiene arena importada de las Bahamas que no quema y vete tú a saber qué más. Es muy bonita; arena blanca y agua azul cielo, pero por otra parte tienes los hoteleros gigantescos que no son nada bonitos. Eso sí, sol y tiempazo asegurado (será por la arena de las Bahamas…).

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Cuando nos hartamos, miento, cuando me harté yo de playa y convencí a Clara de que nos fuésemos (3 horas de playa son demasiadas para mi pero no suficientes para ella…), nos sentamos en una terraza a tomarnos un zumo, y para Roque Nublo que nos fuimos.

Otra carretera chungui. Llevaba yo el coche tan tranquila, y de repente me doy cuenta de que estamos en una como la de Güigüi, pero sin el mar, claro. Intenté que no se me notasen los nervios mientras pensaba “Jesus take the wheel“. Por suerte, Clara también cayó de golpe donde estábamos y nos relevamos. Fiuuuuu.

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La carretera

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Llegamos a Roque Nublo pasando por Tejeda pero sin verlo por que una vez más no nos daba tiempo. Bueno, de nuevo, venid preparados porque HACE MUCHO FRÍO. Y nosotras no llevábamos las capas suficientes. El viento, y lo alto que estás… Puede ser una excursión espectacular, pero teníamos que haberlo pensado mejor y venir mejor abrigadas.

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Volvimos al albergue y nos preparamos para conocer la vida nocturna de Las Palmas (spoiler alert: no nos impresionó).

En nuestro último día no pusimos alarmas y dormimos todo lo que quisimos. En un último intento (desesperado) de conseguir el moreno que tanto habíamos prometido traer de vuelta dimos un paseo por Las Canteras de ahí fuimos recorriendo la costa hasta Maspalomas.

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Playa Las Canteras

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Bahía Feliz. Va en serio, es su nombre real.

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Dunas de Maspalomas

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Un poco desilusionadas por el poco sol que habíamos pillado ese día volvimos al albergue, nos adecentamos y fuimos a Vegueta a cenar fuera para darnos un pequeño homenaje.

Nuestro vuelo era a las 9, así que hubo que madrugar. En el camino al aeropuerto, con nuestro disco sonando a todo trapo nos dábamos cuenta de lo poco que nos apetecía volver. Esta isla tiene algo especial, tiene una magia que te atrapa. Hemos decidido que tenemos que volver. Es increíble lo mucho que cambia el paisaje de un sitio a otro ¡y el clima! Madrid, aunque sea grande, se nos hace pequeño, y esta isla tan pequeña nos ha ofrecido muchísimo.Volveremos, Gran Canaria.

Feliz vuelta de Semana Santa a todos ¡espero que lo hayáis pasado bien!

¡(MINI) viaje a Noruega!

¡Wohoo! Este fin de semana pasado estuve visitando a uno de mis amores del colegio y de toda la vida que está de Erasmus en Bergen, Noruega. Se fue en agosto y desde entonces sabía que quería ir a verla de una forma u otra. Por motivos económicos fui más tarde de lo planeado, pero pude ir. Así fueron los tres días y medio que pasé en Noruega:

Empezar diciendo que obviamente en tan poco tiempo no se puede ver casi nada pero este era un viaje para ver a Pilar. Además, justo en los sitios a los que fui ya habíamos estado las dos y Sara cuando hicimos el interraíl en 2012 (2012, ¡dios mío han pasado casi 5 años!).

Día 1: Oslo

El jueves a las 11 de la mañana llegaba al Oslo Lufthavn. Se tarda unas 3 horas y pico creo, pero yo dormí prácticamente todo el camino. Volar a Noruega no es barato, pero Norwegian lo hace bastante fácil. Me ha parecido la mejor empresa low cost que he probado hasta ahora y además, tienen WiFi en los aviones y asientos reclinables. El aeropuerto de Oslo está unos 50km de la ciudad. La mejor manera de llegar desde el aeropuerto al centro (Oslo S) es en el tren NSB, es como el cercanías. Se tarda unos 20 minutos y cuesta 90 NOK (11€). Luego está el Flytoget, un tren de alta velocidad que tarda un poco menos pero vale 180 NOK (20€), y por último el Flybussen, un autobús que creo que cuesta al rededor de 12€ y tarda algo más que el NSB.

Quedé con Pilar en la estación central de Oslo. Ella había llegado el día anterior con un par de amigos que también tenían visita a Oslo justo ese finde. Hubo un ligero problema de comunicación y tardamos un rato en encontrarnos, pero decir que en Noruega hay WiFi hasta en las farolas. Ayyy ¡llevábamos TAANTO tiempo sin vernos! Desde que me fui yo a Nottingham nos vimos en Navidades, el finde que me vino a ver en abril y dos días en verano que pudimos coincidir, así que estábamos MEGA emocionadas. Después del abrazo y achuchón inicial, frotaba su puño en mi cabeza mientras gritaba “AY PEQUEÑA!! QUE MONA ESTÁS!!!”

Nada más llegar, muy felices :D

Nada más llegar, muy felices 😀

Fuimos a desayunar y tomarnos un merecido café en una terraza que tenía mantas (!) y nos pusimos al día con toda nuestra vida. Luego fuimos al albergue a que yo dejase las cosas y así además conocer al resto (pondría el nombre del albergue para NO recomendarlo porque era un poco cutre y estaba en un barrio un poco raro… aunque al lado de la estación… pero no me acuerdo), y nos adentramos en Oslo a investigar un poco. En su momento ya habíamos visto lo más turístico, así que tiramos por otro camino.

Estábamos a unos 5º, y se notaba muchísimo, era como un día de invierno en Madrid muy frío. También había una luz extraña, todo el cielo estaba como gris y daba la sensación de ser más tarde de lo que era, pero le daba cierto encanto nórdico.

Puerto de Oslo

Puerto de Oslo

Intentamos ver a Dorothea (una amiga noruega que vino con nosotras al colegio hasta que volvieron a destinar a su padre a Oslo, no la veíamos desde el interraíl), pero al final no pudimos así que decidimos comer fuera, a pesar de los precios. ***Dios mío, los precios. Llevaba en mi maleta tabaco para unos cuantos y una botella de ginebra que compré en el duty free e incluso algo de comida porque NORUEGA ES MUY CARO*** Ya con la barriga llena, seguimos dando un paseo hasta el albergue para cambiarnos para salir esa noche.

En Noruega al parecer los puertas de las discotecas son unos tiquismiquis. Si ven que vas haciendo el canelo más de lo que deberías o hablas “demasiado” alto te dejan fuera ¡fuera!. Y eso nos pasó. Probamos en cinco sitios distintos y siempre hubo alguno que se quedó fuera, y no queríamos dejar a nadie atrás. Acabamos por volver. De todas formas al día siguiente tuvimos que madrugar para coger el tren a Bergen.

Día 2: Ocho horas en un tren

No se si es que se nos olvidó poner las alarmas o no las escuchamos o qué pasó realmente, pero nos habíamos propuesto estar todos listos a las 7:45 de la mañana y a esa hora fue a la que nos despertó Javi entrando dando palmas. Nos vestimos a toda prisa, corrimos a la estación y ya una vez dentro nos acomodamos para dormir un ratito.

En el trayecto me vinieron tantos recuerdos de cuando lo hicimos en verano… Fue por la noche, y Pilar estuvo durmiendo todo el trayecto, Sara a ratos y yo no pude ni una hora. Recordaba que el paisaje era precioso y me moría de ganas de verlo de nuevo.

El tren nos costó unas 350 NOK (40€), así que no estaba demasiado mal.

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Nos dormimos unas dos horas al principio, y la del final. Entre medias seguimos poniéndonos al día con todo y cotilleando, con alguna escapada furtiva entre paradas para tomar el aire fresco del interior de Noruega (o sea, para echar un par de caladitas furtivas).

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Pilar y Alex pendientes del revisor

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Por fin llegamos a Bergen, con los culos tiesos y todos medio groguis y apoltronadísimos. En seguida se notaba la diferencia de temperatura. Igual estábamos a unos 10º. Al parecer en Bergen hay como un micro clima, la ciudad está protegida por nada menos que siete montañas, así que supongo que eso hace que no haya tanto viento.

De camino a la residencia, se nos ocurrió La Gran Idea; ir a bañarnos al fiordo. Nos pareció brillante y se la propusimos a todos pero nadie nos quiso acompañar. Así que a eso de las 5 de la tarde y en plena noche cerrada nos adentramos en el parque para bajar hasta el mar. Os hablo de un agua que igual estaba a unos 7º (en realidad la temperatura me la estoy inventando, pero 7º suena bastante fría, ¿no?) y que no se veía absolutamente nada. Nos metimos poco a poco, partidas de la risa y agarradas de la mano con todas nuestras fuerzas como si eso fuese hacer que sintiésemos menos el frío. Yo ya no sentía mis piernas y fue entonces cuando Pilar perdió una maldita chancla. Nos pusimos a buscarla entre gritos, y respiraciones agitadas, con todo el cuerpo menos la cabeza dentro del agua tanteando el suelo, pero solo tocábamos rocas. Pilar convencida de que algo la estaba tocando el pie. Decidimos darla por perdida y reportar la baja. Era el destino de esa chancla perderse en el fiordo. Nos vestimos a toda prisa dejando la otra chancla porque bueh, no nos la íbamos a llevar de recuerdo.

Perdonad nuestros caretos jajaja

Perdonad nuestros caretos jajaja

Día 3: Bergen

Nos levantamos con calma y con resaca (eh?), desayunamos tranquilamente y fuimos a ver el centro de Bergen. Me hacía infinita ilusión acordarme de los sitios en los que ya habíamos estado, e incluso de qué habíamos hablado en esos sitios ¡o qué estaba pasando!

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Calle principal de Bergen

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Byparken

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Bryggen

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Después de comer subimos al Monte Floyen, una de las siete montañas de Bergen. Es asfalto, o sea no es monte a través pero es una muy buena subida (igual unos 30 mins andando). Hay un tranvía que te lleva hasta arriba pero queríamos bajar la comida. Llegamos en el punto en el que estaba anocheciendo y ya estaban las luces encendidas pero todavía quedaba suficiente luz como para ver bien. Estaba precioso. Al bajar si que se nos hizo de noche y nos llovió pero sin problemas.

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Vista de Bergen desde el Monte Floyen

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Bergen desde el Floyen

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Volvimos a casa a descansar del largo día, cenar y salir de fiesta (woho!)

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Día 4: vuelta a casa 

Mi vuelo salía de Bergen a las 4:20, y llovía así que nos quedamos tranquilamente en casa, haciendo mi maleta y comiendo sin prisas. Me despedí de los amigos de Pilar, y ella y yo nos fundimos en otro abrazo de oso amoroso. Pero esta vez con la seguridad de que nos volvíamos a ver muy pronto (¡Navidades!). El resto del día fue agotadoramente largo. Pensaba que el aeropuerto de Bergen estaba más lejos y llegué hiper pronto. La manera más fácil desde donde estaba yo fue coger el tranvía sin pagar desde Fantoft hasta Lagunen y de ahí el Flybussen al aeropuerto, que me costó unas 120 NOK (13€) y no tardó ni 20 minutos. Allí estuve esperando un buen rato, el vuelo a Copenhague que debía tardar 1h30mins, tardó una hora, así que estuve esperando una hora más en el aeropuerto de Copenhague muerta del asco. Y luego ya el de Madrid que iba medio vacío se retraso 40 minutos, pero una vez ya volando. Llegué a casa agotada y con la cabeza como un bombo.

Se me ha hecho tan corto el viaje, pero me ha hecho muchísima ilusión ir, y ver de cerca como es su vida ahí. Además me ha dejado con las ganas de volver a Noruega para poder ver bien los fiordos, glaciares y montañas espectaculares.  Es que es todo tan bonito que ❤

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Muchos besos a todos, sobre todo a Pilar por acogerme estos días y darme todo tu amor ¡Nos vemos muy, muy pronto!